Teatro contra la violencia a través del lenguaje en O Grove

El grupo Xiralúas y la artista Alba Blanco llevaron a la localidad meca el programa Violencia Zero


o grove / la voz

Dar visibilidad al trato discriminatorio que sufre el colectivo femenino en los diferentes ámbitos es el objetivo con el que la Diputación puso en marcha el programa Mulleres en Acción. Violencia Zero. Un programa que buscar «facer unha denuncia continuada con accións que espertan conciencias», explicó ayer la presidenta de la entidad provincial, Carmela Silva. La dirigente fue espectadora de la actuación que el grupo meco Xiralúas y la artista Alba Blanco realizaron en la Sala das Cunchas.

Silva fue la encargada de explicar en qué consiste este programa. «Se trata de indignarnos colectivamente, de reflexionar xuntos, de facer un berro alto e claro de denuncia e de indignación social», añadió. Explicó que la violencia física «retama en asasinatos que temos que denunciar. Porque eses asasinatos terribles se producen por ser muller». En su opinión, frente a esa situación no sirven los minutos de silencio, porque «non podemos estar en silencio». Es por ello que la entidad provincial apostó por una iniciativa que, en colaboración con mujeres artistas, «facemos unha denuncia constante con accións que espertan as conciencias e que poñen os pelos de punta», argumentó.

La actuación de ayer estaba prevista para la plaza de O Corgo, pero las condiciones meteorológicas obligaron a trasladar el acto a la Sala das Cunchas del Concello, donde se congregó numeroso público. A todos ellos dio la bienvenida la concejala de Servizos Sociais, Noemí Outeda. «Estou compracida de ver que no público hai tamén moitos homes», añadió.

La representación

Fender a morada de Barbazul era el título de la actuación que la artista Alba Blanco interpretó, en colaboración con las integrantes del grupo de teatro Xiralúas, de O Grove. La representación quería ser una denuncia de la violencia que también existe a través del lenguaje. Para ello, las jóvenes mecas, vestidas con pasamontañas negros, leyeron reiteradamente una serie de clichés machistas. Cada una de ellas tenía una misión. Unas recitaban categorías profesionales en masculino y femenino, para dar cuenta de que también hay médicas, presidentas y profesoras. Otra reivindicaba el uso del femenino para referirse también a la colectividad. Y dos más recitaban sin parar refranes en los que el papel de la mujer era menospreciado por completo.

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