Una vida repartiendo suerte que da para un libro

La lotera más veterana y rubia de la comarca cumple 40 años al frente de la Administración de Cambados

Marina Rial empezó comprobando los premios de la lotería en un cartón, hoy, afortunadamente dice, lo hacen las máquinas.
Marina Rial empezó comprobando los premios de la lotería en un cartón, hoy, afortunadamente dice, lo hacen las máquinas.

cambados / la voz

«Dame o apartamento», dice Luisa. Esta anciana lleva años acudiendo a la administración de lotería de Cambados, pero tampoco le tocó en esta ocasión. A la que sí le cayó un pellizco es a Carmen, la mujer que la cuida y acompaña, que se llevó 72 euros para casa. Lo del apartamento es la forma que tiene Luisa de tentar a la suerte. La gran mayoría se limita a pedir «el que toque» y Marina Rial elige entre los números que cuelgan sobre el mostrador. «A xente vén con moita ilusión, que pena non ser Papá Noel para dar moitas alegrías». Aunque alguna sí que dio.

Como olvidar las Navidades de 1981 cuando repartió un gordo de los Reyes Magos o aquel primer premio íntegro que vendió a la cofradía de San Roque de Cambados pocos meses después de abrir la administración. Corría el año 1976 cuando Marina se metió en este negocio. Entonces solo había puntos de venta de lotería en Vilagarcía y en Pontevedra «e daquela si que vendíamos».

El sablazo de Solchaga

Los clientes llegaban de Sanxenxo y de O Grove en busca de ese número que les arreglara la vida. Pero en esto llegó Solchaga -dice en alusión al ministro de Hacienda con Felipe González- y se acabó lo que se daba. «

Empezaron os impostos»

. Lo que no ha cambiado es el entusiasmo que pone la gente en los sorteos, pese a que el abanico de posibilidades se ha disparado en los últimos años. A las tradicionales Lotería y Quiniela se han sumado el Euromillones, la Bonoloto y un sinfín de especiales. Y menos mal que todo se hace con maquina si no sería un sinvivir. «

Non me quero acordar daquela época. A xente era moi desconfiada, agora coa máquina xa non hai problema»

, comenta Marina rememorando los tiempos en que tenía que comprobar los premios en un cartón.

En la administración es un no parar. Especialmente en las horas centrales del día, el goteo de gente por el local de la plaza de abastos de Cambados es incesante. A veces hay un respiro pero no suele haber tiempo para la cháchara. «Aquí non podes nin falar, como a xente teña que esperar un pouco, xa está protestando. Isto as veces é como a cadea», reconoce.

Son muchas horas y muchos días tras una vitrina acristalada, instalada en la rutina de cobrar y dar el cambio. Por eso el año próximo, cuando se jubile, va a aprovechar para hacer lo que siempre ha querido: «Vou estudar, quero aprender para escribir un libro sobre a miña vida», confiesa.

Marilyn y Sofía Loren

Habrá que esperar hasta entonces para desgranar las vivencias de la que en Cambados llamaban la Marilyn, por su cabellera rubia y aquellos trajes negros y ajustados que se gastaba en su juventud. Tal era su popularidad que la reconocían allá por donde iba, hasta en Victoria.

«Foramos buscar ao meu fillo que estaba estudando, e estando nunha festa veu un e preguntoume ?¿ti non es a que vende lotería en Cambados??. Fíxonos moita graza e invitámolo a tomar algo»

. Otra vez le ocurrió paseando por Noia:

«¿Ti non es a rubiña de Cambados?

», le espetaron. Sí, es muy popular, pero que conste que a ella eso de que la llamaran Marilyn no le gustaba nada, aunque en casa ya debían de estar acostumbrados a estas lindezas. «

A miña irmá chamábanlle Sofía Loren»

, explica.

Marina Rial nos atiende despachando bonolotos y loterías a clientes de muy distinto perfil; desde el joven que llega con el billete en la mano y apenas emplea diez segundos en hacer su apuesta o al jubilado que se lo toma con calma y se permite un piropo. «Que bien te queda ese gorro que llevas», le suelta. Ella responde con una sonrisa y da paso al siguiente: una mujer que, como no, le pide «un número que toque». «Toma, douche o mesmo que xogo eu», y es que ella también trata de tropezarse con la diosa Fortuna.

Nunca le tocó ningún premio importante, afirma, pero se conforma con repartir alegría. Aunque desde que se le desmayó un cliente al decirle que tenía premio, quedó escarmentada y evita ser ella la que dé este tipo de noticias. «Cando é así dígolles que vaian ao banco». La inmensa mayoría no tendrá esa oportunidad y se conformará con lo de tener salud.

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