La Xunta confía en la regeneración natural del monte en Armenteira

Técnicos de Lourizán examinaron la zona y no apreciaron daños en la cubierta orgánica

Dos vecinos de Meis rememoran los incendios de octubre Maria Virtudes y Enrique nos cuentan como vivieron aquella noche

meis / la voz

La huella que el fuego dejó en Armenteira el pasado mes de octubre todavía se puede distinguir perfectamente. Una invisible línea negra separa los terrenos que ardieron aquella noche de los que se consiguieron salvar. Y permite comprobar, tres meses después de aquella catástrofe, lo cerca que las llamas estuvieron de llevarse por delante buena parte de las viviendas de esta parroquia de Meis. Nadie ha pasado por allí desde entonces, aseguran los vecinos. Ni se han puesto en marcha planes de recuperación. Pero es que, aseguran desde la Xunta, los técnicos han determinado que los daños ocasionados por el fuego no fueron tan terribles. El monte «se recuperará de forma natural a través de la caída de las hojas», explican en Medio Rural.

Fue durante la ola de incendios del 2006 cuando el fuego afectó a esta zona por última vez. Y tampoco entonces nadie recuerda que se realizaran trabajos de recuperación. El problema es que el monte, en esta parroquia, está en manos privadas. Son pequeñas parcelas que pertenecen a los vecinos y que, en muchos casos, están abandonadas. De ahí que resulte complicado hacer actuaciones conjuntas que ayuden a prevenir el fuego o a paliar sus consecuencias.

Tras este nuevo ataque de las llamas, la Consellería do Medio Rural ha enviado a los terrenos afectados a los técnicos del Centro de Investigación Forestal de Lourizán. Ellos fueron los encargados de evaluar los daños que el fuego ocasionó en el suelo y en la vegetación. Su veredicto es claro: «se determinó que no hacía falta actuar en esa zona porque no hubo pérdida de la cubierta orgánica», explican en la consellería. El monte quemado se recuperará de forma natural, a través de la caída de hojas.

Intervención municipal

En el Concello de Meis, por su parte, explican que tienen pendiente convocar una reunión con todos los vecinos de las zonas afectadas por el fuego. «Queremos estudar o que pasou e ver que medidas tomar para que isto non se volva repetir», explica el alcalde, José Luis Pérez Estévez. Problemas de salud le han impedido convocar antes este encuentro. Pero está decidido a hacerlo porque considera que Concello y vecinos deben tomar las medidas necesarias para evitar que el fuego vuelva a amenazar, una vez más, estas viviendas. Ya ha habido demasiados incendios.

O Xaramelo y los estudiantes del colegio de Mosteiro, los primeros en ayudar

Fueron los integrantes de la asociación O Xaramelo los primeros en ofrecerse para ayudar a los propietarios de los terrenos afectados por el fuego. Desde esta entidad se organizó una charla, en la que participó la técnica forestal Carmela Leiro, «para darlle aos afectados unha directrices de como tiñan que facer para rexenerar o monte», explica Sandra Carballa, presidenta de la entidad. Al encuentro acudieron varios vecinos de la zona, pero no fue posible coordinar ningún tipo de actuación. «É todo privado e está dividido en mil anacos e foi moi difícil facer nada», añade. Ahora, el relevo lo han tomado los estudiantes del colegio de Mosteiro que, junto con el profesor Camilo Ojea, están dispuestos a subir a las zonas afectadas.

«Queremos facer unha visita para organizar unha exposición fotográfica na que falaremos das medidas de prevención e das consecuencias que o lume pode ter», explica el maestro. Ya se ha puesto en contacto con algunos vecinos de la zona, que le han contado cómo este terreno se ha ido degradando por los sucesivos incendios que sufrió.

«Ir al monte a cortar tu propia leña te cuesta dinero, más que comprarla»

 

m. a.

No es esta la primera vez que María Virtudes Ruiz y Enrique Martínez Pérez ven arder el monte que rodea sus casas en la ladera de Armenteira. Ni tampoco creen que será la última. «Polo menos nos últimos anos queimouse tres veces», explica el segundo de ellos. Alrededor de su finca todavía se puede apreciar lo cerca que el fuego estuvo de acabar con su vivienda. Porque detrás del verde de su huerta sobresalen los negros eucaliptos en los que se ve la huella del fuego. La misma que se aprecia desde la autovía, donde una enorme lengua de árboles marrones deja ver claramente qué zonas se quemaron en aquella fatídica noche de octubre.

A las puertas de la casa de Enrique se amontonan troncos de árboles quemados. «Tiven que ir sacar permiso para cortar a madeira. Contratei dous homes e un tractor para sacar uns paus, porque me da pena que se perdan», explica. Hubo un tiempo, añade, en que el monte era rentable. «Viñan os madeiristas e inda che daban algo polos árbores». Ahora eso no sucede. «Se alguén quixera mercala, eu vendía encantado», afirma con pena, señalando los árboles quemados que rodean su vivienda. La misma opinión comparte su vecina María Virtudes. Ella vive sola con su hija y ni siquiera se acuerda de dónde están las fincas que tiene en la ladera de Armenteira. «Ir al montea cortar tu propia leña te cuesta dinero, más que comprarla», relata. Así que no es de extrañar que muchos vecinos hayan abandonado sus fincas. «No tenemos maquinaria y nadie nos da ayudas», sostiene. Enrique añade que nada podría haber evitado el fuego que se registró en octubre. «Arredor da casa estaba limpo, so quedaba unha herba pequena, que estaba tan seca que ardeu por completo», sostiene. «Caían unas bolas así de grandes. Cuando salí de mi casa pensé que esta -la de Enrique- estaba ardiendo porque solo se veía un resplandor dorado», cuenta María Virtudes. Algo muy similar a lo que vivieron en el 2006. Tampoco entonces, después de la ola de fuegos, nadie vino a preocuparse ni por los montes y ni por su regeneración.

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