Recuperar el valor de «la aldea», de la buena vecindad y de la cooperación a pequeña escala


Hay tres caminos para llegar a Fofán. Es esta una aldea de apenas doce casas en la que la mayoría de los vecinos, emigrantes retornados, hablan a la perfección alemán y holandés. Todos ellos asisten, curiosos y expectantes, a la explosión de cada nueva idea de Mónica, la vecina que tiene la huerta más bonita de toda la contorna. En ella, los caminos están cubiertos de grava blanca, y las verduras crecen en bancales regulares y ordenados. Hasta el invernadero, pequeñito, es lindo. Entre ese paisaje, tan rural como chic, se mueve una mujer que se niega a quitarse sus vestidos vintage y a bajarse de los tacones para recoger la fruta. «Esto es lo que hay», dice con esa sonrisa con la que derriba tópicos.

Ahora, a Mónica le ronda la idea de convencer a sus vecinos para plantar calabazas. Es una planta que no da mucho trabajo, y si la producción de pan sigue subiendo, falta hará aumentar la cosecha. También tiene previsto ceder una de sus fincas a Marcos Otero, un joven de O Grove que se dedica a la apicultura, para que coloque allí sus colmenas. Marcos, de As Colmenas do Meco, se encargará de mantenerle limpia la parcela y le regalará algunos botes de miel, «que también hace falta para el pan. Así es dinero que ahorro y además sé que el producto que estoy utilizando es cien por cien natural», razona Mónica.

Basta escucharla un rato para saber que Madeinfofan es un concepto que pasa por implicar a quienes están cerca, por tejer redes invisibles de colaboración y desarrollo. Esas relaciones bidireccionales son otra de las especialidades de esta mujer, que sueña con abrir su casa de Fofán a los visitantes. El plan es sencillo: que sus clientes visiten su hermosa huerta, que recojan ellos mismos la fruta y las hortalizas que más les seduzcan, y que compartan un rato de café y charla relajada antes de volverse a casa.

Para llegar hasta ese punto, la alma mater de Madeinfofan está trabajando ya en una página web que estará funcionando en breve. Porque, si hay algo que Mónica sabe bien, es que las buenas ideas no solo hay que tenerlas, no solo hay que trabajarlas: hay que defenderlas y hay que proyectarlas hacia el infinito.

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