Un jipi que se enamoró de las dornas hace 50 años

Hasta hace poco todavía navegaba, se sabe el nombre de todos los «cons» de A Illa y añora un buen pulpo

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A Illa / la voz

¿Cómo uno de Ourense llega hace medio siglo a A Illa para navegar en dorna? «Iso quixera saber eu», contesta. Ese hombre es Henrique Ortiz, «o madrileño» o «o da barba», que le llamaban entonces. Fue el primer jipi que asomó por allí y ya nunca se fue del todo. Este ingeniero industrial afincado en Madrid tiene casa en A Illa, una casa que, como él, no es una casa cualquiera. Se la diseñó Manuel Gallego y desde su interior parece que te asomas a un museo porque las ventanas están dispuestas de tal modo que ofrecen diferentes perspectivas de la ría. Pero esa es otra historia que también habrá que contar.

De momento, lo que nos lleva a charlar con él es la donación de veintiséis de sus grabados, litografías y pinturas al Concello de A Illa. Ayer al mediodía firmó los documentos preceptivos junto al alcalde Carlos Iglesias y las obras quedan ahora a buen recaudo hasta que se rehabiliten las casas modernistas y sus dornas puedan colgar de las paredes.

«A dorna sempre me fascinou, aínda non sabemos moito do asunto», dice, aunque él algo debe saber. Hasta hace poco tuvo dorna, la María Balteira; lleva izando velas toda una vida y ganó la primera Volta á Arousa, algo que a más de un dorneiro experimentado le costó digerir en su día. «Aquí dixéronme por primeira vez cando estaba aparellando unha dorna: ‘Quítate, Henrique, que agora tócanos a nós’».

Hoy recuerda aquellas vivencias con buen humor y es que, si algo le ha dado esta isla, son buenos momentos y queridos compañeros de travesía. Muchos de ellos ya no están -«xa non podo pasar polo cemiterio», bromea- y echa de menos «aquel polbo de carallo» que hacían en su época en el bar Clube. Lo que no ha cambiado son los cons. «Este é o Con do Retellado, alá está o Con do sol e este é o Con da Arruda», nos ilustra.

Henrique Ortiz se sabe el nombre de todas las piedras, salientes y playas de A Illa. «Estes nomes son moi importantes. Constitúen a identidade dunha comunidade», indica. «A Illa ten unha característica particular co mar e o vento», que no solo lo enamoró a él.

Ortiz fue, sin saberlo, el primer embajador de este enclave paradisíaco. En 1964 cambió las aguas del río Miño por la salitre y la olas, y tan claras vio las potencialidades de este lugar que cuatro años después fundó una de las primeras escuelas de vela que hubo en Galicia, el Centro Internacional de Navegación de Arousa (CINA). Poco tardaron en aparecer franceses y madrileños, con sus tiendas de campaña y acentos y pintas exóticas; llegaban en tren a Vilagarcía y después tenían que coger el autobús -nuestro protagonista aún utiliza la vieja acepción de coche de línea-, continuar viaje en la motora y hacer, todavía, una buena caminata hasta Area da Secada.

La gente los veía pasar y los dejaban hacer, menos cuando soplaba temporal y aquellos locos se hacían igualmente a la mar. «O que non lle deixaba a xente de aquí era estar alí cos meniños, víñanllos buscar para as casas», recuerda Julián García, que comparte con nosotros esta charla.

Ya hace dos décadas que la escuela de vela se trasladó a Boiro, pero Ortiz siempre se mantuvo fiel a sus dornas y a su isla, y ahora ha decidido dejar un trozo de sí mismo en este lugar a través de sus litografías, grabados y pinturas.

Los barcos y las secuencias marineras son omnipresentes en su obra, aunque alguna licencia se permitió el artista, como los grises -la policía franquista- que coló en un grabado, rememorando una redada a pie del muelle de O Campo; o más recientemente, en su faceta de abuelo, dibujarle cuentos a sus nietos para contarles sus historias de viejo lobo de mar. Hasta hace un año, Ortiz todavía navegaba. Ahora replegó velas y dice que ha llegado al final del camino, pero vitalidad no le falta. «Vivir e estar son dúas cousas diferentes». Da que pensar.

Desde luego, en A Illa de Arousa, este jipi afable, buen conversador y dorneiro siempre estará; a través de sus cuadros y en la memoria colectiva. «Este é un momento moi importante. Para nós é un luxo contar coa obra de Henrique», señaló el alcalde mientras le hacía entrega de los documentos que acreditan la cesión de una colección que se expuso en el concello en enero y que titula, como no, Mar de Arousa.

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Un jipi que se enamoró de las dornas hace 50 años