Cada púgil a su esquina, y a saber a quién beneficia la campanada

Es innegable que en este asalto al poder en Catoira funciona un punto cinematográfico que no se lo salta un torero.


catoira / la voz

Es innegable que en este asalto al poder en Catoira funciona un punto cinematográfico que no se lo salta un torero. El escenario de la pugna política es, necesariamente, evocador. Que los dos protagonistas de la moción de censura viniesen a anunciarla ao seu xeito a la sombra de las Torres de Oeste, el lugar donde los temibles normandos fueron rechazados por primera vez en la Europa atlántica, imprimió a la moción de censura un tono épico que ya había practicado con fortuna el portavoz popular Iván Caamaño en el pleno en el que, con sus tres concejales, entregó la alcaldía al nacionalista Xoán Castaño. Cuando votó, lo hizo proclamando: «¡Por Catoira!». Y fue él quien, ante la negativa de Alberto García, cedió el bastón de mando a Castaño con una fiera encomienda: «Cumpre o teu deber».

A partir de ahí, la operación drakkar salta de género en género como los buenos guiones, para los que la ambientación es solo una excusa más a la hora de contar una historia. El cambio de tercio de Caamaño y su alianza con García parecen sacados de un thriller giroscópico, al estilo del que los hermanos Cohen acuñaron en Muerte entre las flores. Por fin, la suspensión del pleno de hoy tiene el aroma de esa campanada que marca el final del asalto y manda a cada púgil a su esquina en las películas de boxeadores. Sucede que esta pelea se decidirá a los puntos, y no está muy claro a quién le sentará mejor el receso forzado por el coronavirus. La intriga se masca en Catoira.

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