El fenómeno «simpa» y las reservas fallidas lastran a la hostelería de la comarca

Restaurantes y taperías arousanas evalúan pedir un aval para guardar mesa con el fin de evitar el fraude

r. E.
Vilagarcía / la voz

Es de sobra conocido el duro trabajo del hostelero de profesión. Una persona que tiene que hacer frente a largos horarios de trabajo y cuyas fechas más productivas suelen coincidir con las vacaciones del resto de ciudadanos. Si a esto le sumamos que, en algunas ocasiones, tienen que lidiar con clientes que les hacen el trabajo más difícil o, incluso, pretenden estafarlos, la situación se vuelve insostenible. Esta semana conocíamos el caso de una pareja que se dio a la fuga de la brasería A Salga de A Illa sin abonar la cuenta de cincuenta euros. Pero el fenómeno «simpa» se repite con cierta frecuencia en otras localidades de Arousa. Hace dos semanas, el restaurante carrilexo Luchana sufrió un episodio similar con cinco treintañeros que salieron corriendo sin pagar los 200 euros de la mariscada, aunque en esta ocasión, fueron pillados por el propietario. A este fenómeno, que suele ser más aislado, se le une otro cada vez más frecuente: las reservas que se cancelan sin avisar. «Es un problema muy grave, tendremos que cambiar de sistema, pedir un aval, si esto sigue así», asegura Manolo Fresco, desde Luchana. Se trata de un problema que afecta a muchos restaurantes de O Salnés, como al Solaina en O Grove. «Todos los días perdemos dos o tres mesas por gente que reserva y no viene», asegura su propietario. En definitiva, situaciones que suponen un verdadero quebradero de cabeza para los hosteleros.

«Es común que la gente no anule las reservas»

La propietaria del restaurante Pan de Millo en O Grove, Lorena Moldes, se une al malestar de la mayoría de hosteleros grovenses por los clientes que, tras reservar con anterioridad una mesa, dejan de acudir a la fecha señalada sin cancelar previamente la reserva. «Es algo que pasa mucho y diría que cada vez más. Hace dos días nos volvió a pasar con un grupo de 16 personas que ni llamó para anular la reserva», asegura la propietaria. Una acción que les impide transferir esa reserva a otras personas que sí acudirían, generando, por tanto, una pérdida importante. Sin embargo, este verano, Lorena no tiene que lamentar la reducción de sus beneficios a causa de los «simpa», una situación que sí ha vivido años atrás. Como una pareja que rondaba los cincuenta años y se marchó del local tras haber degustado el menú al completo. Los camareros los interceptaron, pero tras alegar que iban al cajero, se acabaron marchando sin abonar el importe al restaurante.

«Amenazan con una mala valoración en Internet»

Álvaro Fuentes

Álvaro Fuentes es uno de los hosteleros de O Grove que han sufrido este año el fenómeno «simpa». Hace poco más de una semana, un chico acudió a su bar de tapas O Toro y, tras disfrutar de una buena tapa de pulpo, otra de zamburiñas y unas copas de vino se marchó del local sin pagar la cuenta que ascendía a 30 euros. En una ocasión anterior, este mismo verano, dos señores de edad avanzada también se marcharon sin abonar el importe de los vinos que habían consumido. «Al ser un lugar de paso y con mucho turismo es algo que pasa en el mes de agosto», asegura el propietario que también habla de la ausencia de cancelaciones de las reservas y, especialmente, de «las amenazas de algunos clientes de poner mala valoración en Tripadvisor ante quejas insólitas», explica Álvaro. Como quien no quiere pagar la comida tras ingerirla. «Si alguien consume el plato tiene que pagarlo, si no es de su agrado que lo diga antes y se le cambia», explica José Benavides, responsable de Emgrobes.

Lorena Moldes

La propietaria del restaurante Pan de Millo en O Grove, Lorena Moldes, se une al malestar de la mayoría de hosteleros grovenses por los clientes que, tras reservar con anterioridad una mesa, dejan de acudir a la fecha señalada sin cancelar previamente la reserva. «Es algo que pasa mucho y diría que cada vez más. Hace dos días nos volvió a pasar con un grupo de 16 personas que ni llamó para anular la reserva», asegura la propietaria. Una acción que les impide transferir esa reserva a otras personas que sí acudirían, generando, por tanto, una pérdida importante. Sin embargo, este verano, Lorena no tiene que lamentar la reducción de sus beneficios a causa de los «simpa», una situación que sí ha vivido años atrás. Como una pareja que rondaba los cincuenta años y se marchó del local tras haber degustado el menú al completo. Los camareros los interceptaron, pero tras alegar que iban al cajero, se acabaron marchando sin abonar el importe al restaurante. 

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