La sequía empieza a pasar factura en la zona de O Salnés

En Meis el concello ha tenido que rellenar depósitos vecinales en la parroquia de San Tomé de Nogueira


vilagarcía / la voz

Parecía imposible que, en el país de los mil ríos y la lluvia perenne, la sequía pudiese acabar convirtiéndose en un problema. Pero así es. La falta de precipitaciones está dibujando un panorama inédito también en la comarca de O Salnés. Para muestra, lo que está ocurriendo desde finales de la pasada semana en San Tomé de Nogueira (Meis), donde el Concello, con ayuda de la comunidad de montes, ha tenido que rellenar con camiones cisterna varios depósitos vecinales. O lo que lleva ya un tiempo ocurriendo en Meaño, donde el Concello está recibiendo un rosario de solicitudes de alta en el servicio de abastecimiento de aguas de casas a las que se les han secado -o casi- sus propios pozos.

Empecemos, primero, por Meis. Desde finales de la pasada semana, una veintena de propietarios de San Tomé de Nogueira, cuyas viviendas reciben agua de las traídas construidas por iniciativa vecinal, empezaron a notar que de los grifos manaba cada vez menos líquido. No tardaron en descubrir la razón: los pozos del Castrove de los que se nutrían estaban secos, por lo que a los depósitos de sus viviendas no llegaba suministro. En algunas viviendas pudieron paliar la situación tirando de sus pozos particulares. Otras, sin embargo, han tenido que pedir ayuda al Concello, que este lunes procedió a rellenar cinco depósitos, cada uno de unos 3.000 litros, con ayuda de un camión cisterna de los comuneros.

«Es increíble que en Galicia tengamos este problema», razonaba ayer el alcalde de Meis, José Luis Pérez Estévez. Una expresión similar utilizaba la regidora de Meaño, Lourdes Ucha. En este municipio, de momento, no ha sido necesario echar mano de cisternas, pero los efectos de la sequía sí se notan. «Estamos recibindo moitas solicitudes de enganches á rede de abastecemento». Son peticiones que llegan «non de casas novas, senón de casas que levan toda a vida aí, pero que ata agora collían a auga dos seus pozos». La falta de lluvias ha dejado a estos en una situación más que comprometida, y los vecinos buscan en el Concello un plan B.

 Localidades como Vilagarcía, O Grove, Vilanova o A Illa, igual que las del Baixo Ulla, no parecen estar experimentando, de momento, grandes problemas. Aún así, y por lo que pueda venir, algunos de estos concellos han recortado los riegos de zonas verdes y han pedido a los vecinos que utilicen el agua con mesura y responsabilidad. Ese mismo llamamiento se realiza desde Cambados, donde sí han notado en las últimas semanas problemas de presión en algunas zonas. También asoman estos en Barrantes, según informa el Concello.

En San Tomé de Nogueira «se ponen las lavadoras justas»

En San Tomé de Nogueira, los vecinos no recuerdan haberse quedado nunca sin agua. Una veintena de casas de esta parroquia de Meis se nutren de dos traídas construidas por los residentes de la parroquia. Una, hace tanto tiempo que parece que «siempre estuvo ahí». La segunda, para dar servicio a las viviendas que se han ido construyendo en los últimos años. Ambas se nutren de una serie de manantiales del Castrove de los que, debido a la falta de lluvias, no mana agua. «Y para que pase eso en O Castrove, ya se puede creer», comentaba ayer María José, una de las vecinas afectadas. Ella vive en una de las casas a las que el Concello ha tenido que suministrar agua con una cisterna. Son 3.000 litros que, «como no llueva, enseguida se acaban». Por eso, en su domicilio se mira con lupa el uso que se le da al líquido elemento. «Lo miramos todo. Lavadoras ponemos las justas, y para beber vamos a buscar agua a la fuente... A ver cuánto dura, porque parece que también se está secando». Como tiene familia que vive relativamente cerca, «aprovechamos y nos vamos a duchar a sus casas». Y estos últimos días, antes de que le rellenasen el depósito, para ir al baño tenían que llenar a golpe de cubo la cisterna del inodoro. «La verdad es que nunca pensamos vernos en esta situación», relata María José. Recuerda que tanto ella como sus vecinos comenzaron a notar la semana pasada que algo iba mal. Cuando fueron a comprobar sus depósitos, vieron que en ellos quedaban «ni dos dedos de agua». Sus peores temores se confirmaron cuando un grupo de vecinos subieron al monte para comprobar si había algún problema en los manantiales. Y claro que lo hay: están prácticamente secos. No son los únicos. El alcalde de Meis reconoce que las fuentes de la localidad, de las que antes salían potentes chorros de agua cristalina, dejan ahora escapar apenas un hilo. «Esperemos que llueva pronto», decía el regidor. Es un deseo compartido por todos.

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