El médico de Meaño: «Escapei de Guatemala para caer no inferno»

El facultativo lleva toda la semana atendiendo a una media de setenta pacientes

«Teño un paciente citado cada dous ou tres minutos» Cesar Gil, médico de atención primaria en Meaño, denuncia la que considera una situación «insoportable»: «Esto é un inferno. É para sair correndo»

meaño / la voz

«Din que non hai solución. Que non hai substitutos para cubrir as vacacións». Esta fue la respuesta que ayer mismo recibió César Gil, el médico de Meaño que denunció la sobrecarga de trabajo que soporta a diario, del Servicio Galego de Saúde (Sergas). El profesional había convocado a los medios de comunicación y a representantes del área sanitaria para que dieran una explicación de por qué lleva cerca de una semana atendiendo a una media de 70 personas al día y viviendo «un inferno». Por parte de la Administración autonómica nadie se presentó. Solo recibió una llamada en la que, más o menos, venían a decirle que nada se podía hacer por atender sus reivindicaciones.

Treinta y cuatro años lleva César Gil trabajando en la sanidad pública. Su carrera le ha llevado por diferentes centros de salud de toda la provincia. Antes de llegar a Meaño, estuvo en Baltar «escapei de alí pensando que era Guatemala, para meterme no inferno», asegura. Explica que el centro de salud de Meaño es uno de los que más trabajo soporta, pues atiende «a unha poboación envellecida que é moi demandante do servizo e por iso temos unha presión máis alta do normal». En este edificio trabajan dos profesionales y, cuando uno de ellos falta por baja o vacaciones, es el otro el que atiende a sus pacientes. Esto genera situaciones como la vivida esta semana. «Estou atendendo unha media de 70 ou 80 pacientes ao día. Isto significa que vexo un paciente cada dous ou tres minutos», se queja. Considera que esta carga de trabajo es «inasumible e indesexable. Os pacientes están mal atendidos e non se poden rexistrar os datos no ordenador», añade. A las once de la mañana de ayer, tras tres horas de trabajo, «todavía me quedan trinta persoas por ver», explicaba. Eso genera problemas, como el retraso que acumula en la atención, «hoxe por exemplo vou cunha hora de retraso», aseguraba, o la imposibilidad de conseguir cita de un día para otro.

De toda esta situación es conocedora la Estructura Organizativa de Xestión Integrada (EOXI), pues Gil les ha remitido un sinfín de correos en el que informa de la sobrecarga de trabajo a la que está siendo sometido. Ayer, el médico recibió la llamada de la directora de Procesos Asistenciales, Sonia Fernández-Arruty, quien le informó de que no hay solución a su problema, porque no hay personal para poder contratar a un sustituto. «Se non hai substitutos é porque durante anos fixeron as cousas mal, con contratos precarios e tratando mal á xente», se queja. Acusa al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, de estar «cargándose a calidade asistencial en primaria» y de tratar de beneficiar a las clínicas privadas. Fernández-Arruty se desplazará el próximo 8 de enero a Meaño para hablar con los profesionales que allí trabajan. Entonces, la situación se habrá solventado parcialmente, puesto que los dos médicos estarán trabajando tras haber terminado sus respectivos días de libranza.

«Esto está pasando en todas partes; todas las consultas están saturadas», ratifican en A Illa

«Todos estamos saturados. No es cosa de hoy, ni de hace una semana. Llevamos así años», asegura Fernando Padín, médico del centro de salud de A Illa que habla también en nombre de todos sus compañeros. Insiste en que hace ya tiempo que no se sustituyen bajas o vacaciones y que son los otros profesionales los que asumen esa sobrecarga de trabajo. «El problema de Meaño es el mismo que hay en Cambados, en Vilagarcía o en Vilanova».

Padín dice que hace ahora ocho años que comenzaron los recortes en la Sanidad. «Esto pasa en todas partes. Hoy todas las consultas están saturadas», añade. El problema es que, en un día normal, estos profesionales atienden a una media de treinta pacientes. Pero a ellos hay que sumarles los que se incorporan a última hora y las urgencias. La realidad es que, al final, «ves una media superior a los cuarenta pacientes por día» y que esto se hace a costa de su jornada laboral. A todo ello hay que sumarle el trabajo que realizan a mayores estos profesionales. «Tenemos una gran carga burocrática. Hoy en día tenemos acceso a pruebas y a consultas telemáticas, pero tenemos que resolverlo todo nosotros y eso implica perder el tiempo», añade el facultativo.

Padín asegura que los profesionales han perdido poder adquisitivo en los últimos años, pero que actualmente no están hablando de eso. «Estamos hablando de la calidad asistencial, de dar calidad a nuestros pacientes en la atención. Es algo que se pide desde hace tiempo», insiste.

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