Un lugar de cuento para pequeños lectores

Hace cuarenta años que sus padres abrieron un negocio que ella ha convertido en un rincón muy especial


cambados / la voz

Veva tenía apenas tres años cuando su madre puso en marcha la Orensana, una librería. El origen del nombre estaba claro, de esa provincia gallega había llegado a Cambados la mujer, que había optado por este tipo de negocio por lo cerca que tenía el colegio Antonio Magariños y las antiguas aulas de infantil, que entonces consistían en dos barracones que había en el entorno de A Xuventude. A esas clases asistió Veva, que pasó buena parte de aquel tiempo corriendo entre libros y lápices en la librería. «De aquella, los niños estaban en los comercios y no pasaba nada», cuenta. El establecimiento celebra este año, concretamente el próximo 16 de agosto, sus cuarenta años de historia. Y, aunque no se parece mucho a aquella Orensana, sigue ubicado en el mismo sitio y con los mismos protagonistas detrás del mostrador. Allí sigue Veva, que hace catorce años tomó las riendas del negocio y le dio un cambio radical. La literatura infantil y la papelería son sus especialidades. La suya es una librería especial, en la que «tenemos cosas diferentes, como nos dicen nuestros clientes», relata.

No busquen aquí mochilas de La Patrulla Canina, ni lápices de Frozen, ni siquiera estuches del Real Madrid o Barcelona. Desde el principio, Veva tuvo claro que el suyo debería ser un negocio diferente, que no ofreciera lo mismo que el resto. Primero le cambió el nombre. Le puso Contos, «un nombre que ya explica lo que se va a vender», sostiene. Y después optó por especializarse. «Me gusta más la papelería y los libros infantiles e ilustrados». Así que Contos se convirtió en un lugar de referencia para los más pequeños, con preciosas y divertidas publicaciones. «Yo creo que los adultos ya no compran libros, usan más el móvil y la tableta, pero el libro infantil se recuperó mucho por las ilustraciones que tienen y lo mucho que cuidan el formato», asegura. Está encantada. «Los niños escogen los libros y es raro que los padres se los nieguen. Son mucho mejores clientes», explica. Sobre todo porque, añade, los progenitores suelen ser más permisivos a la hora de regalar libros, «porque consideran que son educativos». Ella está de acuerdo y considera que «la edad que más hay que cuidar es cuando empiezan a leer». Sostiene que para estar al día tiene que estar muy pendiente de todo lo que pasa en Internet, sobre todo para atender las demandas de los jovencitos. «En juvenil arrasa todo lo que publican los Youtuberos», asegura.

Pero Veva no solo les ofrece a los pequeños las últimas novedades editoriales. Cada cierto tiempo, Contos se convierte en un lugar de juego en el que se imparten todo tipo de talleres de manualidades y hasta de cocina. Y eso que lo de actuar entre fogones no es lo suyo, como nos confiesa. Ella prefiere los libros y la papelería. Cuenta, además, con una sección de juguetes educativos, aunque reconoce que estos son más difíciles de vender «porque al final los niños quieren solo lo que ven en la tele», argumenta. Y este tipo de juegos no goza de mucha publicidad.

Rastreando las redes

Veva explica que sostener un negocio como el suyo no es tarea sencilla. «Al principio venía mucha gente preguntando por las mochilas de La Patrulla Canina o las del Real Madrid, y lo fácil sería vender eso», asegura. Pero ella no quiso. La papelería es una de sus pasiones y «yo siempre intento no tener lo que tienen en todos lados, porque seríamos todos iguales», asegura. Aunque eso implique mucho más trabajo. Porque Veva se pasa horas pendiente del Facebook o de Instagram, buscando las últimas novedades y tratando de traer productos que no hay en otros establecimientos similares. «Tienes que estar muy pendientes de las redes sociales, aunque tengas una mercería», sostiene. Otra fuente de inspiración son las ferias. «Fuimos a Frankfurt y allí conocí muchas marcas». Esa especialización que comenzó poco a poco ya ha calado entre sus clientes. Ahora la gente ya no viene pidiendo un estuche de Frozen, «ahora nos piden otras cosas porque dicen que tenemos cosas diferentes», asegura. Y es cierto. Si busca un lápiz lleno de unicornios, una libreta con mensaje, una agenda cuidada o un sinfín de pegatinas de llamativos colores, entre otras muchas cosas, este es su espacio. Aquí, las mochilas imitan al caparazón de un dinosaurio y de los cuentos salen, literalmente, sus protagonistas. Está pensado para los niños, pero también conquista a los mayores.

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