Muy poco espacio y menos orden para demasiados barcos

Embarcaciones de todo tipo se amontonan en los pantalanes, mientras los varaderos están llenos de aparejos


o grove / la voz

Grandes y pequeños. De pasaje y de pesca. Veleros y dornas. En el muelle de O Corgo es posible encontrar embarcaciones de todos los tamaños, de todos los tipos y hasta de todos los colores. Porque en el principal puerto de O Grove lo que sobra es actividad. Y lo que falta es espacio y, sobre todo, un poco de orden. Actualmente, los barcos se amontonan allí donde encuentran un hueco. Los más grandes atracan unos pegados a otros, mientras los pequeños lo hacen en los espacios sobrantes. La rada está llena de aparejos de todo tipo, pero también de turistas que se acercan a disfrutar de los barcos de paseo.

Hasta cuatro tipo de pantalanes diferentes se ubican en la dársena de agua que forma el muelle de O Corgo. Pero ni con ellos es suficiente para garantizar un hueco a la flota que opera en estas instalaciones. Los amarres ubicados en las inmediaciones del pabellón de deportes náuticos están todos ocupados. Y todavía hay embarcaciones que tienen que atracar en las piedras. También hay otras fondeadas. Este espacio todavía guarda un poco de orden, pues hay un pantalán para los barcos más pequeños y otro para los de mayor tamaño. Pero ahí remata todo. A medida que nos acercamos a la zona de la estación de autobuses, el caos se va incrementando.

La rampa de varada, que ha sido reparada por Portos recientemente después de que los marineros exigiesen su mejora en reiteradas ocasiones, está llena de pequeños barcos que sirven para que los marineros se reúnan a su alrededor a charlar. Porque O Corgo es también punto de encuentro, un espacio en el que uno puede, fácilmente, encontrar conversación.

Los turistas

La rampa da paso a un nuevo pantalán, en este caso, al que acoge a los barcos de pasaje que operan en la localidad. Son estos los únicos que parecen tener un sitio definido en el muelle. Un espacio con amplias pasarelas para que los turistas puedan subirse y pasear sin problemas. Pero el caos que parece imperar en todo el puerto roza también este entorno y, a escasos metros, encontramos de nuevo aparejos de pesca en el muelle y más barcos amarrados en los alrededores.

Seguimos el paseo en dirección a la lonja y los pantalanes desaparecen. Pero no los barcos. Es aquí donde se produce el mayor caos. Donde pequeños y grandes conviven obligatoriamente. Porque es preciso compartir amarres, atracar unos al lado de los otros. Eso implica molestar al vecino o, en ocasiones, dejarlo sin poder salir. Porque, como no hay plazas para todos, las que hay se comparten.

Lo mismo sucede en el muelle. Decenas de aparejos de todo tipo se suceden todo a lo largo. Hay nasas y redes y hasta marineros trabajando en ellos. Forman una barrera protectora que no deja a la gente acercarse al mar. El margen derecho vivió tiempos mejores. Porque alguien tuvo una vez la idea de decorar el feo muro de hormigón con coloridos dibujos. Fue hace tiempo y, de ellos, solo quedan los restos.

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