De O Grove a Tailandia e India para buscar tesoros

Viaja a países asiáticos para importar piezas de artesanía que incorpora al negocio que comparte con su mujer


o grove / LA VOZ

Es de plata y tiene cabeza de dragón. Una cabeza que muerde el cierre, y que hace de la pulsera que José Antonio Garrido muestra una pieza diferente. Podría tratarse de un simple elemento decorativo, pero lo que esconde esta figura dice mucho de la historia de nuestro entrevistado: los dragones forman parte de la mitología de Tailandia y es de este país de donde José trae buena parte de los tesoros que comercializa en su tienda de O Grove y en las ferias de artesanía como la que invade estos días la plaza del Teucro, Pontevedra, de una amplia variedad de productos. Hay muchos importados desde Tailandia que llaman la atención, pero esta pulsera refleja la esencia de su trabajo: Es fácil imaginarse a José observando a dragones como el que rodea el templo de Wat Samphran, al tiempo que escoge las piezas que más le gustan para comercializarlas en su tierra. «Es parte ocio y parte trabajo». Habla de los viajes que realiza a Tailandia y e India para nutrir su tienda de piezas diferentes y muy vinculadas con el lugar del que proceden.

Pasear por su tienda es descubrir culturas: No es la pulsera mencionada la única que nos transporta a Tailandia, también hay otras pulseras y anillos que emulan la estética de los collares de las mujeres jirafas. Formas y coloridos se suman a tradición para dar forma a diferentes piezas elaboradas con plata. También trabaja con piedras preciosas como las turquesas, rubíes indios, cornalinas y piedras de la luna, entre otras. «Son minoritarios, pero también trabajamos con complementos como los pañuelos y los bolsos», explica José. La filosofía es la misma: aprovechar los viajes para conseguir productos diferentes.

La frecuencia de los viajes varía en función de las necesidad de piezas que tengan. «Hubo temporadas en las que viajábamos dos veces al año, pero ahora lo hacemos solo una», explica. Habla en plural porque el proyecto es compartido: su mujer, María Peña, se encarga estos días de la tienda de O Grove. Mientras, José está en Pontevedra. Juntos volverán a emprender un nuevo viaje antes del verano. Tailandia e India acostumbran a ser sus destinos favoritos, pero también han indagado por los talleres de artesanía de Nepal y, cambiando de continente, en Marruecos. Les gusta conocer mundo, pero es difícil desvincularse de unos lugares que les cautivan y en los que cuentan ya con fiables proveedores. «En India, en la zona de Rajastán, hay muchos productos artesanos», indica José. Unos productos que diferencia fácilmente de los elaborados en Tailandia: «Están hechos artesanalmente, se percibe en el pulido de sus piezas. Es impresionante ver como trabajan ya desde muy pequeños. En Tailandia, sin embargo, están más industrializados».

Los comienzos

Aunque José pasa estos días a medio camino entre O Grove y Pontevedra, su proyecto y el de su mujer, al que el nombre, Outras latitudes, le encaja como anillo al dedo comenzó en Ibiza. Allí estaban ambos dedicándose a otros menesteres: José trabajaba en el sector de la hostelería y María era la encargada de una tienda. Unos trabajos a los que renunciaron cuando vieron la posibilidad de un futuro que les llenaba más. «Entramos en contacto con mucha gente que viajaba y nos pareció que era una buena forma de ganarnos la vida», relata José. Y, así fue. No tardaron en preparar las maletas y alternar Ibiza con otras partes del mundo. Las paradas en Tailandia e India dejaron de ser paradas para convertirse en estancias de hasta un mes y medio. Con el tiempo, se mudaron de Ibiza a O Grove para seguir desde su tierra con Outras latitudes. Fue el comienzo de una nueva etapa.

Ya de vuelta a tierra meca, inauguraron una tienda que solo abría en temporada: hasta que concluía la Festa do Marisco. Con el paso del tiempo, cambiaron a la que están ahora durante todo el año, en calle da Praza. Lo que no cambiaron fueron los viajes y su apuesta por montar ellos mismos parte de los collares, pulseras y anillos que venden. Juegan así con la plata, piedras preciosas y abalorios para completar una oferta de piezas que tengan un toque diferente. Especial. «También hacemos diseños que luego enviamos a elaborar», explica. A todo esto continúan. Aunque «todo está más masificado ahora», José y su mujer siguen trabajando para que su negocio se identifique con su nombre y con el anagrama que lo representa: la rosa de los vientos.

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