«Kissinger dijo que la mejor comida de su vida fue en O Grove»

Sanmartín era jefe de recepción del Gran Hotel cuando en este rincón arousano se reunió el Club Bilderberg

«A Toxa era ideal para esta reunión» Venancio Sanmartín era jefe de recepción del Gran Hotel cuando en este rincón arousano se reunieron en 1989 quienes movían los hilos del mundo: de Kissinger a Rockefeller, el conocido Club Bildergberg.

o grove / la voz

Vivencio Sanmartín es un hombre discreto. Tiene esa sonrisa de «¡si yo te contara!» que tanto le gusta a quienes aman las buenas historias. Vivencio, 78 años, feliz jubilado con la agenda llena de cosas que hacer, aprendió que el silencio vale mucho durante el tiempo que pasó en el Gran Hotel de la isla de A Toxa. Empezó a trabajar allí como aprendiz de oficina. Tenía 15 años. «Mi primera nómina, que aún tengo guardada, fue de 550 pesetas, el equivalente a 3,30 euros», recuerda.

Pero en mayo de 1989, Vivencio Sanmartín ya no era un niño. Ni tampoco era aprendiz. Su trabajo diligente le había permitido escalar puestos y convertirse en jefe de recepción de un hotel en el que se reunieron, mediado el mes, las personalidades más influyentes del mundo entero. Y es que en el Palacio de Congresos de A Toxa se celebraba la conferencia anual del grupo Bilderberg.

«Era la primera vez que se reunían en España. Estaban los reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, que eran los anfitriones», recuerda Vivencio. Luego desgrana una nómina de nombres en la que brilla el de Beatriz de Holanda y el príncipe Claus, el de Kissinger, el de Rockefeller Senior y David Rockefeller Junior... Y así hasta completar más de un centenar de casillas con «magnates en el sentido más amplio y popular de la palabra», según decía, entonces, La Voz de Galicia.

«Tenían un trato agradable, muy educado, se comportaban con toda normalidad, como unos clientes más», recuerda el jefe de recepción del hotel. «Creo recordar -dice con esa prudencia que le caracteriza- que a las dos parejas reales las habíamos instalado en unas suites muy próximas», unas habitaciones que habían sido reformadas para la ocasión. Eran la 223 y la 226. Rockefeller estaba en la 208, «si no me equivoco». Y no debe de equivocarse, no: este hombre parece capaz de recordar tras qué puerta descansó todo aquel que visitó el Gran Hotel durante sus años de esplendor.

Vivencio sabe que, entre el 12 y el 14 de mayo de 1989, en A Toxa, las personas más poderosas del mundo abordaban los «grandes asuntos mundiales». «Las reuniones eran secretas», cuenta. No sintió una especial curiosidad por lo que sus ilustres huéspedes pudiesen hablar durante sus encuentros de trabajo. «En aquella época, en la isla se celebraban muchos congresos de alto nivel: estábamos acostumbrados a recibir a personalidades de todo tipo», dice el jefe de recepción de A Toxa. Así que los integrantes del Bilderberg, pese a todo el boato que los rodeaba, pese a sus nombres que sonaban a dinero y a éxito, eran observados por Vivencio Sanmartín como «unos clientes a los que había que tratar magníficamente, como a todos».

En todo caso, aquellos días la isla grovense estuvo tomada por las fuerzas de seguridad. «Yo creo que A Toxa era un sitio ideal para la reunión. Al fin y al cabo es una isla, y es más sencillo protegerla», explica Vivencio. Además de decidir por dónde debería caminar el mundo, los hombres y mujeres del Bilderberg aprovecharon su estancia gallega para disfrutar. Doña Sofía pidió que dejasen descorridas las cortinas de su habitación para ver el paisaje azul de la ría. Beatriz de Holanda deslumbró a los grovenses cuando entró a tomar algo en el bar Padín. Rockefeller Senior aprovechó bien las virtudes del balneario y jugó al golf en el campo de la isla. Y David Rockefeller Junior alborotaba el entorno al dejarse ver corriendo por la isla con el torso desnudo y pantalón de deportes. «Kissinger, por ejemplo, como sabía que en O Grove se comía muy bien, se fue al Crisol. Dijo que fue la mejor comida de su vida», recuerda Vivencio. Y vuelve a sonreír. ¿Qué historia se le habrá venido ahora a la cabeza?.

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