«Creo en Dios por todo lo que me ha pasado en la vida»

La mujer consigue un piso en Cambados gestionado por la Xunta, que la libra de verse en la calle el lunes


vigo / la voz

La vida de Elisabeth Gómez nada tiene que envidiar a un melodrama de la gran pantalla. Esta vecina de Vigo de 45 años tiene una orden de desahucio para el lunes. No es la primera vez que remonta situaciones desagradables. Su carácter emprendedor la empuja a salir del hoyo, y es lo que está dispuesta a hacer de nuevo. La mujer se trasladará a Cambados, donde la Xunta le ha ofrecido un piso de alquiler social. Allí vivirá con sus hijos de diez, trece y quince años.

-¿Ya ha ido a Cambados?

-Sí, es un piso pequeño pero lindo. Tiene dos dormitorios, salón y cocina. Fui a verlo, y también el colegio para mis hijos. Algunas personas me dicen que no me vaya, que para mis hijos no es bueno, pero yo pienso que habrá gente buena como en todos los sitios. En todas partes hay de todo, y mis hijos tienen muy buena educación.

-¿Cuánto pagará por el alquiler?

-Aún no me lo han dicho, pero creo que menos de cien euros.

-¿A qué debe el desahucio?

-El dueño del piso tenía una hipoteca y se lo quedó el banco. Yo siempre pagué el alquiler, no debía nada.

-¿Y no pudo alquilar otro?

-Busqué por todas partes, pero piden mucho. El seguro, el aval... Una locura. Aquí en Vigo se están pasando. Por una o dos habitaciones ya piden entre 500 y 550, y yo cobro 432 euros de paro.

-El desahucio está fijado para el lunes. ¿Podrá dejar el piso libre ese día?

-Ojalá que tenga ya el de Cambados. Ayer ya firmé el escrito en el que decía que aceptaba. Están haciendo un arreglito en una tarima que se había levantado. Estoy muy agradecida. Creo en Dios por todo lo que me ha pasado en la vida. Doy las gracias a la Xunta, a la plataforma antidesahucios, que es maravillosa, y a ti. Mi madre, que murió con 32 años, era canaria. Me quedé huérfana con siete años y siempre trabajé, tengo todas las pruebas de que he trabajado. Nunca supe lo que era un cigarro o la droga, nunca me escudé en eso.

-¿Por qué dejó Venezuela?

-Aunque soy venezolana, cuando llegó la crisis me fui a México. Además, habían secuestrado a mi hija y decidí marcharme pese a que vivíamos bien, teníamos un chalé. En México puse un restaurante cafetería y me iba bien.

-Y de nuevo abandonó el país.

-Tuve malos tratos, vivía asustada y un día dije no. Dejé a mis hijos con la mayor y una señora y me vine a España. A Vigo llegué hace cinco años desde México.

-¿Y cómo llegó a esta situación?

-Al llegar cogí el traspaso de una cafetería en la Travesía, pero cerraba muy tarde y no podía atenderla. Trabajé también en un hotel, de encargada, y en otra cafetería. Mi pareja era gallega y me ayudó mucho a traer a mis hijos. Es muy bueno, una persona maravillosa, que vale la pena; ahora me ayuda con la alimentación. Nos vemos, pero cada uno está por su lado; es un problema de carácter. Con las parejas, de verdad, no tuve suerte.

-¿Qué dicen sus hijos de su marcha a Cambados?

-Ellos se pusieron a llorar, pero les dije que teníamos que cambiar, igual que cuando llegamos de México. Somos personas buenas y tranquilas, lo pueden decir mis vecinos, y quiero que estudien, nunca han tenido una mala vida, me pondré enseguida a buscar trabajo en la hostelería.

-¿Nunca se ha venido abajo?

-Cuando oigo a la gente decir que cae en una depresión, pienso que mi depresión es salir adelante todos los días por mis hijos.

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