Fernando Rial pasó su infancia suspirando por subirse al barco bárbaro que cada primer domingo de agosto toma las Torres de Oeste; de mayor, puso en marcha un bar que se ha convertido en su propio drakkar
08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Desde bien pequeño, Fernando Rial quiso enrolarse en las tropas vikingas que cada primer domingo de agosto toman al asalto las Torres de Oeste (Catoira). «Non me deixaban. Pero cando tiña 14 anos coleime no barco», cuenta. Comenzó así, como polizón, una relación con la Romaría Vikinga que tiene mucho de amor —amor por la gran fiesta del pueblo, por las tradiciones— y de cuernos: «Os vikingos non levaban cornos, pero os vikingos de Catoira si; e benditos nós, que os nosos son postizos», dice al respecto de un debate que no cesa.
Fernando es una de esas personas que anda metida en casi todos los proyectos que arrancan en Catoira, desde la puesta en marcha de un archivo fotográfico comunitario a través de las redes sociales, al Ateneo; de la comisión de fiestas, a los movimientos vecinales. Ya ven, está en todas partes, y al mismo tiempo, siempre se le puede encontrar en una. Hablamos de O Galeón Vikingo, el local que regenta desde el año 2007. Un local de marcado carácter al que muchos turistas se acercan porque alguien les ha dicho que no se lo pueden perder. «Para min iso é un orgullo, non o podo negar», señala su propietario.
Si cree que O Galeón Vikingo es simplemente un bar bien decorado, se equivoca. El establecimiento tiene una atmósfera especial porque aquí hay mucha historia. Comenzado por los sueños de su propietario, que lo construyó con sus propias manos y con un poco de ayuda de sus amigos, como dice la canción. «Polas noites soñaba as cousas, e polo día intentaba facelas tal e como as vira no soño». Así, poco a poco, dio forma a la barra del bar, que es un barco; al mar de azulejos por el que este navega; a las torres de Oeste al fondo, a la derecha... El trabajo fue ingente, pero valió la pena. «Hai xa uns anos que non podo ir á Romaría... Pero celébroa aquí, vestido de vikingo e no meu propio barco», cuenta. Debería decir, más bien, al frente de su flotilla. Su local es una suerte de museo de la fiesta y en él guarda el mascarón de popa del primer barco que se «disfrazó» de vikingo a finales de los años sesenta, y el del Úrsula, el mítico galeón del Ateneo Vikingo. La asociación, por cierto, está trabajando en su nueva nave y para obtener fondos, Carlos Blanco realizará este domingo en Catoira un pase especial de su último espectáculo. Si no lo han visto, dice Fernando, no se lo pierdan.
Volvamos a la barra de un bar en el que todo tiene un valor extra: los taburetes están labrados; los ceniceros, reconvertidos ahora en papeleras, han sido tallados con primor... «Julio López, un dos pioneiros da Romaría, regaloume un día un medallón tallado por el. Gustoume tanto que empecei a facer cousas con el. Traballabamos aquí, no bar», dice Rial, que presume de haber heredado las buenas mañas de su padre. A lo largo de los años ha aprendido a hacer espadas, cascos, escudos... Muchas de sus piezas se bautizan cada agosto en el Ulla. Otras están en el bar, emboscadas en las esquinas de un local que «está preparado para a guerra».
De momento, brindemos por la paz, donde quiera que esté. Y hagámoslo, por qué no, con un trago de hidromiel. «Traballo con varias marcas. E tamén con licor de hidromel. Costou un pouco que a xente o aceptase, pero pouco a pouco foi entrando e agora ten tanta aceptación coma o noso licor café, que é moi bo». Si le gusta el misterio, no se resista, cumpla el rito y pida un poco de «sangue vikingo», el cóctel especial de la casa, elaborado con una lista secreta de ingredientes y de un intenso color rojo. «É suave e refrescante», cuenta Fernando.
Desde la barra de su bar, del que se escapa de vez en cuando para emprender largos viajes por el mundo con su familia, el hostelero ve cambiar las cosas y decide cuando vale la pena, y cuando no, adaptarse a él. Por ejemplo, O Galeón Vikingo es un local que apuesta por la música en vivo. De hecho, sirve como local de ensayo a algunos grupos y organiza conciertos con el sistema de la taquilla inversa. Conciertos y foliadas como la que el día 30 homenajeará a Alfredo Romero, un gaiteiro que era cliente y amigo, y que falleció hace unos meses. «Xa hai varios grupos apuntados, e aínda haberá máis».
¿Con tarjeta? ¡Nunca!
Lo que no va a hacer nunca este catoirense es aceptar el pago por tarjeta en su establecimiento. «Non me parece normal que a xente saia da casa sen levar algo de efectivo no peto. Como vou cobrar un café con tarxeta, oh?», dice rotundo. Su cruzada contra el dinero de plástico le ha valido algún disgusto, pero también le ha permitido ganar algún amigo de la forma más inesperada. «Unha vez veu un tipo que tomou varias consumicións, e non se decatara de que non se podía pagar con tarxeta. Entón mandeino ao caixeiro, pero tivo que deixarme en prenda un zapato, que polo zapato había volver», relata el vikingo. Y claro que volvió, y siguió volviendo: «Non é de por aquí, pero sempre que pasa pola zona para», cuenta. Y volviendo al tono serio advierte: «O día que me obriguen a poñer unha TPV e a cobrar con tarxeta, pecho o bar».