Armenteira ofrece una segunda vida a los perros rescatados del abandono y la muerte

El centro de acogida que la Diputación gestiona en Meis está registrando una media de tres adopciones de mascotas cada día


meis / la voz

Chini y Linda han visto cómo sus compañeros de fatigas, sobre todo de fatigas, han ido marchándose. Ahora solo quedan ellas y, aunque saben que pronto correrán una suerte muy parecida al resto de su grupo, aún no son conscientes de cómo les va cambiar la vida en cuestión de días. Chini y Linda son dos de los perros de los que se incautó la Guardia Civil el pasado 2 de junio. Estaban junto a tres cadáveres y seis canes más. En total eran cinco cachorros, siete adultos y los tres cuerpos sin vida. Su dueño, I.G.A., de 42 años, había dejado morir de desnutrición a algunos de ellos.

Los que sobrevivieron llamaron la atención de los agentes mientras deambulaban por los alrededores de la casa en la que vivían llenos de heridas sangrantes y en evidente estado de deterioro físico. Esas cicatrices se cerraron, pero las psicológicas, en su caso, duraron mucho más. Para siempre, de hecho, en algunos casos. Aunque ya estén prácticamente todos en sus nuevos hogares, y Chini y Linda solo a la espera de que los recojan sus dueños del Centro de Acogida y Protección de Animales (CAAN) de la Diputación (www.caan.depo.es).

En tres días, seis adopciones

Labra también acaba de irse de las instalaciones provinciales. Su responsable veterinario, José Luis Pedreira, se despidió de ella el pasado sábado. Era la última del grupo de nueve perros que fueron encontrados con vida en Ponte Caldelas el 15 de febrero. Otros dos no habían superado el maltrato al que los sometía su anterior propietario y habían muerto. Sus cuerpos seguían allí, junto a sus compañeros, inertes.

Pedreira no es capaz de agradecer con palabras el poco tiempo que todos ellos, las veintiuna víctimas de la insensibilidad humana en la provincia, tuvieron que pasar en el centro de Armenteira, en Meis. En cuanto salió la noticia decenas de personas acudieron allí preguntando por los animales. Entre el 24 y el 27 de julio -en cuanto se hizo publico el suceso- se adoptaron seis de los nueve canes de Ponte Caldelas, y entre el 6 y el 7 de julio, cuatro de los doce de Soutomaior. Algunos fueron gracias a la colaboración de diferentes protectoras. Los cachorros (que solo había en este último municipio) fueron los primeros en salir. Ocurre siempre y con todo tipo de animales. Los que son más grandes en tamaño y en edad normalmente tardan algo más. En este caso, ni siquiera les dio mucho tiempo. Tres meses después de anunciar su existencia, no queda ninguno de ellos sin una segunda oportunidad.

Casi todas ellas han tomado forma de familias. Saben que, en ocasiones, se llevan animales con problemas físicos y psíquicos, aunque en estos dos casos apenas les hayan quedado secuelas. Pero no les importa. Siguen entrando a preguntar primero por los perros maltratados. Y, si ninguno de ellos se ajusta a lo que necesitan, se llevan otro de la protectora que sí lo haga. Los adoptantes más jóvenes o con finca, prefieren perros grandes y activos; los mayores, canes más tranquilos. Y todos, todos ellos, dar y recibir cariño.

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