Dos individuos arrojan piedras de madrugada sobre la carretera que une Vilagarcía y Catoira

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

CATOIRA

Estado en el que quedó la rueda de uno de los vehículos accidentados en Bamio, al incrustarse en ella una piedra
Estado en el que quedó la rueda de uno de los vehículos accidentados en Bamio, al incrustarse en ella una piedra

Los ataques, repetidos en noches diferentes de la semana pasada, han estado a punto de provocar accidentes graves, con varios vehículos dañados

05 abr 2021 . Actualizado a las 11:01 h.

La carretera PO-548 constituye el principal acceso norte a la comarca de O Salnés, conectando los municipios de Pontecesures, Valga, Catoira y Vilagarcía con un trazado que discurre paralelo a la desembocadura del Ulla. A través de ella y del puente que cruza el río en las Torres de Oeste se comunican, también, las orillas norte y sur de la ría de Arousa. No es difícil intuir que el tráfico que soporta es intenso, incluso a primeras horas de la mañana, cuando arranca la jornada laboral con sus consiguientes desplazamientos. Este es el momento que un par de individuos están aprovechando para juguetear con la tragedia a través de una ocurrencia extremadamente peligrosa. No para ellos, que como mucho podrían herirse un pie, sino para quienes circulan por esta vía: arrojar piedras desde el puente que sobrevuela la calzada en la parroquia vilagarciana de Bamio.

Los ataques se han repetido varias veces desde la madrugada del jueves pasado, cuando la Policía Local recibió la primera alerta sobre la presencia de grandes fragmentos de roca sobre la calzada. Un camión resultó dañado entonces, hacia las cinco de la mañana. El sábado sucedió de nuevo, y el relato de la mujer de Vilagarcía que conducía en dirección a Catoira para incorporarse a su puesto de trabajo pone los pelos de punta: «Estaba llegando a la curva, después de la recta de los semáforos, y noté que caían piedras. Pensé que era un desprendimiento, pero entonces vi que los dos carriles estaban llenos de estos pedruscos, que se me incrustaron entre las ruedas del coche aunque traté de esquivarlos mientras una furgoneta me adelantaba». Con las ruedas reventadas, bastante hizo con impedir que un camión se la llevase por delante y evitar, al mismo tiempo, invadir el sentido contrario de circulación, algo cuyas consecuencias hubiesen sido dramáticas. A esas horas, las cinco y media de la mañana, era completamente de noche.

«Las ruedas estaban destrozadas, pero por lo menos solo fueron daños materiales, lo que me pregunto es si estos niñatos egocéntricos se sentirían orgullosos de su hazaña si hubiese sucedido algo más», subraya la víctima del accidente. Aunque la Policía Local de Vilagarcía acudió a inspeccionar la zona, las competencias sobre la PO-548 recaen en la Guardia Civil de Tráfico, que también ha recibido noticia de lo que está ocurriendo. La referencia a los «niñatos» tampoco es gratuita. «La gente de Protección Civil me dijo que habían visto a dos personas escondidas que escaparon corriendo y, aunque era de noche, parecían jóvenes».

Basta con recorrer el puente de Bamio sobre la carretera para localizar el probable origen de las piedras: un muro antiguo, el clásico valado del país, que muestra señales de ha sido removido recientemente y exhibe varios huecos. Una vecina de las viviendas próximas mueve la cabeza: «Non sei quen poden ser, pero si sei que aquí puido morrer xente».

Puente de Bamio desde el que dos individuos arrojan piedras a la carretera que une Vilagarcía y Catoira
Puente de Bamio desde el que dos individuos arrojan piedras a la carretera que une Vilagarcía y Catoira S. G.

Más de cinco mil vehículos cruzan este punto cada día

De acuerdo con el último estudio de aforos que la Consellería de Infraestruturas e Mobilidade ha hecho público, la PO-548 registra una circulación media diaria de 5.049 vehículos en Catoira, que prácticamente se duplican cuando la carretera desemboca en Carril. La intensidad de tráfico que soporta esta vía es proporcional a su condición de eje estratégico para la comunicación de los municipios del Baixo Ulla y de Vilagarcía, que se extiende a O Barbanza, dentro de una zona de intensa actividad empresarial. La hora escogida por los autores de los ataques con piedras, entre las cinco y las seis, coincide con el momento en el que los desplazamientos comienzan a multiplicarse.