Con el baloncesto hasta en las almejas

Jugador, directivo, entrenador, sigue a la selección allá a donde va y por este deporte incluso se mete en la cocina

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A Illa / la voz

Cuando empezó a jugar, en 1987, solo había dos canastas en O Regueiro. Él, Manel, Dani, Vicente, Juan Moroño, Javi Crespo, Manuel y Benito Oubiña formaron el primer equipo cadete del municipio. «Chegabas da batea coas botas e ías xogar, as cousas eran así», recuerda. Hoy, los chavales disponen de pabellón, usan zapatillas de marca y el club tiene 143 licencias distribuidas en doce equipos, entre los que estará por segundo año consecutivo el sénior femenino, que en su debut quedó campeón de liga y se ganó el billete para Primera Autonómica. Son los frutos del trabajo callado de Ramón Suárez y Carlos Gómez, «os mentores do baloncesto na Illa, e dos nosos formadores e da asociación cultural Dorna», quiere hacer constar Poza.

Hace tiempo que aquellos aspirantes a Epi y Corbalán dejaron de tirar a canasta, pero muchos de ellos siguen ligados a Dorna hasta el punto de ponerse el delantal y picar cebolla por el club. Poza es el mejor ejemplo. En el baloncesto de A Illa lo ha sido todo: jugador, entrenador, directivo y esta temporada dejará por primera vez la cancha para ejercer de coordinador de entrenadores, que con un bebé y un pequeño de dos años en casa no da tiempo para más.

Se ve que lo suyo es coordinar, porque de eso también va su labor en la Festa da Ameixa Roxa que desde el viernes se celebra en el paseo de O Cantiño. «Eu encárgome de que a cociña e os postos estean coordinados, para que non falte comida nas mesas», explica. Está bregado en estas lides. Poza es testigo del fenómeno de las fiestas gastronómicas desde el principio, cuando en 1992 nació la Festa do Mexillón. Después se sumaron el pulpo, la navaja, los productos del mar y, por último, la almeja roja. Hacía falta promocionar este bivalvo y convenía ampliar el calendario gastronómico del verano porque de él se alimentan las arcas de los clubes de baloncesto, el piragüismo, el fútbol y la gimnasia rítmica.

Al reclamo del marisco consiguen engordar sus presupuestos, pero no les sale gratis. Ciento veinte personas entre jugadores, sus padres, directivos y entrenadores llevan trabajando toda la semana, desinteresadamente, para que nada falle en las carpas: cargando cajas, limpiando mesas, preparando la paella o sirviendo filloas. Y Poza vuelve a estar al pie del cañón. Todo sea por un deporte al que tanto ha dado y que tanto le ha dado, porque, aunque ya no suda la camiseta, sigue llevándolo en la piel.

Desde las Olimpiadas de Pekín, hace diez años, el baloncesto es su gran incentivo para hacer turismo. Allá a donde va la selección española, allá van él y Paula, su pareja. «Como non nos casamos e non iamos ter lúa de mel decidimos viaxar coa selección, e así non discutimos sobre a onde hai que ir», desvela entre risas. Después de China, vino el Mundial de Turquía, el Europeo de Lituania, Eslovenia, Francia… Le quedaron en el camino las Olimpiadas de Brasil, pero es que su primer hijo acababa de nacer y cruzar el Atlántico en estas circunstancias se hacía complicado. Para las de 2020, en Tokio, espera poder sacarse esa espinita, esta vez con toda la familia.

De estos viajes guarda recuerdos inolvidables, dentro y fuera de los estadios; amistades como la de la madre de Gasol; no pocas apariciones en la tele y muchas anécdotas, como la de aquel chino que de tan amable que era no los dejaba ni a sol ni a sombra. «Todo o mundo debería ir a unhas olimpíadas unha vez na vida, é unha experiencia incrible, vívese unha harmonía entre todos os deportes e entre a xente como en ningún outro lado». Una vez hasta les regalaron unas entradas para un partido de bádminton, y la pareja se lo pasó en grande viendo volar la pluma olímpica. «Esas viaxes deberían estar financiadas polo Estado», añade.

Parece que su deseo no se va a ver cumplido de momento, aunque algunas batallas sí se van librando. En A Illa han logrado implicar a los profesionales del mar en la financiación de la Fundación Municipal de Deportes mediante la aportación del 0,025 por ciento de las ventas en lonja. Son esas pequeñas cosas que se pueden conseguir a través de la política, a la que García Poza tampoco es ajeno. Fue concejal de 1999 a 2007 junto Manuel Vázquez, Manel, quien de repartir el juego en la cancha pasó a dirigir el Concello desde la alcaldía. Y desde aquel equipo cadete, ambos siguen compartiendo amistades, jornadas de playa y la fiesta gastronómica de turno. Este año, el partido es con la almeja más sonrojada de la ría.

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