¡Que bote, que bote, que bote Chicote!

El cocinero se sumó a la fiesta del churrasco, el vino y el fuego en la cena vikinga

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B. c.

El sábado ardió Catoira. Casi mil asistentes se reunieron en las Torres de Oeste para disfrutar de uno de los platos fuertes de la Romaría Vikinga: la tradicional cena previa al desembarco. Una noche que estuvo llena de algunas sorpresas, pero que mantuvo su esencia y tradición. No faltó el vino, ni los cánticos, ni el tradicional pulpo y churrasco. Pero como novedad, los vikingos tuvieron que lidiar con un rival al que no están acostumbrados: el calor. No había forma de sofocar las altas temperaturas que se registraban en el interior de las carpas situadas a orillas de Ulla. Los guerreros se desprendieron de sus pieles, los platos se convirtieron en abanicos y las mesas en toboganes de vino sobre los que deslizarse. La Cea Vikinga también contó con un invitado especial, el famoso cocinero Alberto Chicote, que está en pleno rodaje de un nuevo programa. Su presencia no pasó desapercibida para los asistentes, que corearon en reiteradas ocasiones «que bote, que bote Chicote». Los cánticos y la música en directo creada a partir de botellas y platos no dejaron de resonar. El fuego tomó protagonismo tras la cena con un espectáculo acompañado de miles de antorchas, pero el refuerzo en la seguridad del evento y el buen comportamiento de los vikingos impidió que hubiera ningún incidente. Estos guerreros no son tan bárbaros como parece.

Catoira, dispuesta a ampliar el número de barcos que participan en la Romaría

Bea Costa
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Esta edición hubo 160 tripulantes, y muchos se quedaron fuera por falta de sitio

Un año más, la Romaría Vikinga demostró su poder de convocatoria. Según las estimaciones del Concello de Catoira, el domingo se dieron cita en las Torres de Oeste unas 30.000 personas para seguir el desembarco a orillas del Ulla. Y no solo aumenta el público, también crece el número de personas que quieren participar en la dramatización de la conquista nórdica sobre las tierras cristianas. El problema es que, a bordo, ya no hay capacidad para más.

Este año se amplió en dos, hasta siete, el número de embarcaciones que participaron en el desembarco, pero, aun así, hubo quien se quedó sin enrolarse por falta de espacio y tuvo que conformarse con hacer la invasión por tierra. Llegaron solicitudes de varios puntos de España, pero a los vecinos de Catoira siempre se les da prioridad.

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