Un hostelero vikingo con madera de artista

Con sus propias manos, Fernando Rial construyó y decoró el bar Galeón de Catoira, que regenta desde hace casi doce años

P. P.
catoira/ la voz

Quien pasó alguna vez por Catoira, probablemente conozca el Galeón Vikingo. Uno de esos bares que te llaman la atención desde fuera, pero cuando entras te deslumbran por su inigualable estética. Espadas, cascos, cuernos y hasta una barra en forma de drakkar decoran este local enxebre con mucho carácter. Tras este peculiar mostrador se encuentra Fernando Rial, un catoirense afable y trabajador que regenta el bar desde que lo fundó hace ya casi 12 años, cuando decidió cambiar los coches por la temática nórdica. Entonces era socio del bar O Garaxe, «o primeiro local da movida aquí en Catoira», recuerda con orgullo. Un pub nocturno con pista de baile y un coche antiguo a modo de cabina de música que acabó cerrando tras más de una década en funcionamiento. Pero esto no sirvió para finalizar el periplo de este catoirense en la hostelería, pues en aquel momento ya tenía claro que quería un bar centrado en la cultura vikinga que lleva tan dentro «desde que tiña quince anos e fun por primeira vez ao desembarco da Romaría».

Todo un artista

Fernando es vikingo de corazón y hostelero de profesión, aunque bien podría ser maestro artesano de talla y un experto constructor sobre todo tipo de materiales. Con sus propias manos dio forma al Galeón «segundo o que cavilaba cada noite antes de ir durmir». Desde la colocación de la piedra de las paredes hasta la tarima flotante del suelo, pasando por el 90% de las piezas que decoran el bar, entre las que se incluyen unos delicados taburetes de madera tallada. «Todo o que ves fíxeno eu quitando ao electricista e ao fontaneiro, que é o meu pai», destaca Fernando. Un oficio artesanal que debe al maestro Julio López, quien le introdujo en el mundo de la talla de madera tras verlo coger una de las herramientas. «Díxome que tiña moito xeito e dende aquela empecei nesta arte», destaca a la vez que señala un gran medallón que su mentor realizó en «92 horas de traballo, non consecutivas, claro» y le regaló cuando inauguró el bar.

A pesar de su inestimable talento en la talla, nunca se ha planteado abandonar la hostelería. De hecho, en el inmenso exterior del bar tiene su particular taller al aire libre, donde lleva a cabo la soldadura de espadas y el tallaje de todo tipo de madera. Sin embargo, sueña con jubilarse y poder montar un taller «de verdade aquí a carón do bar», siempre y cuando su única hija coja las riendas del negocio. Con 17 años, a la joven le emociona la idea de regentar algún día el bar, pero Fernando es consciente de que es un trabajo muy duro y prefiere «que siga estudando e vexa se hai algunha cousa que lle guste máis», señala con sinceridad.

Punto de encuentro

El Galeón es mucho más que un bar vikingo. Es el centro neurálgico de la movida musical catoirense, un nicho donde se cobijan todos los artistas de la comarca. «O 14 de agosto vén un grupo que presentou aquí o seu primeiro proxecto e vai celebrar o seu décimo aniversario», destaca Rial. Los artistas tienen a su disposición el equipo de sonido y los instrumentos con los que cuenta el local, una muestra de generosidad de Fernando que, sin ser músico, ha ido adquiriendo todo el pack para ofrecer un espacio completo a todo tipo de artistas. A pesar de ello, se muestra inconformista con el escenario, que quería que fuese más grande y central «pero non puide facelo pola lei do tabaco que esixía 100 metros cadrados de local e ao final non serviu para nada porque prohibiron fumar pouco despois diso», se lamenta.

El Galéon Vikingo no es solo un punto de encuentro artístico, es también un museo histórico y un centro de diversas actividades culturales. Decenas de turistas visitan cada mes este bar «recomendados polas casas rurais e hoteis da zona», además de que el local acoge jornadas como las vikingas celebradas a mediados de julio y el mercado medieval que estará instalado en su exterior a partir de mañana y hasta la finalización de la Romería Vikinga el 5 de agosto. Esta es una cita ineludible para Fernando, que lleva varios años liderando el ejército de ataque por tierra, que adelanta que «este ano será máis grande ca nunca».

A pesar de ser un osado guerrero, reconoce que detesta el hidromiel, bebida nórdica por excelencia. Por ello, opta por elaborar un cóctel llamado Sangre Vikinga, creado a partir de granadina, zumo de naranja y un ingrediente más secreto que el de la fórmula de la Coca-Cola. Aunque en el local no se sirven comidas, en el exterior hay una barbacoa que Fernando pone a disposición de todos sus clientes. «Se alguén quere facer unha festa aquí eu fago as brasas e que cada un veña coa súa carne ou o que queira e o faga alí», una muestra de que en este bar vikingo te sientes como en casa.

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