Zara, un McMenú, una peli... ¡Metrópoli!

Gracias al ferrocarril, Vilagarcía es cabecera del transporte en O Salnés


redacción / la voz

En Vilagarcía de Arousa, gustan mucho los términos de geografía económica: en 1986, Abel Caballero, palabra de ministro en aquel entonces, nos entusiasmó convirtiéndonos en cabecera de un interland y en 2018, Alberto Varela, palabra de alcalde, nos ha emocionado proponiendo que seamos cabecera de un área metropolitana. Metrópoli, interland... Palabras mágicas que encierran la aspiración vilagarciana, nunca suficientemente satisfecha, de ser una gran ciudad.

Pepe Conde Corbal, pintor, escritor de periódicos (publicó en todos los diarios gallegos de su tiempo salvo en El Progreso), fabricante de ladrillos en Benavente, minero en Lobios, tertuliano con Risco, con Otero Pedrayo y con el guerrillero Curruxás... Vamos, que sabía de la vida... Pepe, así lo llamaba todo el mundo por aquí, escogió Vilagarcía para envejecer con dignidad y alegría, pero era muy goethiano en aquello de conocer los límites de la vida y por eso me decía, en nuestras charlas del bar Tranquilo, que a Vilagarcía había que entenderla y no podías pedirle lo que no tenía. «Para conseguir lo que no tiene, cojo el tren o el autobús, como hacía don Ramón Otero Pedrayo, que era muy del Castromil», reconocía al tiempo que aconsejaba.

La vida es así: cada lugar tiene su gracia y si queremos acceder a las gracias que no tiene, hemos de trasladarnos a donde nos las ofrecen. En este razonamiento de primero de jardín de infancia se resume el debate que arrebata a O Salnés estas semanas: ¿somos área metropolitana en torno a Vilagarcía o creamos una UTE en el epicentro geográfico, o sea, en Cambados? Esto de los epicentros como solución milagrosa me recuerda a aquel periodista al que trasladaron a Lalín y decía que era feliz porque no había sitio mejor para vivir que allí, en el puro centro de Galicia.

Pero dejemos Lalín y volvamos al lío, es decir, a las elecciones municipales, que son, hoy, como la escuadra inglesa hace cien años: en cuanto asoman por la boca de la ría, todo se trastoca. Que Vilagarcía es el centro de servicios de O Salnés es una verdad tan grande como que antes lo fue Cambados, hasta que llegó el ferrocarril. Pero, ya digo, cuando las elecciones entran por la puerta, la sensatez salta por la ventana y los razonamientos se trastocan en simplezas. A partir de ahí, esto se convierte en La Chocita del Loro y triunfa el que dice más tonterías.

Pero dejemos al Loro en su Chocita y salgamos a la calle y a la realidad. Por ejemplo, vámonos al aparcamiento de la estación de trenes de Vilagarcía un viernes al atardecer. ¿Qué nos encontramos allí? Pues utilitarios llegados desde O Grove, Cambados, Vilanova o A Illa conducidos por padres y madres que vienen a recoger a sus hijos universitarios. Ahora nos trasladamos a la periferia de Vilagarcía, al hospital de O Salnés y el panorama en el aparcamiento es parecido: enfermos y familiares de enfermos que llegan desde toda la comarca. Vamos a la delegación de Hacienda, a la comisaría, a Capitanía, a las dependencias de la Seguridad Social, al único puerto de interés general, a la oficina del DNI y siempre veremos a decenas de viajeros llegados desde cualquier municipio de la comarca para realizar gestiones en Vilagarcía.

La realidad es esa, lo demás son discursos localistas, que seguro que dan votos porque las verdades simples se entienden mejor y ningún convecino de Gonzalo Durán quiere que Vilanova sea, como Carril o Vilaxoán, una parte de Vilagarcía. Pero no se trata de dependencia, se trata de que cuando Camilo José Cela Trulock trazó el primer ferrocarril de Galicia entre Santiago y Carril, supuso que seguiría por Cambados hacia Pontevedra, pero las fuerzas vivas cambadesas pensaron que el ferrocarril iba a ser más una peligrosa molestia que un factor de desarrollo, se opusieron a que el tren pasara por allí, la línea giró en Vilagarcía hacia Pontevedra y la historia de la comarca pegó un brinco que nos lleva a la situación actual.

Llámese metrópoli o llámese Ute, Tute o Lute, pero la realidad es tozuda y las cosas son como son, no como queremos que sean. La estación de ferrocarril y los servicios que ofrece Vilagarcía la convierten de hecho en referencia comarcal, independientemente de lo que digan los políticos. Y lo que habrá que estudiar es cómo combinar los horarios de los autobuses con los de los trenes para dar servicio a los ciudadanos de O Salnés. Incluso ver la posibilidad de que las dársenas estuvieran pegadas a la estación de tren: que todo sea bajar de un medio de transporte y montar al instante en otro.

Medidas así son las que agradece la ciudadanía. Lo demás son ganas de enredar. Puede ser que unos padres de Vilanova o Cambados se indignen y proclamen, siguiendo a Durán o a Aragunde, que Vilagarcía jamás será cabecera de nada, pero, al rato, harán planes con sus hijos: «Venga,

arreglaos, que nos vamos a comprar a Zara, a comer un McMenú y a ver una película... a Vilagarcía».

Primero llegó el tren, después llegó McDonald’s, detrás viene la metrópoli y al que no le guste y busque otra cosa, que haga como don Ramón Otero Pedrayo: al Castromil.

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