«Son muchos los padres que dicen que nadie les enseñó cómo educar»

El profesor de la UDC estará hoy en Catoira para hablar de estrategias a llevar a cabo en distintos escenarios

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catoira / la voz

La tarea de educar a un hijo es constante. Comienza cuando suena al despertador y no cesa en todo el día: cualquier espacio es bueno para trabajar la educación emocional y la adquisición de valores. De ahí que el profesor de Ciencias da Educación en la Universidad de A Coruña Víctor Arufe apostase por recopilar una serie de estrategias que faciliten este cometido: «La educación por escenarios» es el libro del docente sobre el que girará la conferencia que tendrá lugar hoy, a las 20.00 horas, en el auditorio de Catoira. Los escenarios jugarán un papel clave: desde la casa de un amigo hasta un centro comercial o una visita al zoo. A cada lugar, tal y como apunta Víctor Arufe, se le puede sacar partido para lanzar continuos mensajes que tengan como objetivo educar.

Al igual que su libro, la conferencia de hoy estará llena de ejemplos para los padres. Arufe nos adelanta alguno: «Mientras que una visita al centro comercial puede estar precedida de una charla en la que se les vaya mentalizando de que no se puede tener todo lo que se ve, una viaje en coche un poco largo puede aprovecharse para realizar determinados juegos, que, además de entretener, sirven para estrechar lazos familiares. Es una forma de desarrollar la afectividad y de ganarse las confianza de los hijos, algo fundamental para que llegada la adolescencia hablen con sus padres de los problemas con los que se vayan encontrando.

¿Por qué esta charla? «La familia es la principal responsable de la educación de los niños, especialmente en los primeros años, que es cuando se asientan las rutinas. Y, son muchos los padres que dicen que nadie les enseñó a educar», indica Arufe. Ante la duda de cómo hacerlo acostumbran a darse dos casos: «Los que apuestan por educar a sus hijos como sus padres lo hicieron con ellos y los que se decantan por todo lo contrario». La conferencia, a la que pueden asistir docentes y demás personas interesadas, pondrá así el enfoque en esa parte de la educación que va más allá del currículo.

Las problemáticas de las que habla Arufe están al orden del día. Y es que entre las estrategias que ofrecerá hay algunas que buscan evitar caer en esa tipología de padres a las que recientemente se les han puesto nombre. Es el caso, por ejemplo, de los padres helicóptero. Esos que «al querer darle lo mejor a los niños son demasiado sobreprotectores». Y eso, señala el profesor, tienen consecuencias: se educa hacia el consumismo y la inmediatez en lugar de trabajar la autonomía y la paciencia. Una frase típica de los progenitores helicóptero podría ser «tenemos que estudiar» cuando, en realidad, «son los niños los que tienen que estudiar». Una misión complicada en la que los padres se enfrentan a las peticiones y a las comparaciones.

A la hora de decir no, Arufe vuelve a poner otro ejemplo: el teléfono móvil, el regalo estrella. «Siempre digo que hay que pedirle al niño que ofrezca tres buenas razones por las que lo quiere. Todas se desmontan fácil. El teléfono es tiempo perdido para la infancia, come muchas horas y aleja de los juegos tradicionales», explica. ¿La edad perfecta para tenerlo? Entre los catorce y los quince años. Comprándolo ellos, que sepan que es el esfuerzo, y enseñándole a usarlo», explica este profesor que también defiende cambios en el sistema educativo: apuesta por un modelo de inteligencias múltiples, una escuela funcional en la que se preste mayor atención a la gestión de emociones y la memorización pase a un segundo plano.

Autor del blog «educación, innovación y emprendimiento», Arufe recibió el premio al mejor docente de Universidad de España en 2017. Los premios Educa, de los que fue el principal impulsor, reconocen desde el año pasado la labor realizada por profesores de todos los niveles formativos. Arufe tuvo que dejar la organización cuando descubrió que se encontraba nominado gracias al voto de sus alumnos. Finalmente, un jurado compuesto por profesores apostó por él.

«La edad idónea para tener un teléfono móvil es entre los catorce y los quince años»

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