La chica que busca un final feliz para un viejo hotel

El Gavia, en O Grove, cierra sus puertas convertido en un espacio para artesanos y productos de segunda mano


o grove / la voz

El Gavia es un hotel. Situado en la céntrica avenida Teniente Domínguez de O Grove, cuenta con unas vistas privilegiadas sobre la ensenada de A Toxa. Pero la crisis se ocupó de que este negocio ya no fuera rentable. Así que sus propietarios decidieron, hace algún tiempo, cerrar sus puertas. Claro que no contaban con que su hija, Graciela Castro, tuviera otros planes: darle un final feliz a un negocio que para su familia había sido importante. Así que ha usado toda su experiencia en organización de eventos para convertir este edificio en un pequeño centro comercial. Cada habitación esconde un secreto: un producto de segunda mano, la obra de un artista o una actuación en directo. Y todo, absolutamente todo, se vende. Desde las cortinas y edredones que un día decoraron las habitaciones, hasta el material de cocina. Este particular centro comercial estará abierto todos los fines de semana de diciembre. «Te puedes comprar un montón de cosas desde un euro. No hay excusa para dejar a nadie sin regalos», explica Graciela.

Esta grovense siguió la tradición familiar y estudió gestión de empresas hoteleras en el Centro Superior de Hostelería de Galicia. Trabajó en Factoría Compostela, una galería de arte en Santiago donde era jefa de sala y coordinadora de eventos. Y ahí «descubrí mi pasión por organizar eventos, pero siempre relacionados con el arte». De ahí nació Onyvagastronomic, «con el fin de organizar cosas lo más originales posibles que tuviesen una esencia distinta y fresca», explica. Cuando la crisis llegó se fue a Londres, «por un año y me quedé tres». Dudaba de si volver o quedarse en la capital inglesa y «me llamaron para ocuparme de un restaurante». La decisión no fue fácil, «tenía el corazón dividido». Pero al final decidió regresar y «eso me ayudó a valorar lo que tengo aquí. La calidad de vida de aquí no se parece en nada a la de Londres», relata.

Así que tras acabar la temporada alta, como buena grovense y hostelera que es, se tomó un descanso. Y decidió echarle una mano a sus padres, en el cierre del hotel. «Esto empezó como un mercadillo de segunda mano», explica. Liquidar todo lo que alguna vez había dado vida a ese edificio era el objetivo. «Pero me empezaron a escribir creadores de todas partes y me lie la manta a la cabeza».

Tercer fin de semana

Este es ya el tercer fin de semana que este «espacio efímero» lleno de «habitaciones en las que pasan cosas» está abierto al público. Y la idea funciona. «Hay gente que ha venido siempre desde el primer mercadillo», cuenta. Y que volverá a repetir. Porque lo cierto es Graciela ha conseguido llenar de vida este viejo edificio. Todo se vende, así que todo tiene el precio. Desde las sillas de la cafetería, hasta las grandes ollas de la cocina. Y «a medida que vas subiendo, te vas encontrando cosas», añade.

Los objetos de segunda mano son los protagonistas en las antiguas habitaciones del primer piso. Belén ocupa una de estas habitaciones, «tiene pasión por la ropa y tuvo una tienda, así que aquí ofrece cosas de segunda mano y Outlet», añade Graciela. Otra habitación guarda todo el mobiliario del hotel, desde las mesillas de noche o los cabeceros, hasta las antiguas televisiones. «En este tenemos la ropa de cama, las cortinas.. Muchas de las habitaciones las decoró mi madre, quería ser diseñadora», relata. Aquí vemos de donde le viene su pasión por el arte. «Mi padre cantaba y escribía y mi madre siempre quiso ser diseñadora. Yo soy una artista frustrada, porque no pinto, ni saco fotos... Pero tengo ideas», bromea.

El paseo sigue «por la habitación del alquimista. Martín es un instructor de yoga y pilates que hace perfumes personalizados», añade. Y llega al segundo piso, «el de los artistas». Aquí se puede encontrar desde el Outlet de una floristería que cierra, hasta una curtiduría, con pulseras y bolsos. «Xan trabaja el cuero y es percusionista así que el fin de semana va a dar un taller de músicas del mundo», cuenta. Cristina es la artista «La Florinda» que da vida a viejos muebles castellanos y denuncia el maltrato animal o lo poco que cuidamos el medio ambiente a través de sus láminas. Hay ilustraciones de Sole Rey y los espectaculares muebles y lámparas de Tres Tristes Trastos. «El fin de semana vendrá también una chica que hace gorros y pulseras y los de En Algún Lugarcito, que hacen muebles con palés. El siguiente también habrá sesiones de microteatro...». Y la lista no remata. Porque lo que le sobra ahora a este viejo hotel es vida. Tanta, que Graciela ya está pensando en especializarse en la materia. En buscar finales felices para negocios que se acaban.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
12 votos
Comentarios

La chica que busca un final feliz para un viejo hotel