a illa / vilagarcía

Los ritmos de la marea marcan, mucho más de lo que podríamos pensarlo, la cadencia de la vida en la ría. En A Illa son conscientes de la importancia de ese movimiento de las aguas: el pueblo vive del mar y sabe que debe estar pendiente de todos sus cambios. Ayer, el grupo que elabora el proyecto de Transición Enerxética de esta localidad arousana ofreció a los vecinos la oportunidad de mirar con ojos nuevos un proceso al que, de alguna manera, están más que acostumbrados. Porque ayer se produjeron las mareas altas más altas del año, y en A Illa querían saber hasta dónde es capaz de llegar el mar. Mirar, medir y registrar esos datos no es un capricho: es un ejercicio colectivo que debe servir para reflexionar sobre el cambio climático. Sobre la transformación que puede sufrir nuestro entorno más inmediato si no corregimos la deriva en la que, como sociedad, estamos instalados.

Con ese objetivo de recoger datos y registrar la realidad tal y como es en este 2020, un buen grupo de vecinos de A Illa acudió a la llamada realizada por el equipo de Transición Enerxética y, armados con las herramientas precisas, se pusieron a recorrer el litoral de A Illa. El objetivo era levantar testimonio de hasta donde había logrado encaramarse el agua en una jornada tan especial como la de ayer. Y lo cierto es que el paisaje había cambiado: las playas estaban sumergidas bajo el agua; el mar alcanzaba al paseo de O Cantiño, el O Bao las olas lamían la puerta del viejo club de piragüismo, cuyos integrantes se echaron a navegar entre las brañas, algunos después de retirar y reaparcar sus coches.

En A Illa han intentado tomarle las medidas a la marea más alta del año. En otras localidades no han formulado ese experimento, pero lo cierto es que las imágenes sorprendentes aguardaban en todos los rincones de la costa de O Salnés.

Valga un ejemplo: la torre de San Sadurniño, en San Tomé (Cambados) se vio completamente rodeada de agua, y el camino de piedra que conduce a ella parecía un pantalán debido a la altura alcanzada por el mar. Y eso que este estaba, ayer, en calma. De no ser así, las estampas hubiesen sido más sorprendentes (tal vez), más estremecedoras (seguro).

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Cuando la marea se encarama a A Illa