«O tinto é medicinal, curoume dunha enfermidade moi longa que tiven»

Lleva toda su vida cultivando y vendiendo vino en una taberna que cuenta con más de 80 años de historia

«Na primeira festa botouse a perder o viño» Manuel Núñez Señoráns lleva toda su vida cultivando y vendiendo vino en una taberna que cuenta con más de 80 años de historia

ribadumia / la voz

Por la taberna de Manuel Núñez parece que no ha pasado el tiempo. Que el establecimiento se ha quedado congelado en esa época en que la que este tipo de negocios eran más que un simple bar. Eran la tienda y también lugar de encuentro en las aldeas. Y así sigue pasando en la de Manuel. Cuenta que el local, ubicado en la parroquia de Leiro, lo abrió su suegro tras llegar emigrado de Argentina, hace más de ochenta años. Pero fue él el que lo hizo famoso por sus vinos tintos. No solo es cosechero, formaba parte también de la corporación que puso en marcha la fiesta, en la que en sus 94 años de vida ha conseguido más de una treintena de premios. Y defiende con insistencia las bondades de este caldo, «para min o tinto é medicinal, curoume dunha enfermidade moi longa que tiven», explica.

Manuel se acuerda de cuando se cultivaba caíño y espadeiro. Y también de cuando llegaron los injertos en las cepas que dieron lugar al Tinto Barrantes. «Nós xa tiñamos once ferrados», relata. Durante doce años fue concejal. Accedió al puesto cuando su cuñado Carmelo Barreiro era alcalde. «Nunha sesión acordamos que se Cambados facía a Festa do Albariño, nós tiñamos que facer a do tinto», cuenta. Y así nació el certamen. Recuerda que aquella primera edición no fue todo lo bien que debiera. «Cada un tiñamos que poñer unha arroba de viño para que a xente puidese bebelo gratis. Pero gardámolo todo nun edificio que había en Barrantes e votouse a perder, e tivemos que mercar máis», asegura.

Desde aquella primera edición, Manuel no ha dejado de participar en la fiesta de Barrantes. Todos los años presenta dos vinos y, en muchas ocasiones, ha logrado hacerse con algún que otro galardón. «Teño trinta e pico premios. Primeiros, segundos, cuartos, quintos...». Eso le ha servido para que sus vinos estén considerados como los mejores. «Agora teño fama de facer bos tintos de Barrantes e sigue vindo moita xente a probalos», argumenta. Fue catador, también de la fiesta del albariño que organizaba Vilagarcía y, hasta el año pasado, participó siempre en la comida. En su bodega y en casa guarda carteles de todas las ediciones de la fiesta. «A min gustábame máis o tinto, pero agora ultimamente o albariño tamén me sabe», asegura. Defiende, sin dudarlo, las bondades del Barrantes, pues tiene muy claro que a él le ayudó a superar una larga enfermedad. «É un viño san e medicinal. Eu tiven unha gastroenterite durante máis de dez anos», relata. Y, tras dar muchas vueltas y consultar a muchos médicos se fue a la consulta de Núñez Gaia. «Doume unhas pastillas e recomendoume dous vasiños de tinto coa comida, un na merenda e outros dous pola noite. Volvín aos dous meses e pesaba catro quilos máis», afirma.

En su opinión, la fiesta ha resultado fundamental para dar a conocer los tintos de Barrantes. «Cando eu vin para a taberna, o viño vendíaselle á xente pobre. Despois, cando se fixo a festa e eu sacaba premios, a xente viña por aquí tomar unha taciña. Acordo un señor de Pontevedra que veu por aquí e que lle gustou moito e dixo que me ía mandar aos seus amigos. Desde aquela aumentou o negocio», asegura. La tienda, y la cosecha, las lleva ahora su hija. Pero Manuel sigue por allí, dando consejos.

«Na primeira festa gardamos o viño en Barrantes e votouse a perder, tivemos que mercar máis»

«Acordamos que se Cambados facía a festa do Albariño, nós tiñamos que facer a do tinto»

«Antigamente o viño collíase de calquera xeito, eu prefiro que a uva madure moito»

Manuel es consciente de que en los últimos años, la elaboración de este vino ha cambiado mucho. Él se ha retirado ya, pero sigue echando una mano a su hija, dándole algún que otro consejo con toda esa sabiduría que solo se puede adquirir con años de experiencia. Porque él fue a la escuela, «dos 6 aos 14 anos», aunque nunca estudió nada relacionado con la viticultura. Pero sabe cosas, como que las uvas que daban aquellas cepas que le dejó su suegro, que tenían 90 años de antigüedad, «daban uvas cunha dozura...». O que el vino sale mejor si se dejan madurar las uvas adecuadamente.

«Antiguamente, o viño se collía de calquera xeito. Antes o 6 de setembro xa estabas vendimando e agora esperamos ata outubro. Eu prefiro que a uva madure moito», asegura. Sigue yendo a pasear por el viñedo. «Vou probar as uvas porque sempre lle dou consello a miña filla», explica. Él siempre prefiere vendimiar tarde, «cando os outros xa teñen encerrado o viño». Es partidario, también, de despalillar los racimos, para que la uva fermente sola, y de que la zona de trabajo en la que se va a elaborar el vino esté limpia. «Hai que saber levar as fermentacións. Hai xente que lle daba unha volta pola mañá e outra pola noite. Eu dáballe cinco ou seis porque así a uva sempre está fervendo», argumenta.

Lo que Manuel no entiende es por qué el tinto no se puede vender. «Eu non sei por que non aproban a venda deste viño, por que din que nin con etiqueta se pode vender», se queja. Él anima a los cosecheros «a seguir presentando os seus viños e, ao que quede fóra na primeira cata, que para o ano faga un bo viño». Por supuesto que él ha vuelto a presentarse con sus dos vinos. Aunque lo que no sabe es si podrá ir a la comida. «Seguro que sí», le anima su hija.

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«O tinto é medicinal, curoume dunha enfermidade moi longa que tiven»