vilagarcía / la voz

Hace más de veinte años, el gobierno del joven ayuntamiento de A Illa de Arousa tomó una decisión: buscar en su tradición y en su historia los baluartes sobre los que construir el futuro de una localidad prácticamente recién nacida. No tardaron en descubrir que en la trama urbana había una zona en la que podían encajarse muchas de las piezas que iban a necesitar los vecinos. Sobre lo que antaño había sido una vieja y decrépita área industrial, la mirada del arquitecto Manuel Gallego Jorreto proyectó un futuro luminoso. Allí se construyó, primero, el Concello. Luego, el auditorio municipal y el Museo da Conserva. Y hace tres años, en ese mismo entorno comenzó la rehabilitación de las llamadas casas modernistas: la de O Campaneiro, la de Dona Tomasa y la de Goday. Tres viviendas construidas a principios del siglo pasado y que parecían condenadas a la ruina, pero que tras más de treinta meses de obra, y una inversión de 2,7 millones de euros, vuelven a reclamar su sitio en A Illa. Ayer, el alcalde Carlos Iglesias y la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, visitaron unas obras que ya se dan por rematadas. El paseo sirvió para comprobar que Gallego Jorreto había vuelto a hacer su magia. Y como señaló Silva, quedó claro que en el corazón de la ría de Arousa hay una maravilla más.

La restauración de las tres casas se ha realizado con la meticulosidad de los trabajos bien hechos. Llaman la atención los sólidos techos de madera y la luminosidad de las estancias de la casa de Goday, donde se ubicará la biblioteca municipal y un pequeño archivo de la conserva. Las puertas de la que fuera vivienda de Dona Tomasa, y que de ahora en adelante será punto de encuentro para los vecinos de más edad de A Illa. Y la amplitud de las estancias de la casa de O Campaneiro, donde las asociaciones locales están llamadas a poder reunirse y desarrollar sus ideas y proyectos. También ha quedado rehabilitada, aunque aún restan algunos flecos para completar el trabajo, una vieja salazón, inaugurada en 1897 por Goday. Y los jardines de las viviendas, convertidos durante demasiados años, debido a su mal estado, en un rincón secreto. En total, explica la Deputación, son 135.000 metros rescatados de la ruina y el olvido que están de nuevo a disposición de los vecinos.

Y también As Laxes

Durante la visita que Carmela Silva realizó ayer a A Illa, la presidenta del organismo provincial hizo también una parada en el barrio de As Laxes, donde se ha acometido una obra de mejora de la seguridad vial que afecta también al entorno del centro de salud. Se han ordenado los aparcamientos, se han continuado las aceras y se ha hecho accesible un barrio en el que habita mucha población mayor. Ahora, en él hay una plataforma única, espacios ajardinados y bancos construidos con vigas de batea. En esta obra se invirtieron 484.018 euros.

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El futuro tiene mucha historia en A Illa