Piscina nueva, nuevas barreras

Merchi Álvarez denuncia los obstáculos, y no precisamente físicos, con los que se encuentran las personas en silla de ruedas para acceder a las instalaciones cambadesas


cambados / la voz

«A mí no me gusta tener que estar siempre dando la lata y quejándome, pero lo que tampoco puedo hacer es renunciar a mis derechos». Merchi Álvarez expresa con estas palabras el hartazgo que experimentan quienes deben conquistar cada día aquello que, en justicia, les corresponde. Esta mujer, además de batallar contra el AME, acaba de entrar en guerra contra la empresa que gestiona la remozada piscina de Cambados. Y es que estas flamantes instalaciones municipales parecen no tener en cuenta las múltiples realidades quienes hasta allí acuden. Por lo menos, no las de quien, como Merchi, deben usar una silla de ruedas.

Tras la reapertura de la piscina municipal, esta mujer se encontró con que esta se había dotado de un vestuario para personas con discapacidad. «É grande e amplo, si, pero é mixto», dice Álvarez. Ella coincide muchas veces «cun señor maior», que camina con dificultad y que necesita de la ayuda de su esposa para cambiarse. Al hombre lo envían «ao cuarto no que se fan as curas». Algo que, en unas instalaciones nuevas y flamantes, parece del todo incomprensible.

La existencia de un único vestuario molestó a Merchi. Y más la molestó, aún, comprobar que en este no hay taquillas. Por no hablar de las trabas de la dirección a que cierre con llave mientras permanece en su interior. La sala tiene dos puertas, una que da al pasillo general y otra a la piscina, «que cualquiera puede abrir, mismo por error», dejándola expuesta.

Pero los disgustos no iban a acabar ahí. La piscina municipal de Cambados carece de una silla de ruedas de plástico como la que suele haber en este tipo de instalaciones para que las personas que la necesitan puedan acceder a la zona de baño sin necesidad de emplear las suyas. Sería una inversión mínima que en su caso le permitiría ducharse en el vestuario de mujeres y acabar con todos los inconvenientes que ahora sufre. Pero parece que la dirección de la piscina, con la que ayer fue imposible contactar para conocer su versión de estos hechos, no tiene en mente adquirir un equipo que sí existe en piscinas como la de Vilagarcía.

Por si todo esto fuese poco, a Merchi Álvarez aún le iba a salir al paso un problema más: la gerencia del establecimiento le comunicó que su asistente personal, que la ayuda en su aseo y entra con ella en la piscina para que pueda nadar con seguridad, debe abonar entrada. «Cando estou na auga ela está pegada a min, un paso por diante ou ao meu lado, non vai nadar», relata. De hecho, la pasada semana «se me parou o sistema nervioso e para cando o socorrista se decatou, ela xa me sacara da auga».

Harta de discutir con la gerencia de la piscina, Merchi ha recurrido al Concello, titular de las instalaciones, y también a la empresa que gestiona la instalación. Pero ni de un lado ni del otro ha recibido una respuesta a sus reclamaciones. «A entrada da persoa que me atende non é o problema: se teño que pagala, pagareina. O principal problema é a súa negativa a mercar a silla de plástico», señala. Nos relata, a modo de ejemplo, cómo fue su última visita a unas instalaciones que precisa para su bienestar físico: «Tiven que entrar na auga axudada pola miña asistente, porque o socorrista non estaba naquel momento. E cando saín, tiven que esperar un cuarto de hora porque o señor co que coincido no vestiario estaba duchándose e tiven que agardar a que rematara», explica. Y esas son barreras que, aunque no se vean, cuesta trabajo sortear.

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