«No soy una persona triste en un bar oscuro»

El ferrolano defiende que los cantautores pueden hacer botar al público, uno de sus propósitos para el concierto en O Grove


Vilagarcía / La Voz

A pesar de que le gustan las fiestas gastronómicas gallegas, será la primera vez de Andrés Suárez en la Festa do Marisco de O Grove. «Es una espinita que tengo clavada», cuenta sobre su aterrizaje esta noche en la zona de conciertos del recinto, situado muy cerca del que llama su segundo hogar en Galicia: El Náutico de San Vicente. «Cuando me lo propusieron tuve la certeza de que será uno de los conciertos más geniales de la gira», señala.

-¿Qué le espera al público?

-Venimos de dos conciertos en Canarias y lo que estoy tratando es de celebrar una fiesta. Está siendo una de las giras más exitosas de toda mi vida y lo que pretendo es que la gente se lo pase muy bien, que haya un buen rollo brutal, de ahí también que me acompañe la banda. Estoy acostumbrado a tocar guitarra o piano y voz, algo más íntimo, pero en este concierto pretendo acabar con la guitarra eléctrica. Quiero que sea un festival, mucha energía e, incluso, tocar algo de rock and roll.

-¿Es compatible un cantautor y un público saltando?

-Hoy en día es eso. Hace años, hubo compañeros de profesión que llegaron a decirme que era malo decir que eres cantautor porque se asociaba a un tío muy aburrido y melancólico. A mi me jodió un montón. Hay gente, como Víctor Manuel, Serrat, Aute o Sabina, que se la ha jugado por el camino y ha dejado un legado increíble. Vas a México o a Cuba y son verdaderos dioses. Para mí, un cantautor es un tío que hace música y letra. Creo que es un honor decir que soy cantautor y amo, igualmente, el rock o el blues. No soy una persona triste en un bar oscuro, creo que puedo hacer reír. Es necesario un poco de amplitud; puedes ir al concierto de un cantautor y terminar sudando del subidón, de los botes y de la energía.

-¿Cuándo comenzó tu pasión por la música?

-Soy un resumen da la música que escuché en el coche de mi padre, que me ponía desde Juan Luís Guerra hasta hip hop o heavy metal. Mi abuelo y mi madre cantaban; en casa la raíz musical siempre fue muy fuerte. Me motivó y me despertó.

-¿Qué evolución notas desde tu primer disco, «De ida»?

- Mi música evoluciona conmigo. Una noche, el maestro Javier Krahe me dijo que él lo que cantaba era imaginario. En mi caso es justo lo contrario, todo lo que canto sucedió, no tengo tanta imaginación para crearme una historia. Lo que canto, entonces, son mis vivencias.

-¿Sacas, así, la inspiración de cualquier parte?

-Si. En todo hay canción. En una amistad o en una conversación con alguien tomando un café. Todo lo que nos rodea hoy en día deriva en una letra. En O Grove, voy a encontrarme con mis padres, con viejos amigos, significa volver a Galicia... de ahí ya puede salir una letra. Simplemente, me dejo llevar.

-En tantos años, imagino que es inevitable encontrarse con algún momento de «sequía»...

-Fue horrible, la mayor ansiedad de toda mi vida. A los dos días de terminar la gira de Moraime, que duró casi tres años viajando por muchos países, me puse a grabar Mi pequeña historia. Empecé a componer pero no fui capaz de escribir nada coherente en dos o tres meses. Me quedé mudo, pensé que no volvería a hacer otra canción. Con el tiempo entendí que fue un agotamiento y que hay que descansar.

-Hablas mucho de desamor...

-Creo que las canciones circulan mejor en el desamor y en la melancolía. Trato también, cada día más, de escribir a la luz, porque con amor y con humor todo se lleva mejor.

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