Limpiar el monte para hacer miel

Un joven de O Grove adecenta parcelas en desuso cedidas por sus propietarios a cambio de instalar en ellas colmenas con las que aspira a poder ganarse la vida


o grove / la voz

Marcos Otero sabe bien lo que vale un tomate. Es jefe de cocina en un hotel y no le queda otra que estar al día de cómo se mueve el mercado de las hortalizas. Él, que es un enamorado del aire libre, de la tierra y de sus frutos, también es consciente del trabajo que cuesta cultivar estos productos. A Marcos, de hecho, le encantaría tener un huerto propio. «Pero consume moito tempo, e iso é algo que resulta incompatible co meu traballo», sentencia. Así que buscando y buscando algo que hacer a la intemperie, acabó descubriendo este joven de O Grove el mundo de las abejas. Han pasado cuatro años desde que se topó con una actividad que se ha convertido en una afición, sí, pero también en una promesa: Marcos Otero confía en que llegará un día en el que podrá vivir de la producción de miel, polen y cera.

Aún le queda mucho camino por recorrer. Pero ya está en marcha, cargado de optimismo, de energía y de soluciones originales a problemas que a otros les parecerían insalvables. El primer obstáculo le salió al paso en el mismo momento en el que decidió poner su primera colmena. «Eu non teño montes, os meus pais non teñen propiedades», explica. Para ese primer problema no tardó en encontrar solución: la comarca de O Salnés está llena de montes vacíos, de tierras en desuso en las que impera la ley de la maleza y del abandono. Parcelas que, en muchos casos, se han convertido en un tormento para quienes se sienten responsables de esas propiedades que heredaron un día y con las que no saben qué hacer.

Un planteamiento sencillo

Marcos ha ido contactando poco a poco con algunos de esos propietarios. Su oferta es sencilla: él se encarga de mantener limpio un terreno a cambio de poder instalar en él los habitáculos para sus panales. En estos momentos, Marcos tiene autorizados quince montes para instalar enjambres, tanto en O Salnés y como en otras localidades próximas: desde O Grove hasta Vilanova, desde Sanxenxo hasta Poio.

«Montes para traballar hai, o que non teño son colmenas suficientes para todos», señala. En estos momentos, dispone de unas ochenta, distribuidas en cinco abejares de O Grove, Sanxenxo y Meaño. Este año quiere dar un nuevo impulso al negocio y llegar hasta las 120 colmenas. «Calcúlase que para vivir disto fai falta ter sobre unhas catrocentas», señala. Él, de momento, se conforma con ir creciendo sin prisa pero sin pausa, midiendo cada paso, cada inversión. Porque el mundo de la apicultura es un mundo caro, en el que cada habitáculo cuesta entre 100 y 120 euros. «No tempo que levo con isto, todo o que vou sacando vouno invertindo de novo». Los beneficios ya llegarán.

Cuando se prepara para instalarse en un nuevo monte, Marcos sigue una rutina de trabajo. En primer lugar, comprueba con un veterinario oficial que el terreno cumpla los requisitos establecidos, empezando por las distancias de seguridad -400 metros de núcleo urbano y cien metros de casas aisladas-. Luego llega la hora de tirar de maquinaria y de limpiar a conciencia terrenos tomados por las silvas y los tojos. «É duro, pero a min gústame, resúltame satisfactorio». La operación desbrozadora salta a la vista en una de las parcelas en las que tiene un colmenar: una finca, situada muy cerca de la costa de O Grove, que está rodeada por los altos matorrales de los terrenos que la rodean. El camino hasta este rincón en el que zumban las abejas lo ha tenido que abrir él mismo: llevaba tanto tiempo abandonado que apenas quedaba rastro de él.

El abejar que aquí tiene es pequeño. Los más grandes los ha situado en zonas de monte en las que ha tenido que construir escalones en los que colocar sus colonias de abejas, y abrir caminos le faciliten el trabajo.

«É fundamental poder traballar con comodidade», dice este joven emprendedor del monte. Mientras cuida de sus abejas, en la cabeza de Marcos surgen muchas ideas sobre cómo se podría sacar mayor provecho al entorno que lo rodea. «Hai moitas posibilidades, é unha pena que non se aproveiten. Sería bo para o monte, para evitar incendios e para que moita xente tivera un traballo», dice este meco, que sueña con tener bajo los árboles su oficina.

La avispa asiática, los incendios y los ladrones, las preocupaciones del apicultor

Con sus 80 colmenas, Marcos contaba con producir este año unos 800 kilos de miel. Pero la apicultura no es una ciencia exacta. «O clima varía moito», y con él, las previsiones. Así que el grovense ha tenido que recomponer sus números para este año porque la cosecha se le ha quedado en la mitad.

Pero un apicultor no solo tiene que mirar al cielo para ver si llueve o hace sol. Los problemas se le plantean, también, a ras de suelo. Por un lado, los incendios, ese mal endémico del que nadie que viva del monte se puede considerar a salvo. Por el otro, los ladrones. Porque sí, existen cacos que se dedican a desmantelar colmenares enteros. Marcos ya ha sufrido su acción en carne propia, en un colmenar que tenía en Noalla y que se volatilizó de la noche a la mañana.

Pero últimamente el gran problema al que tienen que hacer frente los apicultores es a la dichosa avispa asiática, que ataca a las abejas y las devora. Para hacerle frente, este apicultor arousano elabora sus propias trampas. Y, como otros muchos en su gremio, echa en falta un poco de ayuda de la Administración «polo menos para mercar os líquidos» con los que hacerle frente.

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