Reinventando un material noble

La cerámica ha acompañado al ser humano durante miles de años. Y aquí sigue, durable y fiable, pese al acoso de los nuevos materiales. Ceramistas como Mar Barral se encargan de mantenerla viva.


Mar Barral tiene unas manos hermosas y fuertes. A través de ellas fluye la energía que esta mujer imprime a las piezas cerámicas que elabora, con cuidado y reverencia, en un taller que toca el cielo de la ría de Arousa. Estamos en Abalo (Catoira), en una vivienda-estudio, o un estudio vivienda, porque la vida y la cerámica son, para Mar, algo muy parecido. Quién se lo iba a decir a ella, que estudió para ser maestra. «Pero suspenderon as oposicións, e non me quedou outra que empezar a facer cursos. Apunteime a moitos... Ata que din con un de cerámica. E engancheime», relata. Así comenzó un viaje que llevó a esta carrilexa a llevar una vida muy diferente a la que tenía prevista. Y eso que ella se reconoce persona disciplinada, organizada, muy lejos de la imagen tópica del artesano artista, o del artista artesano. Necesita ese orden, dice, porque «as horas do día non me chegan». Tiene que atender los pedidos -vive, básicamente, de hacer premios para torneos deportivos y de todo tipo- y de investigar, explorar, indagar. «Xa me din os meus amigos que sempre teño que facer as cousas do xeito máis difícil, como ninguén as fai», dice encogiendo los hombros.

Esa manía por hacer las cosas difíciles hizo que Barral se especializase en hacer cerámica raku. Tras modelar las piezas y pintarlas, las introduce en el horno. Las saca de ahí cuando están al rojo vivo y las zambulle en un recipiente de serrín y hojas secas. «Iso fai que as pezas teñan un acabado metalizado, brillante», marca de la casa de esta artesana que vive escalando el Xiabre, a caballo entre Catoira y Vilagarcía.

Su estudio es un lugar de puertas abiertas, en el que es bien recibido todo aquel que quiera conocer el arte de trabajar «un material nobre». Porque si algo hace que a Mar se le cambie el gesto es que alguien compare su trabajo con el de otras personas que «modelan outras cousas. Iso non é cerámica». Dirán ustedes que peca nuestra protagonista de exceso de celo, pero conociéndola sabrán que se trata, más bien, de ese respecto profundo que siente por el trabajo que ha elegido, o que la eligió a ella. Porque Barral no se caracteriza, precisamente, por cerrarse en banda a las innovaciones. La artesanía tiene que cambiar con el tiempo. Ella lleva años formándose, indagando, para intentar aprovechar esos conocimientos «e traelos cara o que eu fago». Y, vaya, la verdad es que los resultados son, muchas veces, sorprendentes. Nos detenemos ante uno de los muebles de la casa de Mar Barral. Ante nosotros, unas piezas difíciles de definir. ¿Qué son? La anfitriona sonríe. «Son probas de ecoprint», explica, una técnica que le permite imprimir las hojas de plantas en la cerámica. «Esto normalmente faise con teas, pero estou investigando para facelo en cerámica. Estou facendo probas... Este traballo require moita investigación». Y mucha fortaleza, porque según Barral «non corren bos tempos para os artesáns. O noso é un traballo que precisa o seu tempo, e iso custa cartos... E a xente non está disposta a pagar», señala. Es un advertencia para emprendedores: «Non todo é tan bonito como o pintan».

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