El último capataz de Cambados se jubila

Manuel Sineiro deja mañana de estar al frente del departamento de Obras del Concello después de 34 años


cambados / la voz

Mañana será el último día de trabajo para Manuel Sineiro como encargado de Obras del Concello de Cambados. Pone así fin a una trayectoria de 34 años al frente de un departamento desde el que ha sido testigo, en primera línea, de los cambios que ha experimentado el pueblo. En tres décadas, el municipio ha vivido una gran transformación en materia de infraestructuras y servicios, de la que Sineiro se siente parte. Le pedimos que eche la vista atrás y elija esa obra de la que se siente especialmente orgulloso. No lo duda: el puente de la isla de San Sadurniño. Quizá tenga algo que ver el hecho de que él es del barrio, de San Tomé, pero, sobre todo, explica, porque esta actuación permitió poner al alcance de todos «un contorno paradisíaco». «Todo o mundo quere facer unha foto alí», indica.

Antes, la única forma de cruzar al islote era coincidiendo con la marea baja. El puente de piedra no solo abrió un acceso sino que permitió potenciar este entorno con una pequeña playa artificial y fue la punta de lanza para convertir Ribeira da Mouta en uno de los paseos con más encanto del pueblo.

«Aquilo foi posible grazas a Santiago Tirado (exalcalde), Pelayo (aparejador municipal) e a min», apunta Sineiro Galiñanes. Y del buen hacer de un grupo de canteros de Vilariño y de los alumnos de aquellas primeras escuelas taller que empezaban a funcionar en los ayuntamientos.

El puente de San Sadurniño es su niña bonita, pero hay otras. También recuerda con cariño la obra de la plaza Alfredo Brañas, que hubo que pavimentar contra reloj un Jueves Santo para que estuviese lista para el Encuentro del día siguiente; el empedrado de la calle del Padre Peña y del atrio de la iglesia parroquial y la reforma del cementerio de Castrelo.

Aquellos palcos de madera

Obras son amores, pero no han sido su única ocupación. Sineiro también ejerció de encargado de Servicios, y esto implica estar pendiente de muchos frentes; de que los colegios estén limpios, de que las calles no sean un campo minado de baches y de que las luces de la fiesta de turno iluminen bien. Y fiestas, en Cambados, hay para dar y tomar. Mención aparte merece el Albariño. Poco tiene que ver aquella edición de 1987 con la que se organiza hoy en día.

Cuando él empezó a trabajar en el Concello -su puesto aún llevaba el título de capataz- los palcos eran de madera y se cubrían con plásticos, y el xantar oficial se hacía bajo una sombra de cañas en el parador de turismo. Hoy, la logística pasa por grandes y sólidas plataformas y carpas y el montaje corre a cargo de empresas especializadas.

Sineiro ha visto crecer al Albariño, y ha sido para bien, apunta. Son días de muchísimo trabajo en los que los operarios no tienen horario y hay que estar al quite de infinidad de contingencias, pero el resultado vale la pena. Esta fiesta se ha convertido en la principal tarjeta de presentación de la localidad y gracias a ella Cambados es conocido en todo el país.

Pasado el primer domingo de agosto todos respiran más aliviados en el Concello, pero la tregua dura poco. A mediados de mes hay que ponerse las pilas para la puesta a punto de los colegios ante el inicio del curso, después llegan las Navidades con la cabalgata y demás agenda y, entremedias, siempre hay una acera que arreglar y una alcantarilla que desatascar.

Lejos quedan los tiempos en que los trabajadores municipales se encargaban de hacer la recogida de la basura puerta a puerta, aunque otros aspectos en este departamento no han cambiado tanto. Sigue sin haber mujeres en tareas de albañilería o conduciendo una pala, mientras que ellas siguen copando los puestos de la limpieza. «As mulleres poderían facer perfectamente o traballo, pero, de feito, cando se convocan os tribunais para contratar ao persoal non se presentan para estes postos», señala.

Estar al frente de un equipo humano y el trato directo con el ciudadano no siempre ha sido fácil, pero nuestro protagonista no tiene más que palabras de agradecimiento en su despedida. «Teño que dicir que os traballadores son xente moi colaboradora e, en xeral, o comportamento dos veciños foi moi bo». También para los políticos. Sineiro ha visto pasar a seis alcaldes por Cambados: Xoán Antonio Pillado, Antonio Pillado, Santiago Tirado, José Manuel Cores Tourís, Luis Aragunde y Fátima Abal. «Sempre pode haber algunha disputa, pero todos se portaron ben comigo».

Ahora toca pasar página. Sus últimas horas en el Ayuntamiento las está empleando en dejar todo el papeleo al día y, a partir del viernes, será el momento de disfrutar de todo el tiempo del mundo; jugando al golf, viajando y viendo crecer a los nietos.

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