Una sueca a la que le gusta decir «arre demo»

Llegó a España hace medio siglo para aprender español y ahora gana premios por traducir libros al gallego


cambados / la voz

¿En castellano o en gallego? le preguntamos a la hora de abordar la entrevista. Presuponemos que, por ser escandinava, Marta Dahlgren se desenvuelve mejor en el idioma de Cervantes, pero no, prefiere que nuestra conversación sea en la lengua de Rosalía. ¿Cómo chega unha sueca a escribir en galego? seguimos indagando. «Tiven a sorte de atopar a Alejandro Tobar, da editorial Hugin e Munin, que tivo fe en min, aínda que na primeira tradución houbo que corrixir moito». Otras vendrían después. Vivir no fin do mundo, la Casa de bonecas... Una de sus últimas traducciones, Kallocaína de Karin Boye, ha sido merecedora del Premio Plácido Castro de Tradución, que se le entregó ayer en un acto celebrado en Cambados, con el que la autora se mostró muy agradecida y feliz. Marta leyó Kallocaína siendo adolescente, en su Suecia natal, «e impresionoume». «É unha obra que debería ler moita xente para darse conta dos perigos inherentes a unha ditadura», apuntó durante su intervención.

Este y otros libros le marcaron y ahora aporta su grano de arena para acercar la literatura sueca a esa Galicia que es ya su casa. «Suecia gústame moito pero agora xa non podería vivir alí. Estou afeita ao ritmo de vida de aquí». Le gusta Galicia, su paisaje y su gente, aunque no se acaba de acostumbrar al ruido de las bombas de palenque y de las orquestas a todo volumen en las fiestas. «Niso son estranxeira», matiza. Y, sobre todo, aquí están su familia, sus amigos y las vivencias de dos tercios de su vida. Hace 47 años que se instaló en Vigo, acompañando a su marido, un ingeniero que encontró trabajo en Barreras. Procedía de Madrid, adonde viajó desde Suecia con la idea de quedarse una temporada para aprender español, y como encontró trabajo como azafata de tierra en el aeropuerto de Barajas, acabó por establecerse en el sur, donde encontró esa luz que tanto echaba de menos en su país aunque fuera a costa de cambiar los frondosos bosques por el secano de la Meseta. No sería por mucho tiempo. En Galicia se reencontró con el verde y con el mar. «Non sabía nada de Galicia e quedei abraiada do fermosa que é, é semellante a Suecia en algunhas cousas aínda que con mellor clima». Desde A Ramallosa reflexiona sobre la necesidad de preservar el tesoro paisajístico y medioambiental que es Galicia, y su idioma. «O galego necesita axuda. Todos os idiomas sen estado necesitan axuda das institucións para sobrevivir», y pone el ejemplo de Cataluña.

Reconoce que respecto a hace cincuenta años se ha mejorado mucho en este terreno. «Cando eu cheguei era unha vergoña falar galego, hoxe meu neto aprende en galego, pero aínda hai moito por facer. A lingua maioritaria segue sendo o castelán e na televisión só se fala castelán. Eu teño amigos moi cultos que din que non len en galego. Hai que dar axudas para publicar en galego».

Le pedimos que elija una palabra del diccionario. Se lo piensa. «Gústame moito a expresión arre demo, tentei metela nun libro pero non me deixaron», cuenta en un gallego perfecto en su vocabulario y construcción pero con un acento que delata su procedencia «de fóra». «A xente da Ramallosa di que a señora Marta fala un galego moi raro. E que o meu é un galego aprendido na facultade», explica.

Ya con hijos a su cargo, Marta Dahlgren empezó a estudiar Filología Inglesa a los 35 años, primero en el colegio universitario de Vigo y después, en Santiago, cuando cubrir la distancia entre ambas ciudades le llevaba tres horas. Enseñó inglés en Enxeñería Técnica Industrial y en la Facultad de Traducción, y hoy, ya jubilada con 75 años cumplidos esta misma semana, sigue ligada a los libros y a un idioma que ama y que ha hecho suyo, «aínda que falo mellor o español».

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