Desde Holanda para hacer vino con el corazón

Los hermanos cambadeses Paris y Evaristo González Daporta aparcan su vida urbanita en Ámsterdam para rescatar el legado de su padre

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cambados / la voz

Hace años que Evaristo (Tito para quienes lo vieron crecer en Cambados) se dejó caer por Ámsterdam, donde creó su propio estudio de diseño gráfico. Paris recaló en Madrid para trabajar en el sector audiovisual y en el 2010 acabó instalándose en Holanda para colaborar con su hermano, previo paso por Dublín para aprender inglés. Nada hacía presagiar que fueran a volver al terruño para hacer vino, pero aquí están. Su padre, Evaristo González, se jubiló en el 2010 y las cubas de la casa de Corvillón de Arriba se quedaron un poco huérfanas. Los González Daporta no se acostumbraban a perder esta su seña de identidad, y como al cabo de cinco años la bodega causa baja en el consello regulador, antes de llegar a este punto, Evaristo y Paris decidieron rescatarla contra la opinión general de familiares y amigos. «Dicían que era unha loucura. Tomamos a decisión en agosto e en setembro estabamos vendimando», relatan.

Paris dejó atrás la Venencia del norte y se instaló definitivamente en su tierra natal, donde se encarga de las cuestiones de logística del día a día. Evaristo hace el seguimiento desde su oficina en Ámsterdam y el tiempo que tiene libre se escapa a Cambados para trabajar y para disfrutar. «Non pensei que fora a engancharme tanto. Ao principio víao case como unha obriga, pero agora estou encantado, estame axudando co meu estrés, durmo mellor... Isto non o facemos para gañar cartos porque é unha produción moi pequena, é un proxecto de corazón, un tributo ao meu pai», relata.

Esto de cultivar y elaborar vino no les coge de nuevas, ni mucho menos. Desde niños están familiarizados con la viticultura, «levámolo no sangue», dicen. De aquella experiencia, de lo que les sigue enseñando su padre y de lo que leen y aprenden a diario se sirven ahora para convertirse en bodegueros. Una vez arreglados los papeles en el notario -una tarea nada fácil por el lío que se montó con las escrituras al llamarse igual padre, madre, hijo e hija-, Paris y Evaristo son ya los dueños de la casa de Seixido en la que pasaron tantos días de su infancia.

La esencia sigue siendo la misma. El inmueble en el que se asienta la bodega fue reconstruido en 1885 como vivienda y bodega por Nazario Pazos. En 1975, Evaristo González amplía los viñedos con la adquisición de fincas en la desembocadura del Umia y en 1996 se renuevan las instalaciones, convirtiéndolas en la bodega que es hoy. El alpendre ha sido acondicionado como zona de degustación pero las piedras y el lagar siguen siendo los mismos. El vino, también. «Facemos o viño como se facía hai cincuenta anos, de xeito totalmente artesanal, con máis cor, máis aromas..., diferente aos Rías Baixas que están agora de moda», explica Evaristo. Tanto es así, que su marca Viño de Evaristo no está amparada por la denominación de origen porque no cumple los parámetros del consello. Este blanco tradicional y su Rías Baixas Seixido de Evaristo -este sí con DO- se pueden degustar ya en varios establecimientos de Cambados y se pondrán a la venta en la Feira do Viño de Autor que este fin de semana se celebra en Meaño. Será la primera vez que el tándem González Daporta se pone tras el mostrador con sus caldos, y afrontan esta cita con mucha ilusión. «Estamos moi orgullosos do noso viño, á xente gústalle moito».

Estos dos urbanitas declarados han vuelto a sus orígenes, y no se arrepienten. «Levo uns meses de non parar, pero en Cambados vívese moi ben», señala Paris. Nada que ver con la gris rutina de Ámsterdam, donde para quedar a tomar una cerveza en el bar había que tirar de agenda «e quedabas para dentro de tres semanas», relata. La cambadesa no se resignó y montó un «grupo de latinas» en el que acabaron confluyendo españolas e hispanoamericanas ávidas de cañas y de fiesta. «Parecía a OTI» cuenta Paris entre risas. Las andanzas por el mundo de esta pareja dejan no pocas anécdotas. «Non te vai chegar a libreta», lanza un visitante inesperado que nos sorprende charlando alrededor de un albariño con ostras y jamón, gentileza de la casa. Tito, o Evaristo G. Daporta como se hace llamar en ambientes anglosajones, dejó muy joven su pueblo para estudiar y trabajar: en Nueva York, en Italia, en Madrid, en República Dominicana... Imposible resistirse a contar su experiencia con el huracán George en 1999. Nunca tal viera. Los árboles y los ventanas salían volando y él tuvo que agarrarse a donde pudo para no seguir el mismo camino, incluso lo llegaron a dar por desaparecido. «Quedei traumatizado. Eu si podo dicir que estiven no ollo do furacán». Una buena historia para acompañar de un albariño.

La bodega. Está situada en Seixido (Corvillón-Cambados), en una casa reconstruida en el año 1885.

La producción. Seis mil quinientas botellas de dos marcas. La elaboración sigue los esquemas tradicionales heredados de su padre.

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