Inundación imparable bajo las carpas de O Corgo

El alcalde asegura que es el mejor inicio que recuerda

r.e.
o grove / la voz

Fue como si un dique se abriera y sobre O Grove cayeran, de repente, cientos de visitantes. La inauguración del recinto de la Festa do Marisco llenó ayer O Corgo hasta la bandera. Es, dice el alcalde José Cacabelos (PSOE), el mejor inicio de fiesta que recuerda. Y esa misma sensación tiene Graciela Blanco, que desde la tienda de souvenirs no da crédito a la multitud de visitantes que pululan por todos lados. Y es que, sí, están por todos lados. Muchos, dando buena cuenta del marisco, que por él han venido hasta O Grove. Edurne Molina e Iván García han viajado desde Zaragoza para disfrutar de la celebración meca. Él ya había estado hace diez años y tenía ganas de volver. Este 2016 ha tocado cumplir el capricho. Tras el bautizo de ayer en las carpas, hoy toca dar un paseo por la ría en catamarán. Desde bastante más lejos han llegado Jan, John y cuatro amigos más. Vienen de Nueva Zelanda. Les encanta la fiesta, dicen, por el ambiente, por el producto, y porque la carta está en inglés. «Un lujo», comentan. A ellos los dejamos dando buena cuenta de raciones de rodaballo, vieiras al horno, mejillones tigre y croquetas de marisco. Todo excelente, aseguran.

Como el pulpo. Este sigue siendo uno de los productos estrella de la fiesta, tanto que el puesto en el que se servía tuvo que hacer acopio de materia prima antes de lo previsto: los visitantes traían hambre de cefalópodo. Y de zamburiñas. De este delicado marisco fue la primera tapa que se sirvió en esta edición de la Festa do Marisco. Fue a las 18.54 horas, unos minutos antes de lo previsto, y se despacharon platos de ese producto a una velocidad de una por minuto.

No es de extrañar que los responsables de la fiesta estén encantados con el bautizo. El Concello pretendía dar a este un toque diferente, con un acto oficial acompañado por un grupo de artistas haciendo un grafiti. Finalmente, por necesidades de los artistas ávidos de luz, fue necesario adelantar el trabajo, y para las nueve de la noche, hora en la que se daba oficialmente el pistoletazo de salida a la fiesta, la obra ya estaba completada. Es más, se había convertido en un photocall ante el que se detenían, entusiasmadas, decenas de personas.

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