Toca a un cura por cada dos parroquias

La llegada de dos nuevos sacerdotes jóvenes alivia la situación, pero la comarca sigue acusando el problema de la falta de vocaciones y del envejecimiento del clero


vilagarcía / la voz

El Arzobispado de Santiago dispone de una veintena de sacerdotes para atender el medio centenar de parroquias que existen en O Salnés y los municipios del Baixo Ulla. Hay, por tanto, una media de un cura por cada dos parroquias, aunque no faltan las excepciones. Vilagarcía ciudad o Cambados centro tienen párroco propio, mientras que hay otros sacerdotes que deben repartir su tiempo en hasta tres plazas, caso de Manolo Folgar, que atiende Vilaxoán, Baión y Godos, o don José, que tan pronto da misa en Corvillón, como en Oubiña como en O Sixto.

La necesidad obliga y como los curas son escasos, los que están en activo se ven abocados a multiplicar sus funciones, aunque la edad no siempre es un buen aliado. Ver a ancianos de altar en altar se ha convertido en algo habitual; octogenarios son los párrocos de Sobradelo, Rubiáns, Tremoedo y San Cipriano de Vilanova, por citar algunos ejemplos. Eso, sin contar el caso extraordinario de Dositeo Valiñas, que a sus 98 años sigue al frente de la parroquia de Ribadumia.

José Aldao todavía no ha entrado en el club de los ochenta, pero sus 77 años -54 de ellos en Cambados-, lo convierten en otro de los veteranos de la comarca.

El envejecimiento del clero y la escasez de sacerdotes es plausible, aunque el problema se ha visto paliado en el último mes gracias a la llegada de dos jóvenes religiosos a la comarca. Juan Ventura Martínez, que desde el 2011 ejerce de párroco de San Vicente de O Grove, ha dejado de copar el club de los treintañeros con sotana y desde hace unas semanas tiene dos nuevos compañeros de fatigas: Eduardo Amado, de 30 años, que se estrenó el pasado domingo al frente de la parroquia de Carril, y David Álvarez que con 37 se ha convertido en párroco de A Illa, András y San Miguel de Deiro.

Son casos raros. Las vocaciones religiosas escasean y cada vez salen menos jóvenes del seminario, lo cual obliga a la Iglesia a recurrir a los seglares a la hora de buscar fórmulas para mantener vivas las parroquias.

Un capellán para el hospital

Con todo, la situación en Arousa no es tan dramática como en otros lugares de Galicia, especialmente en el interior, donde hay curas que acumulan hasta veinte parroquias a su cargo. Oficiar misa se convierte allí en una odisea de kilómetros y kilómetros, de manera que la celebración de la palabra -liturgia oficiada por seglares- se antoja como la mejor solución. No es el caso todavía en Arousa, donde la nómina de curas cubre las necesidades básicas de los feligreses.

Lo que sí está pendiente de resolver es la instauración de la figura del capellán en el Hospital do Salnés. Actualmente, esta función la ejercen de forma rotatoria entre varios sacerdotes de la comarca. En turnos semanales, a razón de dos horas por la mañana, los curas deben estar presentes en el hospital para dar misa, y el resto del día deben estar localizables, vía telefónica, para acudir a petición de las familias, bien sea para impartir el sacramento de la unción de enfermos o prestar consuelo espiritual a quienes pasan por una situación dramática.

El arcipreste de Arousa, José Aldao, opina que es el momento de introducir cambios en este sistema y aboga porque la plaza del capellán deje de ser rotativa para pasar a ser de carácter fijo, de manera que un único sacerdote se ocupe de esta tarea. «Os hospitais deben ter cada un o seu sacerdote», explica el párroco de Cambados. Aldao confía en que la llegada de dos nuevos curas a la comarca contribuya a afianzar su propuesta ante el Arzobispado de Santiago.

Arziprestazgos

Arousa

Es el más grande de la comarca y abarca a los municipios de Vilagarcía, Cambados, Vilanova, A Illa y Catoira

Ribadumia

Comprende los concellos de Meis y Ribadumia, a mayores de Padrenda y Cobas en Meaño y Castrelo en Cambados. También incluye parroquias de Portas

O Salnés

Abarca las dos parroquias de O Grove, Sanxenxo, Poio y parte del municipio de Meaño

Vilagarcía y Cambados forman a agentes pastorales para paliar la falta de sacerdotes

Lo de mantener la misa diaria en las parroquias pequeñas es cada vez más complicado, de manera que la Iglesia ha buscado una alternativa: formar a seglares para que puedan leer el evangelio y ofrecer la comunión en la llamada celebración de la palabra. No es una misa stricto sensu, dada la ausencia de presbítero, pero sí cumple una función similar que se ha revelado de gran utilidad.

Para preparar a los laicos en estas funciones se han creado las escuelas diocesanas de agentes pastorales, que en la comarca cuentan con sedes, en Vilagarcía y en Cambados. A esa última pertenece Rita Oliveira, una vecina de Tremoedo (Vilanova), de 56 años, que apuesta por llevar su compromiso con la fe más allá de la misa dominical.

Además de ejercer como catequista desde hace más de tres décadas, acude un sábado al mes a la escuela diocesana de Castrelo, donde Manuel Corbacho y Fátima Noya ejercen de maestros pastorales bajo la coordinación de José Aldao. El grupo lo forman una veintena de personas, la mayoría mujeres, de entre cuarenta y sesenta años, «que deron o paso, converténdose en protagonistas en vez de en meros espectadores», según explica Fátima. «Queda moito camiño por andar, non estamos acostumados a formarnos nas cuestións da igrexa. Vivimos das rendas da época da cristiandade, cando primaba a cantidade por riba da calidade, pero agora dámonos conta da necesidade de formarse», explica la monitora.

Rita Oliveira comparte esta visión y aboga por trabajar en la concienciación para implicar a los fieles en el día a día de su parroquia; en los sacramentos, por supuesto - «non queremos ir á misa, pero si queremos bautizar aos nosos nenos e que fagan a comuñón», apunta- así como en la planificación pastoral y en atención directa a las familias.

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