El hombre que supo reconstruir el PSOE a orillas del Atlántico

Tenía 82 años y por encima de cualquier otra cosa se sentía socialista, partido que rehízo desde Sanxenxo a Cee tras la dictadura


vilagarcía / la voz

No ha habido ni habrá dos personas iguales sobre este castigado planeta. Por eso, decir de alguien que es irrepetible constituye una obviedad. Sin embargo, cuando quien se va ha sido capaz de imprimir una huella profunda, no ya entre su círculo íntimo, sino en la colectividad que con su trabajo contribuyó a mejorar, esa afirmación en apariencia banal gana peso y sentido. Seso es irrepetible, por tanto. Lo fue antes, cuando su labor política lo situó en plena refriega y pudo decidir un puñado de cuestiones importantes. Y lo era esta misma semana, ya tocado por el aviso del último viaje, retranqueiro, peleón y, como siempre, preocupado por los avatares del partido al que consagró buena parte de su vida y todas sus energías. No andaba tranquilo con la alianza tejida entre Podemos e Izquierda Unida. Tampoco con la gresca interna a la que tanta afición profesa el puño y la rosa, consciente de que las facturas le pueden salir gravosas al PSOE en un momento tan delicado.

Lo que queda por saber

Seso ya no verá en qué acaba el asunto del 26-J. O sí, desde otro lugar y con otro conocimiento de causa. Lo que cada uno prefiera, en función de sus creencias y esperanzas, estará bien. Tampoco habrá asistido al final de esta Liga a arreones que ayer se decidía entre el Barça y el Madrid. Él, que acostumbraba a ver el fútbol en la mesa del fondo, el auténtico palco del bar A Perla, en Vilagarcía. Mejor en buena compañía y, por qué no, echándole al cuerpo y al alma uno de esos vinos que los calientan a ambos. No tenía prisa ni intención de marcharse. Ni siquiera tras el golpe incurable que le propinó la vida al arrebatarle, hace siete años, a Otilia Míguez, su mujer y compañera, la madre de Juan Daniel, Otilia, Beatriz Ana y María José, sus cuatro hijos. «Otilia foi unha muller de moita talla, forte, intelixente; non creo que haxa moitas persoas coa enteireza que ela tivo», recordaba tiempo atrás. Ni por esas quiso tirar la toalla, pero el reloj se paró. Ayer, por la mañana, tras una semana dura.

Cambados, Guinea, Vilagarcía

Nació en 1933, en Carril, hijo de José Giráldez, un maestro republicano al que sus ideas le costaron un constante ir y venir por Galicia, sin plaza definitiva. Oficial de juzgado de profesión, desempeñó su primer destino en Rianxo, adonde se desplazaba a golpe de gamela y Vespa. De Rianxo a Cambados, y de Cambados a Guinea, con toda la familia, atraído por un amigo juez. Aquello les gustaba, pero irrumpió Macías y el Gobierno español en retirada no ofrecía garantía alguna. Un paso en Villa Cisneros antes de recalar en Sanxenxo y, por fin, Vilagarcía.

Tras la muerte de Franco recorre la costa atlántica reconstruyendo las agrupaciones de su partido en Cee, Muros, Noia y toda la ría de Arousa. Con el tiempo llegarán las responsabilidades orgánicas, el intento frustrado de mantener la alcaldía de Vilagarcía en 1983, el escaño en el Parlamento de Galicia. Pocos cargos, mucho trabajo. De su mano dio el paso a la política activa Javier Gago, encauzando la trayectoria del PSOE vilagarciano. Su última contribución consistió en cerrar la candidatura con la que Alberto Varela recuperó el bastón de mando para el puño y la rosa el año pasado. «Este chaval -no se cansaba de comentar- pode unir o partido». Si alguna vez se abren las alamedas grandes que Allende profetizó para el hombre libre, que alguien reserve una de sus mejores sombras a su nombre. Se llamaba Seso Giráldez Maneiro y era socialista.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

El hombre que supo reconstruir el PSOE a orillas del Atlántico