Preparándose para la vida en el «high school»

Crecieron juntas y el próximo curso compartirán, también, la aventura de estudiar en Norteamérica


cambados / la voz

Todavía no acaban de creérselo. Mariña y Carmen están entre los ochenta estudiantes gallegos que han sido seleccionados para disfrutar de una beca de la Fundación Amancio Ortega, que les permitirá estudiar el próximo curso en Estados Unidos y Canadá, respectivamente. Ambas tienen quince años, cursan cuarto de la ESO en el instituto Ramón Cabanillas de Cambados y en agosto hacen las maletas para emprender la mayor aventura de su corta vida.

Cursarán el equivalente a primero de Bachillerato en uno de esos high school que tan populares hicieron Zac Efron y compañía, aunque son conscientes de que lo de bailar y cantar en clase solo ocurre en la tele, ¿o quizá no?. «A ella sí la veo cantando», señala Mariña en alusión a su compañera y amiga. Y es que Carmen, dice la profesora Celia, canta como los ángeles y, además, toca el clarinete, el piano y la guitarra. Lo de la música le viene de familia; su abuelo fundó la Banda de Caamaño, de Porto do Son, y ella sigue la tradición. De hecho, se enteró de que obtuvo la beca mientras tocaba en una procesión, con su madre, a la que besó y abrazó como nunca cuando comprobó, vía móvil, que su nombre figuraba en el listado de los seleccionados.

Fue el martes 23 de enero a la una de la tarde, una fecha que no olvidará, como tampoco lo hará Mariña, que a esa hora estaba en una actividad de teatro de Francés y no veía la hora de que se hiciesen públicas las listas. No las tenían todas consigo, ni mucho menos. «Cuando nos presentamos a la primera prueba -escrita y en inglés- y vimos la gente que había, chicos que ya habían estado en cursos en Inglaterra y que tenían mucho nivel, dijimos: ‘No pasamos, venimos aquí a hacer bulto’». Pero no. Estas chicas de 9,6 y 9,8 en sus expedientes de tercero de la ESO pasaron la primera criba y pasaron la segunda (esta vez un examen oral), lo que les garantiza el pasaporte para cruzar el Atlántico con todos los gastos pagados: viaje, matrícula, libros, alojamiento, manutención y una asignación mensual de cien dólares.

De otra forma no podrían aspirar a semejante lujo. Según sus cálculos, estudiar un curso en un instituto norteamericano, estancia incluida, supone unos 40.000 dólares. Vivirán con una familia y durante diez meses no podrán viajar a España ni recibir visitas. Nunca estuvieron tanto tiempo fuera de casa ni tan lejos y saben de antemano que van a echar mucho de menos a la familia, los amigos, la Navidad con los suyos, los carnavales en Cambados y la tortilla de patatas, pero sus temores se mitigan en cuanto vislumbran las oportunidades que les depara el futuro.

Su principal motivación a la hora de decidir presentarse a estas becas fue mejorar su inglés, pero también son conscientes de que más allá del currículo académico, esta será una experiencia vital irrepetible que les ayudará a crecer. Por de pronto, ya han empezado a practicar en la cocina, aunque Mariña ya se las arreglaba con las lentejas, y ha empaparse de la cultura norteamericana a través de otros chicos que han estudiado o siguen estudiando en el extranjero. Por supuesto, los Amancio Ortega gallegos del próximo curso ya tienen grupo propio de WhatsApp, y así han sabido que también hay becarios de Vilanova y de Vilagarcía. Para conocer la ciudad a la que irán y la familia con la que vivirán todavía deberán esperar unos meses. «No sabemos lo que nos vamos a encontrar», comentan expectantes.

Estas jóvenes cambadesas de mirada clara, verbo fácil y sonrisa generosa tienen las ideas muy claras sobre lo que quieren en el futuro. Carmen del Castro, estudiar aviación para poder pilotar algún día un avión como el que la llevará a Canadá. Mariña Chaves quiere ser profesora, todavía no sabe muy bien de qué asignatura, aunque muestra predilección por los números. Acerca de lo que no hay discusión es sobre su vocación docente, de hecho, desvela su compañera, ya la ejerce «porque cuando alguien tiene una duda, siempre va a Mariña a que le explique las cosas». Ella también ha salido melómana -hace cuarto profesional de violín- y no es lo único que comparten estas amigas. Comparten mucho y desde hace tiempo. Fueron compañeras de clase en el colegio de A Pastora, después en el Magariños, ahora en el instituto Cabanillas y el destino ha querido que vayan de la mano a la hora de hacer las Américas.

¿Quién dice que los adolescentes no tienen los pies en el suelo? «Dicen que tenemos la cabeza en otra parte y que estamos todo el día con el móvil, pero hay muchos que tenemos metas y sueños». Ellas son un excelente ejemplo.

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