«Pon que soy una persona feliz»

La joven recorrió Cambados para mostrar a niños y mayores las barreras arquitectónicas a las que se enfrenta


cambados / la voz

A los nueve años empezó a tropezarse con todo sin motivo aparente y a partir de ese momento su cuerpo inició una escalada infernal hasta la parálisis. Jessica Martínez Romero sufre una enfermedad neurodegenerativa que los médicos no son capaces de diagnosticar y que acabó por condenarla a una silla de ruedas. De momento nadie le prescribe un tratamiento, pero Jessi, que ha cumplido los veinte años, no se rinde. Desde hace tiempo da nombre a una campaña de recogida de tapones de plástico cuyo destino es recaudar fondos, una iniciativa que ha obtenido respuesta desde numerosos puntos de Galicia y Asturias.

La causa de Jessica ha llegado también a Cambados. Los alumnos de Infantil de los colegios de A Modia y de Vilariño han empezado a recoger todo cuanto tapón encuentran por casa para que Jessi pueda curarse algún día. Entretanto ese día feliz no llega, han tenido la oportunidad de conocerla en persona gracias a que la joven de Redondela se trasladó el domingo a Cambados para compartir con ellos un paseo por el centro del pueblo.

El objetivo era mostrar a los más pequeños, y a los padres y profesores también, los obstáculos que suponen las barreras arquitectónicas a la hora de desplazarse en silla de ruedas. En ambos centros educativos están trabajando este curso un proyecto sobre el cuerpo humano y la salud, y Jessi se ha convertido en una suerte de madrina. Con ella realizaron un recorrido que arrancó en la Praza do Concello y terminó en la plaza de Ramón Cabanillas después de sortear bordillos y coches mal aparcados que no dejaban sitio para que pasara la silla de ruedas, aunque Cambados no es de los peores sitios que se encontró, según afirman quienes la acompañaban. Quizá los niños de tres y cuatro años son un poco pequeños para reparar en este tipo de problemas, opinaba una madre, pero, en todo caso, padres y abuelos participantes coincidían en el acierto de la iniciativa.

Jessica habla muy despacio y muy bajito pero la lucidez de sus palabras tiene un efecto amplificador. «Hay dinero para todo y para lo que realmente importa no lo hay, es muy triste», reflexiona. A veces le decae el ánimo, confiesa, pero el domingo se la veía contenta, rodeada de niños, acompañada de su pareja Alberto y luciendo sombra de ojos y su mejor sonrisa. Jessi no puede andar pero está muy activa; tiene un blog, un libro en el que narra su vida y, siempre que puede, responde a las invitaciones como la cursada desde Cambados. La ciencia no le da esperanzas pero su optimismo conmueve. «Pon que soy una persona feliz». Sea.

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