Heredera del legado del Poeta da Raza

De su abuelo conserva muchos recuerdos, pero también objetos como el escritorio en el que trabajaba


cambados / la voz

Pitusa Cabanillas guarda muchos recuerdos de su abuelo. De aquella persona «que tenía muy poca paciencia con los niños» y que venía de vez en cuando para quedarse en su casa una temporada, entre viaje y viaje a Madrid. Pero posee también la mayoría de las escasas pertenencias que se conservan del Poeta da Raza. Porque ese era su abuelo, Don Ramón Cabanillas, uno de los escritores más insignes de la literatura gallega. Lleva sesenta años recopilando todo lo que cae en sus manos relacionado con el autor y se ha empeñado en que todo ese legado, ese pequeño trozo de la historia, quede en su localidad natal. Por eso el próximo 2 de junio recibirá el premio que, de forma conjunta, entregan los libreros de la localidad y el Concello. «Me lo pidieron todo del Gaiás y del Museo de Pontevedra, pero yo quiero que quede en Cambados», asegura.

En la misma casa en que ahora vive Pitusa pasó el poeta muchas veladas. «Mis padres eran muy permisivos y, de aquella, que los niños no podían hablar en la mesa, a nosotros nos dejaban. Menos cuando venía el abuelo», relata. Cabanillas pasaba largas temporadas en la capital, pero de vez en cuando se dejaba caer por Cambados. «Venía de vez en cuando y la abuela Eudosia, que tenía una economía muy precaria, siempre guardaba cosas por si él aparecía, aceite, azúcar...», recuerda. Aunque reconoce que el carácter del poeta no era fácil, «con la abuela era muy cariñoso. Cuando ella murió nosotras estábamos internas en un colegio y él quiso venir en persona a darnos la noticia. Tengo esa imagen grabada, de verlo en el recibidor, con los ojos llenos de lágrimas», asegura. Fue su abuelo también quien la recibió en un viaje que hizo a Madrid cuando ella ya estudiaba en Santiago. «Nos llevó al café donde se reunía con sus amigos y nos dijo si queríamos tomar algo. Cuando el camarero nos sirvió nos dijo ‘esto es lo que se llama tomar un vino en la barra’ y a nosotras, que estábamos hartas de chatear por Santiago, nos dio un ataque de risa», cuenta.

En Santiago también compartió casa con el autor, unos años antes de que falleciera. «Venían a buscarlo García Sabell, Luis Villar Iglesias y Ramón Piñeiro a casa y se lo llevaban para sus reuniones», recuerda. Iban también periodistas a entrevistarlo, «se indignaba porque decía que lo que le preguntaban era una tontería». Y a su madre la volvía local. Después se vino para Cambados. «Tenía muchas visitas. Paz Andrade, Otero Pedrayo, Cunqueiro... venían a verlo y nosotras participábamos en esas visitas. El abuelo era un hombre que hablaba y daba gusto oírlo, igual que a su hijo Ramón», asegura.

Cuando se le pregunta por el legado del poeta, a Pitusa le da la risa. «¿Qué legado?», pregunta. Porque el poeta apenas dejó nada. «A mi me extrañaba que no hubiera dedicado un libro a una de sus hijas. Hasta que un día, preguntando a la tía Luísa y al tío Marcos, me contaron que ellos tenían libros dedicados, primeras ediciones y fotos. El tío Marcos había hecho hasta un libro de recortes». La explicación que le encuentra es que su abuelo, «cuando marchó para Baracaldo con mis tíos metió todo lo que tenía en una maleta. Y el tío Marcos, que era muy curiosito, lo guardó y hasta encuadernó los libros viejos», afirma. Así fue como llegó a sus manos. «El tío Marcos me dijo ‘tu eres la única que cuida de todo así que te voy a dar todo lo que hay de tu abuelo’». A eso hay que sumarle la colección que ella reunió. «Desde que el abuelo murió, todo lo relacionado con él que caía en mis manos lo recortaba y lo guardaba». Así lo hizo durante 59 años. Pero tenía todo sin ordenar. Así que cuando rehabilitó la casa en la que ahora vive «pensé, voy a dejar una habitación para las cosas del abuelo». Y un día se armó de paciencia y se puso a catalogar todo lo que allí tenía. Con tan mala suerte, que ese listado se perdió. Luis Rey, que escribió una biografía del autor, y el cambadés Francisco Fernández Rey, le ayudaron a poner orden.

Todavía conserva esa habitación. Es como un espacio por el que no ha pasado el tiempo. «Este es el escritorio en el que él trabajaba. Y su silla, mira, está rota pero me da pena arreglarla», explica. Sobre estos muebles cuelga la ilustración «que tenía en el cabecero de su cama» y en un armario, curiosamente guardadas, están muchas de sus obras. Libros que tienen tantos años como historia. En las paredes hay un poema, «de Otero Pedrayo que le escribió contándole un viaje que hizo por Galicia» y otras joyas, todas cuidadosamente enmarcadas. Y en el suelo se apilan los archivadores en los que se han clasificado todos los documentos. Todo este material tiene ahora un destino, el Concello de Cambados. Pitusa siempre tuvo muy claro que era aquí donde debería quedar el legado de su abuelo. Y por eso, y por otras muchas cosas, recogerá en breve el premio Cabanillas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Heredera del legado del Poeta da Raza