La olvidada capilla de Gelmírez

El párroco de Oeste quiere que se ejecute, cuanto antes, una actuación pactada con el gobierno de Alberto García para adecentar el pequeño tempo de As Torres


catoira / la voz

Allí donde sus obligaciones religiosas lo llevan, Paulino Sánchez provoca un pequeño terremoto. Lo saben bien en Setecoros, Valga, donde el cura logró convertir en aceite unos terrenos baldíos de la parroquia e impulsar la restauración del templo. Tiene aún el sacerdote muchos planes para esta parroquia valguesa. Y para todas las demás que se le han confiado. Entre ellas, la de Oeste, en Catoira. Desde que tomó las riendas de esta, Don Paulino no ha dejado de darle vueltas a ideas y proyectos. Uno de ellos, recuperar la romería de Santiago Apóstol que, en las tardes del 25 de julio, solía celebrarse en el recinto de As Torres, junto a la capilla a él consagrada. Pero para poder insuflar vida «a una celebración que se interrumpió no hace tantos años» y cuyo renacimiento «ilusiona mucho a los vecinos», es necesario, en primer lugar, adecentar el pequeño templo castrense que el obispo Gelmírez mandó construir en el año de 1122.

Es un templo pequeño y sencillo, religioso, funcional y castrense, levantado en lugar de una capilla anterior, aún más humilde y pequeña. La nueva, la que sigue en pie a la sombra de la torre Sur, es un edificio con una nave única, con bóveda de cañón y ábside semicircular encajado en la torre. Su muro sur es recio y grueso, sin vanos, porque al fin y al cabo servía también como parapeto defensivo. El lado norte, sin embargo, es más ligero, y en el se abren cinco vanos estrechos que se han convertido, nueve siglos después, en el lugar elegido por los bárbaros modernos para lanzar al interior de este recinto cargado de historia todo tipo de residuos y basuras. Tapar esos vanos con rejillas es, precisamente, una de las medidas previstas en el proyecto que en su día había pactado Don Paulino con el Concello de Catoira, presidido entonces por Alberto García. El exalcalde socialista asegura que la intervención, que ya tenía todos los permisos y una dotación presupuestaria de 20.000 euros, incluía también la limpieza de la maleza y las enredaderas que envuelven las paredes de piedra y el pintado interior del inmueble. Sin embargo, el nuevo gobierno parece no estar por la labor de ejecutar este proyecto. «Non fan nada xustificándose en que non hai cartos. Pero neste caso había unha partida aprobada xa para ese fin», asegura García.

En ese presupuesto se había incluido, también, el dinero necesario para la colocación de una campana. Hace casi seis años, en febrero de 2014, el pequeño templo amaneció un buen día mudo: había sido víctima de uno de tantos robos de patrimonio perpetrado en la comarca.

La desaparición de la campana podría acabar formando parte, con el paso de los años, de la ristra de leyendas que circulan alrededor de este templo. Desde la existencia de una talla de madera de Santiago Apóstol encontrada en el río, hasta la misteriosa desaparición de una figura de piedra, con cabeza intercambiable, que fue robada del interior de la capilla hace más de veinte años.

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