Leoba y Aeleggth, dos auténticas vikingas para descubrir la verdadera historia

Llegaron a Catoira para desmontar los mitos sobre un pueblo que, no, no gastaba cuernos en sus cascos

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catoira / la voz

Dicen los vikingos de Catoira, nuestros favoritos, que nunca, jamás, van a renunciar a lucir unos hermosos cuernos en sus cascos. Esos elementos son una de las señas de identidad de la Romaría Vikinga, esa fiesta que cada primer domingo de agosto convierte las Torres de Oeste en un campo de batalla teñido por el color grana del vino tinto. Los cascos astados son tan vistosos como irreales: los invasores contra los que guerrearon Sisnando y sus huestes nunca lucieron cornamenta. Así se lo explicaron ayer Zoe Durrant Walker y Sarah Strong, trabajadoras del museo de Jorwik, a los estudiantes del colegio Progreso (Catoira) hasta donde han llegado para ofrecer varios talleres de cultura vikinga. A partir de ahora hablaremos de ellas como Leoba y Aeleggth, que son los nombres con los que se rebautizan cada vez que se ponen el traje de embajadoras del mundo nórdico.

«Nuestra misión es educar, trasladar a la gente que los vikingos eran mucho más que un pueblo que iba por el mundo saqueando y arrasando todo lo que encontraban a su paso», cuentan. Para ello, gracias al programa Follow the Vikings viajan por el mundo -ya han estado en Dublín y en Escocia, pronto pondrán pie en Noruega, Dinamarca e Islandia- con la mochila llena de réplicas de objetos encontrados en excavaciones arqueológicas: calzado, cuencos, armas, broches y hasta un kit de aseo que incluye limpiadores de uñas, oídos y dientes: tecnología del siglo diez.

Ayudadas por ese pequeño alijo, Leoba -que es educadora del museo de Jorvik- y Aeleggth -quien además de educadora es arqueóloga- construyen ante los ojos de los estudiantes un mundo paralelo en el que se le da la palabra a las evidencias arqueológicas y se desmontan los mitos. Incluido, claro, el de los cuernos en los cascos. ¿De dónde salió semejante historia? Roi, uno de los alumnos que ayer asistieron ayer al taller, ayudó a explicar el origen del malentendido. Los vikingos, explicaron sus embajadoras usaban cuernos para beber y para emitir sonidos. Cuando morían, los bravos soldados -ahí estaba Roi, tendido en el suelo- eran enterrados con sus bienes más preciados. La espada, el escudo, el casco en la cabeza... Y a los lados de él, también junto a la cabeza, los cuernos que usaban bien para echarse algo de bebida al coleto, bien para hacer un poco de barullo.

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Cuando aparecieron las primeras tumbas vikingas, hubo quien pensó que si los cuernos estaban allí, era porque ornamentaban los cascos... Y aquel tremendo error, universalizado gracias a Hollywood, es el responsable del mito de los cuernos de los vikingos.

Leoba y Aeleggth, que vienen de un lugar donde se toman muy en serio la cultura vikinga, no tienen ningún problema con las astas catoirenses. La Romaría de agosto, dicen, es «un festival, una fiesta para pasárselo bien y divertirse, y es además un factor muy interesante para despertar el interés de la gente por la cultura vikinga». Lo mismo opinan de Vikings, la serie de televisión que en los últimos años ha logrado transformar -y refinar- la estética de los invasores de Oeste. «¡Es ficción!», señalan. Y a la ficción no se le puede reclamar el rigor histórico que debe caracterizar -y caracteriza- a dos trabajadoras del museo de Jorvik.

Su exposición se centra en la cotidianidad de los vikingos: en cómo vivían, en cómo se vestían, en qué comían, en qué creían. Y, obviamente, en cómo luchaban y por qué estaban dispuestos a morir. «¿Los vikingos eran violentos? Sí, como todas las culturas. Todas las culturas tienen una parte de violencia, y los vikingos, al ser un pueblo en expansión, tenían que imponerse, y lo hacían de forma violenta», relatan Leoba y Aeleggth. Los caudillos, además, veían en la guerra una forma de alcanzar la gloria eterna, porque «para ellos era importante, querían ser recordados por lo que habían logrado hacer en vida, que la gente no olvidase sus nombres», señalan estas dos expertas en la historia vikinga.

La mitología, a golpe de teatro

De todo ello hablan a los chavales de la ESO en inglés -no hay más concesiones que algunas puntuales aclaraciones de las profesoras-. Echan mano, eso sí, del teatro, del mimo y de buenas dosis de humor vikingo. El cóctel parece ser todo un acierto: ayer, hasta los jóvenes más revoltosos quisieron ver ayer cómo algunos de sus compañeros se convertían en los dioses Thor, Locki, en la diosa Freya, y en el rey de los gigantes Thrym. La historia del robo del martillo del dios del rayo consiguió atrapar la atención de los adolescentes. ¿Quién dijo que el estudio de la mitología no es divertido?

Leoba y Aeleggth recuncan hoy en el Progreso, hasta donde han llegado de la mano del proyecto Follow the Vikings. Es la primera vez que visitan Galicia, y se declaran sorprendidas de haber encontrado, en este rincón de Iberia, un verde como el nuestro, una lluvia como la nuestra. Aprovecharán su estancia aquí para visitar Compostela: cualquiera diría que alcanzar la ciudad del apóstol es tradición vikinga. Claro que ellas no vienen a conquistar, sino a dejarse vencer por la belleza de las piedras y por la historia de la capital gallega.

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