El criador de las aves más bellas del mundo

Rafael y Robin tienen en su casa de O Grove más de trescientos pájaros, entre ellos, varios campeones

Rafael Prol y Robin Prol posan con los cuatro canarios que ganaron el campeonato del mundo.
Rafael Prol y Robin Prol posan con los cuatro canarios que ganaron el campeonato del mundo.

o grove / la voz

Los pájaros más bonitos del mundo son mecos. Han nacido y se han criado en O Grove. Y son obra de Rafael Prol y de su hijo, Robin Prol. Ellos son los que han seleccionado a los dos canarios que han dado origen a esta camada formada por cuatro aves, siguiendo criterios estéticos, y han sacado adelante a los animalillos desde que eran solo un huevo. Porque lo suyo es, desde hace muchos años, criar aves. Elegir a los mejores ejemplares, emparejarlos y obtener pájaros de concurso. Ejemplares perfectos en cuanto al color, el tamaño, el movimiento y hasta la pose. Estos dos grovenses llevan años triunfando en concursos de toda España y la casualidad quiso que este año decidieran presentarse al certamen mundial, que se celebró en Matosinhos. De allí han vuelto con el título de campeón del mundo.

Es difícil calcular cuántos pájaros hay en casa de Rafael y Robin. «Tendremos alrededor de trescientos», explica el primero de ellos. Desde hace unos años está jubilado y compagina su reciente incorporación a la política -es concejal del PP en O Grove- con su afición de toda la vida: la ornitología. «Tenía un vecino al que le gustaban los pájaros y cogíamos jilgueros de campo y los cuidábamos en cautividad», relata. Así empezó. Ahora, parte del jardín de su casa de O Grove es un galpón en el que viven más de trescientas aves de especies diferentes. Su pasión la comparte su hijo Robin, estudiante de Económicas. «Desde pequeñito me ayuda con esto», explica su padre. Y los dos forman parte también de la directiva de la agrupación ornitológica de O Grove, que todos los años organiza uno de los concursos más famosos de la comunidad gallega.

La Ley de Mendel

Cuidar de trescientos pájaros no parece tarea sencilla. «Hay épocas del año de más trabajo», explica Rafael. Por ejemplo, a partir de febrero o marzo, que empieza la época de cría. «Hay días que nos pasamos embuchando con una jeringuilla una papilla a las setenta crías para sacarlas adelante», añade. Una tarea que tendrán que volver a hacer en breve. Porque la mayoría de los pájaros están ahora separados: los machos a un lado, las hembras a otro. En cuanto llegue el momento de criar, se colocarán por parejas en las jaulas. Pero no vayan a pensar que la selección de los futuros papás se realiza al azar. Aquí se tiene en cuenta la Ley de Mendel, el que juntaba guisantes amarillos y verdes, hasta en el más mínimo detalle. «Cada especie tiene sus características», explica Rafael. Se tiene en cuenta el color, la pose, la colocación de las plumas y hasta si al animal se le ven o no los muslos. Y en función de eso se selecciona a los mejores ejemplares. «Si en uno se valora que tengan las plumas de una determinada manera, elegimos a una hembra que tenga plumas y a un macho que tenga menos, para compensar». Y así se cría a un campeón.

Un criador normal suele hacer entre treinta y cuarenta parejas. Pero a los Prol le gusta hacer las cosas a lo grande. Así que este año harán unas noventa parejas. Y eso sí que implica una cantidad ingente de trabajo, pues de cada una pueden salir entre tres y cinco huevos. Porque, al nacer, a cada ave hay que colocarle una anilla en la pata. Ese será su carné de identidad durante toda su vida. Pero es que, a mayores, hay que estar pendiente de los polluelos. «A veces tenemos que quitarles los huevos para metérselos a otra pareja porque, como en todo, hay mamás y papás que son buenos y otros que son malos. Eso quiere decir que son muy vagos para darles de comer y que las crías no salen adelante», sostiene Rafael.

Cuando se crían trescientos pájaros, «la limpieza resulta fundamental», añade este grovense. Y la verdad es que sus jaulas y sus animales están en perfecto estado de revista. Incluso parece que las aves se han peinado a propósito para salir en la foto. Pero es que cuentan incluso con una pequeña piscina que se coloca anexa a las jaulas para que se bañen. La alimentación también es primordial. «Les doy naranja, manzana, brécol y verduras. Hasta pepinillo», cuenta. También, «concha de jibia, para el calcio».

De toda Europa

Todos los años trata de incorporar nuevos ejemplares a su colección para seguir mejorando la especie. Tiene aves que han llegado de toda Europa, desde Bélgica e Italia hasta Suiza e Irlanda. Y no son precisamente baratas. Algunos de los ejemplares que viven en sus jaulas cuestan hasta seiscientos euros, dependiendo de la especie. Cuando se convierten en campeones del mundo, claro está, se revalorizan. «Conozco a una persona a la que le quisieron pagar 1.800 euros por un campeón», relata. Por sus cuatro ganadores ya ha recibido varias ofertas. «Llamaron para interesarse por ellos, pero no los voy a vender», sostiene. Porque estos ganadores se convertirán pronto en papás. Participarán en el proceso de cría para tratar de conseguir unos ejemplares todavía mejores. Sus descendientes están llamados a ser campeones.

Empezó en esto de pequeño, cogiendo jilgueros de campo para criarlos en cautividad. Hoy tiene más de trescientos ejemplares de aves.

La afición le viene de su padre, a quien ayuda desde pequeño con los pájaros. Los canarios que triunfaron en Matosinhos son suyos.

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