Catoira escogerá nuevo alcalde el martes, después de que Castaño hiciese efectiva su dimisión

El BNG pide «valentía» a los ediles socialistas para alcanzar un pacto que los situaría fuera de la línea oficial del PSOE


catoira / la voz

No debe de ser fácil calzar los zapatos de los tres concejales socialistas de Catoira que evitaron que prosperase la moción de censura impulsada por su propio cabeza de lista, Alberto García, y el Partido Popular. Los tres ediles le evitaron a su formación el mal trago de tener que digerir una alianza con el mismo contrincante al que aspira a desalojar de la Xunta cuando las elecciones autonómicas emergen ya en el horizonte del 12 de julio. Ahora, paradójicamente, son ellos quienes se arriesgan a salir peor parados de esta complicada historia de amores y odios en clave política. Este jueves, por lo demás, no sucedió nada de otro mundo en el pleno extraordinario que celebraba el pequeño municipio arousano. Como era de esperar, el nacionalista Xoán Castaño hizo oficial la dimisión que había presentado el 21 de mayo, el otro requisito imprescindible para que la operación drakkar muriese en la orilla. Tampoco a los nacionalistas les habrá servido de mucho haber frenado aquel pacto PSOE-PP, ya que no parece que la perspectiva de un acuerdo tres a tres entre ellos y el grupo descontento con García vaya a salir adelante, por mucho que redondee la mayoría absoluta. El capítulo final de esta peculiar intriga vikinga se emitirá, para bien o para mal, el martes que viene, a las doce, fecha y hora fijadas para la segunda sesión de investidura del mandato.

Desde la dirección provincial

Consumado el pleno, y con su compañera María Paz ya como regidora provisional, Xoán Castaño reiteró su disposición a cerrar con los ediles socialistas «un goberno que aparte dunha vez da alcaldía a un señor que levou este Concello á ruína». Castaño asegura comprender perfectamente a los concejales del PSdeG. Es más, los nacionalistas les reconocen «o seu esforzo e a súa valentía». Pero les piden un paso más, recordando que, al aceptar los votos del PP para alcanzar la alcaldía hace un año, se arriesgaron a ser expulsados del BNG pese a contar con el aval de su agrupación local. «Será un goberno que a xente de Catoira, a que sempre temos que antepoñer, vería con moi bos ollos», se muestra convencido el ya exalcalde, quien también está seguro de que García «volve para tapar ou eliminar probas que o poden comprometer e para solucionar parte das súas ambicións económicas». Para él, el número 1 de los socialistas se retratará, «tanto se volve cobrar eses 75 euros diarios de dietas, porque será investigado polo Consello Económico, como se non o fai, porque estará recoñecendo que antes as cobraba irregularmente».

El problema para los tres ediles del PSdeG es que la dirección provincial de su partido respalda a García, quien ni siquiera ha sido amonestado por su operación con el PP, con lo que su voto por otro candidato los situaría inmediatamente fuera de la línea oficial del PSOE y, por lo tanto, en el denigrado mundo del transfuguismo. Como ni se ha ido ni ha sido expulsado, la ley solo admite que sea su cabeza de lista quien aspire ahora a la investidura.

El propio García se despachó a gusto, no solo con el BNG, sino también con algunos de sus compañeros de filas. Tras calificar el año transcurrido como «teatro», «desgoberno» y «tempo perdido», el veterano político garantizó que el martes presentará sus credenciales, porque, dijo, no está dispuesto a renunciar «polos caprichos do Bloque nin os de calquera compañeiro de partido». Alberto García encuentra que a los nacionalistas «só lles movía a ansia antidemocrática por chegar ao sillón, cando hai que atender o pobo de Catoira». Por último, culpó a tres de sus ediles de haberse dejado llevar por «Internet e as redes, que o BNG manexa moi ben», y de «correr moito e tropezar», en lugar de «ter a tranquilidade de ir andando». Quedaba por hablar el PP, cuyos tres votos -Comparada tomó posesión ayer- irán esta vez para su propio jefe de filas, Iván Caamaño, quien presume de haber tumbado a Castaño: «Ao que lle demos a alcaldía e un salario, pero nunca quixo tratar con nós». La Tierra, en definitiva, ha trazado otra vuelta en torno al sol, García acaricia el bastón de mando y aquí, en realidad, no ha pasado nada.

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