Lamprea y cocido en la despensa todo el año

Conservas Cambados sigue innovando. Ahora se atreve a enlatar a la reina del Miño y unos grelos con chorizo. Antes fueron el erizo, el salmón, el atún rojo... La escuela la pusieron los mejillones y berberechos


redacción / la voz

Sí, la lamprea ya se puede comer durante todo el año gracias a Conservas de Cambados. El cofundador de la empresa, José Luis Alfonso, es uno de los fans del extraño pez que puebla las aguas del Ulla y del Miño y, cansado de tener que espera al invierno para poder darse el gusto de un guiso a la bordelesa en Arbo, pensó ¿si se pueden enlatar atún y sardinas, por qué no lamprea?

Han sido sus hijos Keko y Maite, la segunda generación que está hoy al frente del negocio, quienes se encargaron de llevar la idea a la mesa y así nació la receta, que se sirve en una lata de 280 gramos, que solo requiere calentarse y comerla tal cual o acompañada de un arroz y picatostes. El envase se puede encontrar en tiendas a 29 euros y está pensado también -como otros productos de la casa- para el sector de la restauración. La lamprea del Miño a la bordelesa cuenta con un buen aval: «La llevamos a Madrid Fusión y los cocineros que la probaron dijeron que no notaban diferencia. Creo que lo conseguimos», apunta Keko Alfonso.

La firma cuida al máximo el contenido y el continente; en el envase no falta la redecilla que envuelve la lata y que, con el paso de los años, se ha convertido en sello de la casa; tanto es así que «cuando vamos a las ferias nos llaman los de la red». Empezaron siendo monocolor, pero la gama se amplió a distintos tonos en función del tipo de género: redes rojas para las conservas con salsa, azules para el marisco al natural, verdes para las recetas con aceite de oliva, naranjas para el salmón de Noruega y negras para el atún rojo. Y si se quiere quedar como un rey a la hora de hacer un regalo, Conservas de Cambados tiene varios formatos de estuches, en madera y cartón, en los que, además de conserva, se pueden incorporar desde un albariño, pasando por un licor a una botella de aceite. A demanda.

Pero lo mejor siempre está dentro de la lata. Esta factoría nacida en 1985 en Portonovo y radicada en Ribadumia desde hace dos décadas trabaja con docenas de productos, y no solo con sabor a mar. También se atreve con los de la tierra y ahora su apuesta es el cocido gallego. Pronto se podrá ver en las estanterías de los supermercados en latas de 1.800 gramos, para dos o tres personas en función del saque del consumidor, con su patata, grelos, lacón, oreja de cerdo, chorizo y garbanzos. El precio será de 19 euros y en cuanto se culmine este proyecto habrá que estar atentos a la próxima exquisitez que salga de su laboratorio y cocina. «Viajando se aprende mucho», cuenta Keko, y como a cabesiña non para, el empresario siempre está dispuesto a innovar, sea con una lubina o un rodaballo.

Quién le iba a decir a José Luis que de aquellos primeros mejillones, sardinillas y berberechos iba a salir un catálogo con alrededor de 250 referencias en función de la especie, el tamaño, calidad, preparación... El primer salto a la innovación lo dio con el atún rojo de Almadraba, en 2004, y después llegaron las huevas y el pastel de merluza, el hígado de rape con fuet de pato, las almejas con setas, la guarnición para la paella y las huevas del erizo, que aunque se sirvan enlatadas, «comerlas es como meter la cabeza en el mar», afirma Keko. También cuentan con gama de productos ecológicos, su último desafío salta de la lamprea al cocido gallego, y, todo eso, en tiempos de pandemia. Afortunadamente, más allá de cuestiones de logística, el covid-19 no está suponiendo un grave problema para el sector conservero.

Pasada la fiebre del confinamiento, cuando en los hogares hicieron acopio de atún y mejillones en escabeche por temor al desabastecimiento, el mercado se ha estabilizado con la confianza de que la hostelería retome poco a poco la normalidad. Lo que se han disparado son las ventas por Internet, especialmente en el ámbito internacional, y es que Conservas de Cambados echa sus redes en 25 países, cruzando el Atlántico desde Europa a México, Estados Unidos y Canadá y se desvían hasta Hong Kong.

Lo hacen con cuatro marcas diferentes (Gourmet, Especialidades, Bogar y Alamar) y ya hay quien le ha colocado una quinta. Bogar, como bien saben los gallegos, viene de la traducción al castellano de remar, pero por otros lares se les escapa este detalle y a la línea Bogar la llaman Bogart, como al actor. Quién sabe, quizá alguna superestrella de Hollywood haya incorporado el marisco de la ría de Arousa a su despensa al reclamo del mítico Rick de Casablanca.

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