La dimisión del alcalde del BNG revienta la moción de censura entre el PSOE y el PP de Catoira

Tres de los concejales socialistas que lo firmaban se desmarcaron del pacto y apuestan por negociar un gobierno conjunto con los nacionalistas


Catoira / La Voz

El pequeño municipio arousano de Catoira acaba de convertirse este mediodía en materia para un máster de política local. No solo por lo que respecta a la maniobra de última hora del alcalde para reventar la moción de censura con la que iba a ser tumbado, sino también por la interpretación de lo que debe hacerse ahora de acuerdo con la ley. El contexto era, de por sí, explosivo. El 3 de marzo, el socialista Alberto García (5 concejales) y el popular Iván Caamaño (3 ediles, que a la hora de las cuentas son dos, porque uno de ellos dimitió y su sucesor aún no ha tomado posesión) firmaban un pacto para desbancar al nacionalista Xoán Castaño (3 representantes), que en junio había accedido al bastón de mando gracias a los tres votos del Partido Popular, arrepentido ahora de aquella decisión. La declaración del estado de alarma congeló esta operación,a la que el pasado vikingo del concello bautizó como drakkar, que sus protagonistas se proponían culminar hoy, en un pleno extraordinario. Sucede que dos meses y medio se antojan demasiado tiempo a la hora de mantener íntegro un cesto con tantos mimbres cogidos por los pelos, y, aunque sobre la campana, otro acuerdo entre el BNG y dos concejales del PSdeG que, pese a haberla firmado, no compartían la alianza con el PP, ha frenado de cuajo al tándem García-Caamaño. La condición necesaria para ello fue la dimisión, minutos antes de que se iniciase la sesión, del regidor del Bloque.

La cuestión es sencilla. En la arena municipal, una moción de censura exige que sea apoyada expresamente por la mayoría absoluta de la corporación. Esto era así hasta que los dos ediles socialistas se desdijeron por escrito en los prolegómenos del debate, al conocer que Xoán Castaño acababa de presentar su renuncia. La iniciativa, por lo tanto, ni siquiera llegó a debatirse. «Non son un heroe nin nada parecido, pero sempre traballaei pola mellora de vida dos veciños e as veciñas de Catoira; se polo visto era un obstáculo para a conformación dun goberno progresista e nacionalista, ese obstáculo xa non existe», explicó Castaño al final del abrupto pleno. Él mantendrá su acta como edil, al menos hasta que se aclare el revuelto panorama político de Catoira, ofreciendo su colaboración tanto a sus compañeros del Bloque como al grupo socialista para negociar un gobierno estable, que encabece otra persona. 

Las cuentas para esa alianza alternativa salen porque, en realidad, son tres los ediles del PSdeG que no veían con buenos ojos el acuerdo con el PP. Pero persiste un problema. García gobernó Catoira como protagonista absoluto durante treinta años. Y el BNG de Catoira jamás pactaría con el veterano político socialista, cuya permanencia en el pleno podría conducir definitivamente a la división del PSOE. El secretario municipal tiene que analizar, además, si en la sesión de investidura que ahora debe tener lugar pueden presentarse aspirantes que no hayan encabezado sus respectivas candidaturas, o sus lugartenientes, en el caso de que los líderes se hayan hecho a un lado, como sucede en el Bloque. Lo lógico es que el PSOE aspire a recuperar el bastón de mando, y ante semejante tesitura García puede convertirse en un problema.

Conocedores de lo que acababa de ocurrir, y visiblemente enfadados, ni el portavoz del PSOE ni el del PP llegaron a poner un pie en el salón de plenos. A las puertas de la casa consistorial, Alberto García replicaba a un vecino que lo increpó y se refería al alcalde dimisionario como «o Stalin que temos en Catoira». Su aliado en la operación drakkar, el conservador Iván Caamaño, reprochaba al nacionalista Castaño que no hubiese agilizado la incorporación de su concejal sustituto: «Esperemos que nos deixen no seguinte pleno o concelleiro que nos quitaron». A su vez, los tres ediles socialistas que propiciaron el naufragio de la moción explican que sus diferencias no apuntan tanto a su jefe de filas como al pacto que cerró con el Partido Popular. «Afrontamos unha nova oportunidade para o PSOE e o BNG co convencemento de que podemos pular por un bo goberno para Catoira, que evite poñer por riba os enfrentamentos persoais sobre os políticos», plantean en un comunicado que firman con el membrete oficial del puño y la rosa. En Catoira, en definitiva, todo vuelve a comenzar.

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