La pasión por la historia, de cero a noventa años

Alicia aprovecha el conocimiento de la gente mayor para transmitir el valor del pasado a los más pequeños

s. g.
vilagarcía / la voz

La historia es la esencia del presente. «Hay que entender el pasado para comprender el presente», decía el historiador e hispanista francés Pierre Vilar. Y esto es algo que Alicia Padín siempre tuvo muy claro: «Desde el instituto, cuando comencé a estudiar Historia del Arte de la mano del profesor Augusto Guedes [impulsor de múltiples actividades de carácter cultural relacionadas con la historia]».

Lo que para ella comenzó como una aventura, un juego para probar suerte en una carrera que le resultaba atractiva, acabó convirtiéndose en su gran pasión. «Al terminar la licenciatura, comencé en un máster de estudios medievales y actualmente estoy con una tesis sobre las iglesias románicas de la zona de O Salnés, un estudio completo de las edificaciones desde la época romana hasta la actualidad».

Alicia no deja nada al azar en su trabajo, para ella lo más importante es la formación y el conocimiento. Por ello, tras resultarle insuficiente para su satisfacción personal el máster realizado, preparó el curso de experto universitario en gestión cultural, cuando este todavía estaba en su primera edición. «Siempre que puedo me apunto a los nuevos cursos que comienzan a salir, cada vez más numerosos, porque parece que la historia está de moda», comenta risueña ante esta buena noticia.

Tal es su grado de atracción magnética por el «mundo del pasado», que se lo lleva a su día a día, a su vida cotidiana, como solo los verdaderos amantes de su trabajo son capaces de hacer. «Mis padres tienen una cafetería en Cambados y cada vez que se acerca a ella el típico turista un poco perdido y preguntando por la caseta de información o lo que puede visitar, yo empiezo a explayarme sin medida». Lobeira y Armenteira son sus dos localizaciones favoritas para recomendar a los visitantes. Se ríe al recordar la situación: «Menos mal que tengo a otra persona atendiendo el bar conmigo, si no... ¡se me olvida todo!».

Pese a tener tan solo 30 años de edad, su conocimiento es tal que trata de ponerlo a disposición de las personas interesadas en los cursos de verano que imparte durante el mes de julio en Vista Real. «El curso de este año lleva por título Arte, historia, geografía y cultura en la comarca de O Salnés (www.culturacomarcadelsalnes.weebly.com), y se centra en la ruta del Padre Sarmiento», explica. Y no solo conocimiento es lo que ofrece; su generosidad es tal que siempre se ofrece a echar una mano en aquellos proyectos para los que la van llamando: «Siempre estoy abierta a ayudar, todo de forma muy voluntaria, por desgracia». Ante todo es realista con la situación. Pese a que para ella la historia, con mayúscula, es una «verdadera vocación», también es su trabajo, del cuál tiene que poder vivir: «La remuneración es casi nula, pero en algún momento tengo que empezar a cobrar y trabajar en serio; igual si dejase de hacerlo voluntario empezarían a valorar mi disponibilidad siempre y en todo momento».

Lo que más la apena es su previsión de futuro: «La era tecnológica ha hecho que no se valore tanto la historia, lo que conlleva una pérdida del interés patrimonial». En su mirada se puede apreciar la preocupación mientras reconoce que «la gente mayor valora más el entorno como algo propio, sobre todo a nivel etnográfico; los jóvenes pasan más de este tema». Con la inquietud propia de un espíritu joven y entusiasta, fomenta la creación de campos de trabajo, talleres y cursos para niños: «cuando tienen 7 o 8 años se encuentran en la edad propicia para despertar en ellos la curiosidad por el arte y la historia». Alicia recuerda que cuando se le explica la historia a los niños, debe hacerse en forma de cuento de Disney, como si ella se trasladase al mismísimo País de las Maravillas: «Les estás hablando de algo difícil de comprender, porque solo ven unas cuantas piedras y muros, así que tienes que echar mano de recreaciones antiguas y tu imaginación».

En el otro extremo de edad, son los más mayores los que están preservando nuestra cultura, soportando sus cimientos y manteniendo la identidad de nuestro pueblo. Alicia cuenta con especial cariño cuándo fue realmente consciente de esto, «mientras realizaba el proyecto para la beca de la Diputación en el Concello de Vilanova, en el que el alcalde, Gonzalo Durán, me encargó investigar Cálago». En un momento de la investigación, se facilitó a la gente de la zona un teléfono de contacto para que pudiesen aportar información sobre el monasterio, la tradición oral y todo aquello que recordasen los más ancianos de la zona. Fue así como la historiadora conoció a Miguel, un hombre que rondaba los noventa años, vecino de Caleiro, «que me debió escribir como diez o doce cartas, transcribiendo cosas que él tenía en libros, artículos fotocopiados y demás; se lo agradecí un montón y todavía las guardo con muchísimo cariño». Esas vivencias hacen que su trabajo valga la pena.

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