El cuaderno de Pepe O Chapelo

En la taberna de José Antonio Aguín, donde se celebró la primera Festa do Marisco, se podía pagar con o sin: Con lápiz, a los que fiaba, o sin él, para los del efectivo


o grove / la voz

Hubo un tiempo en que en O Grove se veían langostas de doce kilos. Una época en la que, un día al año, el marisco se regalaba en pequeñas bolsas cuando uno accedía al municipio. Entonces, la hoy famosa Festa do Marisco la organizaban los propios vecinos y se celebraba en las inmediaciones de Casa Chapelo, un local regentado por José Antonio Aguín, más conocido como Pepe «O Chapelo». Cuentan en el Concello que él fue uno de los impulsores de este certamen, pero también uno de los vecinos más queridos de la localidad. No es de extrañar. Hizo famoso el «¿con ou sin?». Con significaba con lápiz, para apuntar la deuda en su cuaderno. Sin era en efectivo. Y reconocen los grovenses que estas eran las menos. O Grove saldó esta semana la deuda que mantenía con este insigne meco, organizándole un homenaje durante esa fiesta que él vio y ayudó a nacer.

«Era una persona muy caritativa». Quien habla es Antonio Bea, más conocido como Biturro. Él estuvo en aquella primera fiesta del marisco, ayudando a su amigo Chapelo. «Yo pinté el primer cartel. Fue maravilloso. Había una arboleda y los carteles míos se colgaban en los árboles. Se comía gratis», recuerda. Pero no es por su faceta de promotor de la fiesta por lo que más recuerda a Chapelo. Este empresario y visionario grovense fue quien lo aupó y lo ayudó en su carrera como boxeador. Como a tantos otros. «Foi un simple taberneiro e un dos veciños que máis axudou aos mariñeiros», recuerdan desde el Concello.

Taberna y efectos navales

La taberna era también una tienda de efectos navales. Allí se repartía el quiñón y se quedaba a primera hora para tomar el aguardiente con jerez antes de ir al mar. Era famoso su cuaderno, en el que anotaba todas las deudas, «tocaballe máis anotar que cobrar, pero nunca reclamou nada, todo o contrario», añaden en el gobierno local. Antes de tabernero, Chapelo fue emigrante y trabajó durante años repartiendo el correo en Nueva York. De regreso a O Grove hizo campeón a Biturro, pero también abrió su taberna, en la que alquilaba bicicletas, siendo pionero de un servicio del que hoy presumen algunos concellos.

Como no podía ser de otra forma, Chapelo se encontraba también entre aquellos promotores de la Festa do Marisco. Fue un 6 de octubre de 1963 cuando marineros y restauradores de la localidad se pusieron de acuerdo para sacar adelante un certamen con el que querían dar a conocer sus productos. La primera fiesta duró una mañana de domingo. Y los grandes protagonistas de la jornada fueron los lotes de marisco vivo que se pusieron a exposición. Aquel primer certamen fueron poco más que cuatro mesas en las que se podían probar los mejillones, el pulpo y hasta nécoras. No había que pagar. Todo era gratis. Incluso en las entradas de la localidad se ponía a las jóvenes a repartir bolsas con mejillones y una nécora. Almudena fue una de aquellas niñas. «Deixamos de facelo porque a xente tiraba os mexillóns e marchaba coas nécoras», recuerda. Poco a poco la fiesta fue creciendo. Solo unos años después, «facíanse uns stands que parecían unhas bateas», añade. Fueron también los años de las exposiciones de marisco en vivo, que tanto echan de menos algunos vecinos. «Conseguíanse os mariscos más espectaculares. Había langostas de doce quilos. Vieiras e ostras dun tamaño que hoxe non se ven», recuerda un vecino de la localidad. Todo, en las inmediaciones de la taberna de Chapelo. Esa en la que uno podía entrar sin dinero y pasar a formar parte de su famoso cuaderno.

Chapelo fue emigrante y repartió el correo por las calles de Nueva York

En las primeras fiestas, se repartían bolsas de marisco a la entrada

festa do marisco

Un homenaje para todos los grovenses anónimos que durante años montaron la fiesta

O Grove tenía una deuda pendiente con Chapelo. Lo reconoció esta misma semana el alcalde, Jose Cacabelos. «Estamos saldando a débeda cun persoeiro fundamental da nosa historia», reconoció durante el homenaje. Porque Chapelo se merecía el cariño de sus vecinos por mucho más que por su contribución a la fiesta meca. Pero hay quien echa de menos que también se recuerde, en alguna ocasión, la figura de todos los vecinos y empresarios que durante los primeros años sacaron adelante el Marisco.

«Durante dez ou vinte anos ninguén cobraba por organizar a festa e todos colaborabamos. Os conserveiros cocían o mexillón que se daba gratis e os mariñeiros traían o mellor marisco que tiñan», recuerda Almudena. «Ninguén fixo máis por promocionar a festa que Isidoro Calleja. Tiña unha cetárea e conseguía sempre os mariscos máis espectaculares. Só se vían cando el participaba», recuerda otro vecino. Como él, fueron muchos los que se dejaron la piel por convertir al municipio en lugar de referencia gastronómica. «Porque os homes comúns tamén poden ser extraordinarios e tamén poden facer historia». Las frase iba dirigida a Chapelo pero serviría también para todos los mecos que trabajaron por y para la Festa do Marisco.

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