Los seis muertos de la dorna Mercedes

El Sin Querer Dos ha recordado la tragedia en la que, en 1956, murieron seis cambadeses, cuatro de ellos hermanos


cambados / la voz

Cambados intenta despertar del mal sueño en el que se sumergió el miércoles, cuando llegaron las primeras noticias del hundimiento, en Fisterre, del Sin Querer Dos. Pendientes de que el operativo de búsqueda ofrezca buenas noticias, de que Guillermo Casais pueda volver a tierra, los vecinos de este pueblo con mar intentan metabolizar un sufrimiento que es consustancial a toda villa marinera. Porque si algo saben en las localidades de costa, es que «o mar dá moito, pero cando quita, quita moito tamén». Por eso, en casi todos los puertos hay memoria de tragedias anteriores. Estos días, en Cambados, recuerdan la de O Bahía. Aunque hace quince años la muerte se cebó con Redondela, de donde era la mayoría de la tripulación, abordo del barco cambadés iba el un vecino, Antonio Domínguez Baúlo.

Pero ya hubo una vez en la que el corazón de la villa del Albariño se partió seis veces seguidas: por los seis tripulantes de la dorna Mercedes. Los marineros con más memoria recordaban estos días aquel negro suceso, en el que cuatro de los fallecidos eran hermanos. Ocurrió en abril de 1956, a la altura de San Vicente de O Grove. Según relatan las crónicas periodísticas de la época, el suceso se produjo a la altura de Pedras Albas, «cuando el Mercedes volvía de la pesca». «Al parecer, los tripulantes, que eran siete, quisieron maniobrar con las velas, pero el fuerte viento reinante hizo escorar la embarcación, que se hundió poco después».

De los siete tripulantes, solo se salvó uno. Era José Abal, que «debe su vida al hecho de no saber nadar, pues al producirse el naufragio se agarró fuertemente al palo de la embarcación, y así permaneció hasta las once de la noche, en que fue recogido, ya en estado inconsciente, por un barco que acertó a pasar por allí».

Algunos recuerdan las cábalas que se hicieron en Cambados par explicar aquella tragedia. Pensaban que las víctimas habían intentado alcanzar la costa de O Grove a nado, una empresa que resultó inalcanzable. Fuera por esa o por otra razón, lo cierto es que aquel mes de abril fallecieron Jesús Troiso, de 24 años y Antonio Betanzos, de 26. Y con ellos, cuatro hermanos: el patrón de la Mercedes, Eugenio Domínguez, de 27 años y «casado recientemente», y Elías, Manuel y Antonio. Todos eran hijos del que fue patrón mayor de Cambados, Eugenio Domínguez. «Se da la circunstancia de que otro hermano de los cuatro desaparecidos, Jesús, de 14 años, se había negado rotundamente a acompañarlos en su salida al mar», dicen las crónicas, que dicen que «su feliz desobediencia» le salvó la vida.

Había además dos hermanas Domínguez. Una de ellas era Lola A Rodiña, la madre de María José Cacabelos, concejala de Mar en Cambados. Esta aún no había nacido cuando la tragedia se produjo, pero asegura que aquel naufragio marcó la vida de su familia de una forma insoportable: su abuela, siempre triste. La casa sin fiesta. Y esa mirada al mar, cargada de esa contradicción que caracteriza a la gente que vive junto a él: de amor profundo, de desconfianza reverente.

Pero si hay algo que el mar, cuando golpea, consigue despertar, es ese sentimiento de solidaridad profunda que une a quienes comparten la vida junto a sus aguas. Esa solidaridad la hemos vivido estos días, con Cambados ofreciendo su silencioso y rotundo apoyo a las familias de los fallecidos. Con los gestos simbólicos en recuerdo de Manuel, Teófilo, Bernardino y Guille, como el minuto de silencio guardado ayer en el campo de Burgáns, o la camiseta y las flores que en O Pombal recuerdan el asiento desde el que Teo solía ver los partidos. También en 1956 hubo esa solidaridad. Entonces, cuando los medios de rescate eran otros, «numerosas embarcaciones se hicieron a la mar para intentar rescatar los cadáveres de las víctimas».

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