«No había visto una batea de cerca nunca en mi vida»

A todo trapo, desde Lugo a Vilagarcía, para vivir la experiencia de recorrer la ría en motos de agua

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Viento en popa a toda vela, o mejor dicho, a propulsión. Un cielo encapotado no puede ser obstáculo para disfrutar de una escapada veraniega de descanso y turismo. Y menos si te recorres unos 200 kilómetros para hacer eso de desconectar y salir de la rutina.

«Siempre que vengo me quedo con las ganas de alquilar una moto de agua y recorrer la ría», dice Borja, uno de estos tres lucenses protagonistas de la aventura acuática. Y cuando de buscar aventuras de verano se trata, cualquier locura suena bien. Enfundados en neopreno, en fila india y a tres nudos, así salían del puerto de Vilagarcía.

Era la primera vez que pilotaban unas motos acuáticas y, aunque en las lecciones previas al inicio de la experiencia había alguna cara de miedo, pronto empezaron a coger confianza. Tanta que hasta alguno se animó a filmar el momento, a soltar los brazos y a ponerse de pie.

A unos setenta kilómetros por hora, recorrieron la costa de Vilanova de Arousa, Vilaxoán, A Illa y hasta llegaron a Cortegada. «El paisaje es una pasada y combinarlo con la sensación de la velocidad... Impresionante. Único», explica Tavi.

No es la primera vez que estos jóvenes dejan el interior para pasearse por tierras arousanas, pero destacan el cambio de perspectiva. «Estamos acostumbrados a ver los sitios desde la tierra hacia el mar, pero así pudimos ver el paisaje de una forma que nunca antes hiciéramos», y añade que «ver las playas a las que ya fuéramos desde donde parecía que se acababa el paisaje para mí fue de lo mejor».

Siguiendo la estela que las motos dejaban, entre carcajadas y saltos, iban descubriendo viejas rocas escondidas por la marea, nuevos paisajes y bateas. «Nunca había visto una de cerca, en fotos si, claro». Y reflexiona Borja, «Trabajar ahí... Creo que tiene que ser cuanto menos complicado».

Tras algo más de media hora en ruta, pausa para descansar y coger fuerzas. Con la adrenalina disparada y una sonrisa de oreja a oreja, ante sus ojos, si no fuese por la temperatura del agua, «el Caribe galego», bromeaba Lucía. Estaban en O Areoso.

En definitiva, nunca regresarás sin conocer a Arousa de una forma más. «Y si por mí fuera ya me volvía en moto para Lugo», bromean.

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