Adiós a cuarenta años entre papeles y cortinas

Llevan toda su vida decorando casas y ahora han decidido tomarse un merecido descanso

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cambados / la voz

Fue un 2 de febrero, pero de hace cuarenta años. «Nuestros maridos estaban trabajando juntos y decidieron montar una tienda», explica Marina Baúlde mientras termina de rematar una cortina. A su lado está Mari Carmen Agra, su compañera en este viaje que fue Deco-Rey’s, una de las tiendas de decoración con más historia de Cambados. También está trabajando porque, a pesar de que hace ya un mes que han anunciado que cierran sus puertas, todavía tienen encargos por entregar a sus clientas. Esas que llevan toda la vida confiando en ellas para diseñar sus cortinas, elegir el papel pintado del salón o confeccionar un edredón a medida, entre otras muchas cosas. Ambas consideran que cuarenta años de trabajo son más que suficientes. «Ya tengo derecho a descansar», asegura Mari. De ahí que hayan decidido echar el cierre. Mientras cosen, recuerdan esos tiempos en los que empezaron. «Trabajamos mucho y muy duro», asegura Marina. «Y empeñadas hasta las cejas», añade Mari. En todo este tiempo tampoco se han separado, «siempre las dos juntas», afirman.

Antes de llegar al mundo de la decoración, Mari probó en primera persona lo que era la emigración. «Recién casados hicimos la maleta y nos fuimos a Suiza», cuenta. Marcharse de aquella era toda una aventura. «Ahora la juventud está muy preparada, nosotros éramos unos ignorantiños que no conocíamos el idioma, ni lo que eran los espagueti», sostiene. Pero, a pesar de todo, se fueron adaptando. Hasta que tuvo a su primera hija, a la que dejó en Cambados con sus padres para volver a marchar. Aquello fue demasiado y fue entonces cuando decidieron regresar. Llevaban más de cuatro años en Suiza. Su marido y el de Marina empezaron a trabajar juntos, con una empresa de pintura y decoración. Y pusieron una tienda, Deco-Rey’s. «Me casé el 15 de octubre y el 2 de febrero me metí en la tienda», añade Marina.

Sin teléfono

Aquellas eran otras épocas, recuerdan ambas. Empezaron con el papel pintado. «Se vendían furgonetas enteras. Yo recuerdo que venía cargada de Vigo y con todo vendido ya», explica Marina. Estaba de moda y se «empapelaban edificios enteros. Me acuerdo de que en agosto del año 79 empapelamos un edificio entero de Vilagarcía. Colocamos papel en todos los pisos», cuenta. Tampoco los medios eran los que hay ahora, ni mucho menos. «No había teléfono e íbamos a llamar a la Telefónica para hablar con los proveedores. Los recados nos los dejaban en la Pastelería Costa», añade Mari. Ellas eran también las encargadas de buscar proveedores «e íbamos a las ferias a Valencia», relatan. Coger el coche, hacer noche en la capital española y continuar hasta Levante para poder buscar nuevos diseños. «Aprovechábamos e íbamos a algún espectáculo, eran nuestras vacaciones», relata Marina.

En los años ochenta empezaron también a hacer cortinas. Y ocho años después se mudaron al local en el que ahora se despedirán del negocio. «Trabajamos mucho. Ellos iban también los sábados por la tarde. Sin vacaciones y sin nada», explica Marina. «Estábamos empeñados hasta las cejas y había mucho que hacer», reitera Mari. Y a eso se dedicaron durante todo este tiempo, a trabajar mucho y muy duro. Ahora las cosas han cambiado, aseguran. Ya nadie empapela un piso por completo y pocos hacen cortinas a medida. «Antes entrabas en un piso nuevo y arreglabas todo. Ponías juegos de cortinas y edredones. Hoy en día, como mucho, ponen una habitación», sostienen. Las gente joven se deja llevar por las grandes cadenas, como Ikea, a pesar de que sus productos no tienen nada que ver con los que elaboraban estas dos cambadesas. Piezas diseñadas a medida y pensadas en exclusiva para el espacio que iban a ocupar.

Tras cuarenta años de intensa labor, ambas consideran que ha llegado el momento de descansar, de tomarse un respiro y disfrutar de otro modo de la vida. «Tengo ganas de vivir un poco», asegura Mari. Así que en breve echarán el cierre de forma definitiva. Deco-Rey’s dejará de atender al público y con este establecimiento se irá un pedacito de la historia de Cambados.

Cuando empezaron ni siquiera tenían teléfono, iban a llamar a la oficina de Telefónica

Los viajes en coche a la feria de Valencia para buscar proveedores eran sus vacaciones

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